La cargada yanqui

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Hace apenas poco más de cien años en México, aquella dictadura militar perfecta de don Porfirio Díaz acumuló décadas en el poder, vale la pena decirlo, pero en aquellos años la moneda mexicana era de oro y plata, y un peso mexicano valía dos dólares americanos.

Para cambiar eso, el más interesado, Estados Unidos, financió a la oposición mexicana para derrocar al general Díaz y con ellos quedarse con el control de gran parte del pastel minero nacional; la reserva mundial que tienen en el banco central los Estados Unidos ronda el 25 por ciento del oro existente en el mundo.

Está demás decir que gran parte de ese oro es mexicano, duele decirlo, pero así es, otro tanto del oro nacional está en la reserva española y lamentablemente el saqueo sigue al día de hoy, con nuevos cómplices, pero haciendo exactamente lo mismo.

Es lamentable que siga el endeudamiento de las finanzas de todos y abultando las cuentas bancarias de unos cuantos; nada cambió, pero vamos de mal en peor, «estábamos mejor cuando estábamos peor».

¿Cuándo se imaginaron que en tiempos neoliberales la gasolina costaría más de 18 pesos?

Vamos en 24 y contando…

En un mundo ideal…

Qué bueno sería que en México cada ciudadano sólo por ser mexicano de nacimiento recibiera mensualmente sus utilidades, producto de la explotación de las minas y el petróleo, mismas que por ley, y según la Constitución, le pertenecen a la ciudadanía mexicana.

Qué bueno sería que cada niño al nacer en México tuviera sus propios lingotes de oro y plata, en lugar de como pasa hoy, cada niño al nacer, ya «por de faul», tiene una deuda de más de 135 mil pesos, producto del mal manejo, despilfarro y robo a la nación de quienes mal administran las finanzas públicas hoy.

Pero ¿qué es lo que pasa hoy?

Bien. Hoy tenemos un gobierno obeso, lleno de gente cobrando un sueldo quincenal y mensual, por un trabajo que lamentablemente no hacen.

Gente que, por compromisos, llegan a sentarse a un lugar donde lo único que hacen muchas veces, es entorpecer y empantanar el trabajo de quienes sí quieren trabajar.

Es la misma historia que se repite en cada una de las «secretarías», que más bien parecen elefantes blancos y se quejaban del gasto en el INAI.

Cada secretaría fácilmente en su operatividad y eficiencia pudiera «trabajar» con el 60 por ciento del personal de plantilla, con los que sí trabajan, para que mejor se entienda.

En un mundo ideal, el Estado, en los tres niveles de gobierno, debería únicamente gastar lo que pueden gastar.

Si México como país anualmente, vía impuestos y recaudación, genera ocho billones de pesos, eso es lo que se debería programar como gasto público, y nada más.

Lamentablemente tenemos administrando el país a personas que atienden intereses ajenos al bienestar público, intereses de grupos o sectas, que su único fin es aplaudir los sobreprecios en cada obra del presente, con respectiva tajada.

Además de dividir a la población con la única finalidad de quebrar las finanzas públicas, pero al mismo tiempo generando una percepción económica falsa, que se refleja gracias al criminal reparto económico clientelar, a grupos muy bien focalizados, a cambio de gratitud electoral.

Nada nuevo, pero hoy esa percepción económica falsa le cuesta a las finanzas públicas un billón de pesos cada año.

Es increíble aplaudir que los políticos «del momento» se gasten, sin preguntarle o pedir autorización a la ciudadanía, la increíble cifra de tres mil millones de pesos un día sí y otro día también, diariamente; de ese tamaño es el robo, el engaño a la ciudadanía mexicana.

Reciben aplausos por hablar mal de aquellos ladrones del pasado, pero ellos despilfarrando como borrachos en kermesse, tres mil millones de pesos mexicanos cada día.

¿En qué? ¿Dónde está ese dinero? ¿Verdad que es difícil tapar el sol con un dedo?

Se llenaron la boca hablando mal del pasado, del Fobaproa, y nada más en siete años, de diciembre del 2018 para acá, suman siete Fobaproas juntos, y sin rescatar a nadie.

Como dicen en mi rancho, «nada más pa’l ganador», y la UIF buscando fantasmas en el pasado, no tienen progenitora me cae.

La UIF es un elemento ornamental. De verdad, como ciudadanos ajenos a cualquier filiación partidista, sería bueno exigirle a la UIF (como empleados que son) un informe detallado del escandaloso enriquecimiento en las figuras más importantes de la política nacional «de moda», así como de sus círculos de amistades y familiares.

¿Qué les hace falta en la UIF? Nada más tantita, eso es lo que les falta, nada más tantita.

El titular de la UIF prefiere comer en los lugares más gourmet del país, pagando con dinero público; hasta da risa aquel opositor, líder del movimiento estudiantil del 68, entregado a la casta política de moda.

Y lo más lamentable de todo son los aplausos.

Ideas bolivarianas…

La historia es muy gráfica en sus pasajes.

«El pueblo aplaude a sus verdugos, a cambio de unas pocas migajas».

No estamos en la edad media, la tecnología nos alcanzó, por eso mismo sigo sin entender ¿por qué seguir comprando los mismos espejitos?

Si a la vista tenemos modelos muy claros, de lo que viene para el país, es un «a, b, c» muy definido, desde aquella cumbre en Sao Paulo, Brasil, serán cosas mucho peores.

Y, si no me creen, los invito a ver lo que pasa hoy en paraísos terrenales como Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Pero eso sí, todo «en nombre de la revolución», «en nombre de la transformación».

Caray, están viendo y no ven…

Por mi parte… ¡Es cuanto!