GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
La corrupción infecta prácticamente a todo sector público en activo, desde la oficina más pequeña en un municipio, hasta la oficina más grande de Palacio Nacional; no lo digo yo, lo dice muy claramente la historia.
No es una enfermedad exclusiva de México, pero sí de todos los países ubicados en el continente americano, en algunos casos son aún más corruptos que aquellas dictaduras africanas y las de Medio Oriente, donde igual que acá sus «líderes políticos» se llenan los bolsillos con dinero público,
Como si eso fuera lo más importante dentro de su encargo, robar a lo grande, sin resultados para la ciudadanía, sin el más mínimo rastro de vergüenza o remordimiento.
Por eso es tan importante que existan filtros e instituciones encargadas de evaluar cada caso, a cada prospecto para representar a la ciudadanía en las urnas y para evitar seguir con individuos con esas mismas mañas y prácticas corruptas, asegurando con ello que sólo personas honestas, buenas y sin intereses ajenos al servicio público lleguen a ocupar cada lugar, cada oficina dentro del sector público.
Ya no se puede seguir con la misma fórmula, la de los amigos, compadres y familiares, pues lo único que hacen es taparse entre ellos mismos sus prácticas corruptas, además de seguir dañando la economía de todo un país, nada más por anteponer sus propios privilegios e intereses, olvidando por completo el porque y para qué llegaron ahí.
México no puede seguir siendo un país donde la casta política, incluyendo la legislativa, se impongan ellos mismos sus propios privilegios; sólo por mencionar el último ejemplo, la actual Legislatura federal, igual a 500 diputados y 128 senadores, se autoasignaron un aumento «los muñecos y muñecas», de entre 50 y 60 mil pesos respectivamente, o sea que los anteriores diputados hace apenas seis meses ganaban 110 mil pesos mensuales, además de todos sus privilegios extras, como teléfonos, camionetas, gasolinas, viáticos, restaurantes y hoteles de lujo, asistentes, secretarias, choferes, aviones, guaruras, etc., ojo algunos tienen aún más privilegios a los antes expuestos, aunque usted no lo crea.
Cada diputado, sólo en su nómina, pasó de ganar 110 mil pesos mensuales a ganar 160 mil pesos mensuales, y de los senadores mejor ni hablamos, ellos tienen aún más privilegios.
Son los legisladores más caros de todo el continente americano, incluso más caros que los legisladores en Estados Unidos de Norteamérica; de ese tamaño es la borrachera que traen en la casta política, de todos los partidos e ideologías partidistas… Y todavía les aplauden a los…
México es un país enorme, grande en todos los aspectos, aun con toda esa bola de rateros, los mismos que han vivido de las finanzas públicas desde tiempos de «la revolución» al día de hoy.
Antes de la revolución…
Es aquellos años el peso mexicano era utilizado en muchos lugares del mundo como moneda global, así como hoy usan al dólar. Información nueva, ¿verdad?
Bien, en tiempos del general Porfirio Díaz se pagaban dos dólares por un peso mexicano.
En México teníamos monedas de oro y plata en circulación.
O sea que la moneda mexicana fue muy superior al dólar americano, hasta que llegó «la revolución».
¿Les suena acaso a una historia algo conocida?
¿Dónde están el oro y la plata hoy?
Claro, en algún lugar deben estar, quien despacha en Palacio Nacional debe saber muy bien dónde están.
Desde aquellos años la casta política blindó sus fuentes de financiamiento, ocultando información y prosperando como solo ellos lo saben hacer.
Desde tiempos de la revolución hasta hoy, en México, el único sector que año con año se mantiene pujante y en prosperidad absoluta es la clase política,
¿Curioso no?, sólo ellos siguen siendo los más beneficiados en cada trienio o sexenio.
Más de 600 legisladores, un puñado de secretarios de Estado, otro tanto de subsecretarios, un montón de directores generales y quien dirige la obra de teatro al más alto nivel, sólo ellos y algunos empresarios consentidos y familiares se vuelven millonarios, mágicamente, de la noche a la mañana.
Prometen de todo para llegar y cuando lo hacen se repite la misma historia, se asesoran de las mismas personas, se rodean de los mismos empresarios, en fin, es lo mismo, pero oficialmente y ante las cámaras, aparentan tener «asco», solo de recordar aquella corrupción de los gobiernos neoliberales. No se ría por favor, amable lector.
Les causaba urticaria los sobrecostos del tres por ciento en aquellas obras neoliberales, ¡aaaaaahhh! pero hoy curiosamente aplauden sobrecostos del 150 por ciento.
¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que cantinero?
Mientras no se evalúe realmente con pruebas y exámenes psicométricos a cada persona que tenga encargos públicos, por nombramiento o por elección popular, las cosas seguirán siendo igual, tal vez mucho peor.
Según las acciones que está poniendo sobre la mesa el Poder Ejecutivo, las cosas se van a poner muy feas, pues quién llegó al poder en noviembre del 2018 sigue siendo la piedra en el zapato de su relevo, lamentablemente el “Locatel de Macuspana” sí tiene pensión vitalicia, a diferencia de los otros expresidentes.
¿Doble cara verdad?, además de gastos ilimitados, y todo con cargo a las finanzas públicas, «larry» vuela en helicópteros y aviones militares,
¿Y saben por qué? Porque ellos son diferentes, que quede bien claro, al fin que el PRI en 80 años robó más (obviamente, tengo mis dudas).
Nota amable…
En China están construyendo el puente ferroviario más largo sobre el océano, un reto para la ingeniería, son aproximadamente 30 kilómetros de vías, las que estarán disponibles sobre el océano, aún con las inclemencias del tiempo y las enormes olas, la obra será concluida en 2026, como así fue proyectada hace dos años, y tendrá un costo de dos mil 500 millones de dólares.
Aclaración…
Con lo que «se han gastado» en la refinería Olmeca aquí en México se podrían construir 300 kilómetros de puentes ferroviarios sobre el golfo de México.
Nada más que allá en China las empresas y los gobernantes no inflan el costo de las obras, allá sí contratan a empresas expertas y los gobernantes no son ladrones, esa es la pequeña diferencia.
Vergüenza les debería de dar, pero «la casta» aún no la conoce.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
