En un rancho de Jalisco

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Lamentable, por donde usted lo quiera ver, es la narrativa del oficialismo, ahora que les toca rendir cuentas buscan culpables por cosas que pasaron durante su responsabilidad, al mando en el Poder Ejecutivo.

Antes como opositores se envolvían en la bandera nacional y se subían a lo más alto del castillo de Chapultepec para lanzarse al vacío, en nombre de la patria, entregando en la narrativa su vida, por la vida de aquellas víctimas, haciendo responsable al gobierno, un día sí y otro también.

Está demás decir que tenían la razón, pero ahora aparentemente sufren demencia en su actuar.

Se les olvida que, en aquellos días, como opositores usaron ese tema para sacar raja política, cosechada por «el movimiento», por aquella lamentable tragedia, la de los 43 muchachos (+) estudiantes de la Normal Rural en Ayotzinapa.

Aquí es donde se pone interesante, pues resulta que para ellos hoy, aquellas víctimas no son iguales, a las víctimas del rancho en Jalisco.

Aquellas víctimas que también fueron localizadas por los mismos colectivos ciudadanos, como los que localizaron el predio en Jalisco hace apenas unos días, las autoridades de ayer y de hoy, igual sin mover un solo dedo.

Así se las gastan como oficialistas.

Cuando opositores, las madres buscadoras eran arropadas, las madres buscadoras eran escuchadas y lloraban juntos sus víctimas, pero hoy algo pasó.

Dicen en mi rancho, y dicen bien: «No es lo mismo, ser borracho que cantinero», y con aquella misma vara que midieron, cuando opositores, hoy serán medidos, nada más y nada menos, por farsantes e hipócritas.

Se victimizan y gritan a su fanaticada que todo es un montaje, culpan a la oposición, dicen que los quieren perjudicar, que los 400 tenis encontrados en Jalisco no se sabe si son o no de gente desaparecida.

¡Hágame el bendito favor! Esa es la narrativa oficial.

Quiero compartir el sentir de la ciudadanía mexicana al respecto.

Repitiendo aquella frase de aquel opositor tabasqueño, vende espejos.

«Si no pueden con el paquete… que renuncien».

Mientras aquellos sobres amarillos llenos de pobreza franciscana sigan fluyendo a las mismas afiladas uñas y manos, el problema seguirá.

«No sé puede hacer lo mismo, esperando resultados diferentes».

La casta azteca…

Los levanta manos federales se desgarran las medias sacando raja política de la tragedia en Jalisco.

No hace falta recordar que esos mismos lugares de exterminio son abundantes en muchas partes del país; lamentablemente es un tema que ha salido a la luz desde hace varias administraciones, de tres distintos colores. Todos tienen responsabilidad.

Los resultados cada vez son peores, lo cual demuestra que la estrategia utilizada por los tres colores, mismos que han gobernado del año 2000 hasta hoy, no sirvió de nada, costó y cuesta muy caro, el problema sigue, y para mal, todo indica, va en aumento.

Si se fijan bien, la casta política sigue siendo la misma, algunos (muchos) brincaron como chapulines, en busca de un rayito de luz, por parte del oficialismo bolivariano y el problema sigue.

¿Qué quiere decir? Exacto, eso quiere decir, está bien clarito.

Nada más que antes, tanto «buenos» como «los caballeros» controlaban todo, y lo hacían bien, no había terror en las calles, no molestaban a la iniciativa privada, a las familias, había códigos, mismos códigos que hoy parece brillan por su ausencia.

La sociedad lo único que pide es paz, nadie pretende molestar a nadie, solo pide paz y tranquilidad, regresar el tiempo, aquellos días en que México era seguro, para viajar por carretera de día y también de noche, sin contratiempo alguno, automóviles, autobuses, transporte de carga, todos, libremente.

Les pedimos de la manera más propia y civilizada, dejen trabajar y desarrollarse a la ciudadanía, para que «el barco» pueda flotar.

La estrategia de apretar de más a la sociedad perjudica a todos, siempre con respeto y cortesía.

La comunicación es tan grande y saludable, así como dijeron en el rancho, «que para todos salga el sol».

Lamentablemente a la casta, mayoritariamente no le interesa lo que pasa la gente, en prácticamente todo el país; hay excepciones, claro que las hay.

La casta prefiere viajar en «Cessna» para no arriesgarse a pasar por alguna situación de peligro o contratiempo, en los paraísos carreteros del país, ¿y la ciudadanía?

La casta usa camionetas blindadas y escoltas, ¿y la ciudadanía?

La casta jamás entenderá la realidad de la gente, del pueblo, pues, aunque la mayoría, ahí en el mismo pueblo tengan su origen, tristemente se les olvida, apenas levantan la mano y toman protesta.

Por eso urge tener filtros, para todos los candidatos a puestos de elección popular, también para los que llegan vía plurinominal y servidores públicos.

La ciudadanía en México merece no seguir siendo «representados» por parásitos que sólo buscan el beneficio personal y servir «las causas sociales» para agradar al titiritero, quien mueve los hilos de la política nacional.

Caray, quien diría que un «hijo político», vulgar fan de Fidel Castro Ruz, hoy desde Macuspana, sería el dictador en México.

Respetuosamente, son una profunda vergüenza, como mexicano y patriota duele seguir viendo millones de personas que defienden a sus propios verdugos, sus propios ladrones.

Treinta y seis millones de personas que todavía no entienden que el malo de la película no fue el general Porfirio Díaz.

La historia fue y sigue siendo manipulada por el oficialismo en turno, ellos tienen la narrativa y el dinero para hacerlo.

En aquellos años, ojo, después del traidor Santana, la economía mexicana se recuperó en 1900 bajo el mandato del general Díaz, era dos veces más importante que la economía de los Estados Unidos de Norte América.

Se pagaban dos dólares por un peso mexicano.

¿Y el estiércol, quién lo embarró? «La revolución».

Los mismos que siguen haciéndolo hoy, la misma narrativa «defendiendo la soberanía», pero de rodillas ante los ladrones extranjeros, que desde aquellos años se quedaron con los recursos naturales y minas nacionales.

El general Porfirio Díaz, como todos, erró, ya empoderado (así como ya saben quién) en su falsa narrativa no encontró quién, para sucederlo en el poder, como todos, en esa silla grande hacen cualquier tipo de cosas, tan descabelladas hasta para construir una fortaleza militar, hospital incluido, allá en su pueblo natal, ni modo, pero en aquel tiempo, la realidad dice que en México las monedas eran de oro y plata, para todos.

Ojo, así como deberían seguir siendo hoy, si no fuera por los cómplices y distinguidos miembros de la casta, que dicen una cosa, pero en lo oscurito hacen otra.

Para terminar, el último presidente mexicano que mandó a circulación monedas de plata fue Carlos Salinas de Gortari, allá por 1992-1993, eran de 10 y de 20 «nuevos pesos», en aquellos días el dólar se pagaba en tres nuevos pesos, ojo, con menos de 40 pesos se llenaba el tanque de gasolina de un VW sedán, el dinero valía; hoy con 40 pesos no alcanzas a comprar dos litros de combustible, y combustible chino, para cerrar con broche de oro.

Nada más lo que es. ¿Y hoy, cuánto vale un dólar?

Como todos, también erró, pero hoy ¿qué le hacen al oro y la plata, mismos que se suponen son de todos los mexicanos?

¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que cantinero?

Irremediablemente, y muy a mi pesar, si la casta tiene que existir, entonces tienen que pasar por exámenes de control y confianza, pasar pruebas psicológicas.

Además urgentemente se tiene que reducir a cien curules, los diputados federales por elección, tener 33 curules más, para diputados federales de representación proporcional.

Tn senador por estado, y tan tan. ¡Ya basta de tanto parásito!,

El modelo actual, inventado, corregido y aumentado por ellos mismos, la casta.

Es inaceptable, obsceno, y vulgar, además no sirven de nada, cuestan muy caros y dan nulos resultados a la ciudadanía.

México es un país grande, sólido, y por lo mismo merece tener gente bien intencionada manejando los recursos públicos.

¿A poco nada más hay ladrones? No señor.

Que se diga, y se diga bien, somos más los buenos, sí señor.

La historia de los políticos que llegan sin nada y terminan con propiedades en el extranjero ya está muy choteada, representa un golpe para las finanzas públicas del país.

No lo digo yo, lamentablemente lo dice, la historia.

El sistema electoral mexicano, todo el tiempo parece proteger los intereses de la casta, de los partidos y sus cúpulas.

Ha de ser por algo ¿verdad?

Por mi parte… ¡Es cuanto!