GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB,
La historia se remonta a tiempos medievales, se escribe en bloques, período tras período, cada tres o seis años nacen de la nada prominentes nombres dentro del entorno socioeconómico.
No es culpa de nadie, es un patrón que se repite compulsivamente, generación tras generación, lo cual no quiere decir que hoy, ayer, o antier esté pasando algo así.
No soy nadie para opinar sobre algún nombre en particular, lamentablemente las redes sociales hacen cada día más complicado esconder las cosas «buenas que parecen malas».
Lo cual demuestra que hasta en la gente de buena cuna y educación, llegando al poder, pueden despertar el monstruo corrupto que llevan escondido muy adentro.
Regresando al tuétano del tema, todo aquel político que llega al poder por la vía del sufragio debería, antes de ser candidato, pasar por un sinnúmero de filtros, incluidos exámenes psicométricos y de carácter mental.
Bien dicen que el poder marea y cuando el poderoso está rodeado de gente tramposa y aduladora, tarde que temprano caerá en lo mismo; ahí están los contratos sin licitación como un claro ejemplo de corrupción, sería bueno que no hagan cosas buenas, que parecen malas.
El servicio público debería ser para gente con un perfil moderado, apegado a los números y necesidades de la ciudadanía, jamás a las necesidades de amigos, compadres y familiares, que quieren hacer su agosto cada mes de diciembre, el tiempo que dure «la fiesta», tres o seis años.
Filtros
El perfil del servidor público debería pasar por estrictos filtros de control y confianza, no se puede tener trabajando gente que no tengan vocación de servicio, y además que trabajen bien y sin fines de lucro, desquitando como debe de ser la nómina.
Eficientar la operatividad en la burocracia de cualquier nivel de gobierno debería ser todos los días, y prioridad.
Todo este problema le ha costado a las finanzas públicas (a usted y a mí) cientos de miles de millones de pesos, nada más en la historia moderna.
El origen del problema histórico
Hace falta dejar atrás todo aquello de «admirar» al amigo, compadre o familiar que por azares del destino llegan a un puesto o cargo público y de la noche a la mañana, cuando a la vista de todos no tenían nada y de pronto cambian su estilo de vida, cambia su suerte económica y como por arte de magia aparecen propiedades, ranchos, vehículos, viajes, aviones, etc., etc., todo esto en medio de aduladores y aplausos, como si hacerlo de ese modo (como hacen muchos corruptos) fuese el éxito por alcanzar, el lugar al cual llegar, cuando la realidad es otra, muy diferente.
Una enfermedad milenaria llamada corrupción contagia con su veneno cada tres y seis años a un sector de la población.
Cuando se terminen esas historias de «éxito repentino», a la sombra del poder, la economía mexicana dejará de estar enferma, y las finanzas públicas serán tan buenas y eficientes como en esos países nórdicos, los mismos países que tanto le gusta mencionar al oficialismo de 4a.
No puede México aguantar personajes como fueron expuestos con esas casotas, ranchos y muchas cosas más, propiedades que de manera mágica aparecieron del 2018 para acá.
Para eso es la UIF, para descubrir a los malos, a los delincuentes del presente, no para perseguir opositores al sistema.
Se les olvida desde allá, en la comandancia suprema, «siguiendo el corte» del organigrama, que todos y cada uno de ellos son empleados públicos, nada más.
Y juraron con la manita levantada defender los intereses del país y no los de una secta o tribu de políticos mafiosos de moda.
También se les olvidó que no fueron votados para cambiar las cosas buenas por cosas malas o para hacer cambios en la Constitución que perjudiquen los intereses ciudadanos, no.
Urge una encuesta
La ciudadanía antes de otra cosa le exige al oficialismo realizar una encuesta pública, donde le pregunten a la gente si quieren cambios en el poder judicial, donde le pregunten a la gente si quieren cambios en la Constitución y si no hay encuesta pues no hay cambios.
La ciudadanía les exige que hagan las cosas bien y que también caigan los corruptos del presente, porque los corruptos del pasado son sólo palabras, no hay carpetas, puro bla bla bla, siguiendo el mismo discurso, de que hoy todo está bien y antes todo estaba mal.
¿En qué momento de la campaña ofrecieron cambiar la Constitución y destruir el Poder Judicial?
Sigo dándole vueltas al tema y buscando en las redes los eventos de campaña oficiales, con discursos muy aburridos de quien hoy despacha allá en la sillota.
¿Cuándo ofreció cambiar la Constitución?,
¿Cuándo ofreció destruir el Poder Judicial?
¿Cuándo dijo que ganando no respetaría la separación de poderes y un mandato judicial?
A la comandancia suprema se le olvidó que el Poder Ejecutivo es nada más eso, no es un reinado o un imperio romano.
Esos tiempos ya pasaron hace muchos años, con trágicos recuerdos en la historia, de ladrones y asesino.
En la historia jamás un poder absoluto como hoy en México tomó decisiones para beneficiar a su pueblo.
La historia dice exactamente lo contrario, los poderes absolutos se benefician brutalmente de ese mismo poder y sólo ellos, la secta, la mafia política oficial, y reparten unas cuantas migajas a sus lacayos, así como en la edad media.
Los poderes absolutos hacen que los servidores públicos se crean algo que no son, cuando atienden a un ciudadano de la población civil pareciera le están haciendo un favor.
¡No señor!
No deben perder de vista que cualquier persona que recibe un salario erogado por un sector público es un empleado, nada más, y como tal, debe servir a la población, sin distinción de colores o religión, a todos por igual.
Si no les gusta hacer su trabajo dejen a quien sí quiere trabajar y hacer las cosas bien.
La ciudadanía merece servidores públicos ejemplares, gente eficiente que resuelva las cosas,
el perfil burocrático actual deja mucho que desear, hay mucha gente «trabajando» sin tener ganas de hacerlo.
Muchos están ahí «trabajando» porque les cayó una oportunidad, por familiares, amistades, etc.
Hace falta cambiar el chip de muchos, que entiendan que la única finalidad de un servidor público está ahí implícito en su mismo nombre.
Hay gente muy valiosa, sí, pero también hay espectros dentro de la población burocrática que deberían estar en su casa, allá harían menos daño y no empantanan el avance de los programas oficiales.
Dice aquel dicho sabio del «boxpopuly»: «Más ayuda el que no estorba».
Con manzanitas
Les dejo un ejemplo muy claro, y reflexivo.
Imaginen ustedes que hacen una remodelación en su casa.
El proyecto incluye hacer un segundo piso, sobre su casa actual.
El siguiente paso a seguir es buscar una constructora acreditada, para no tener contratiempos.
Nos hacen el presupuesto y pactamos un precio 300 mil pesos, además del tiempo aproximado de entrega (tres meses).
Ojo, aquí viene lo bueno.
Al llegar al día de entrega la compañía constructora nos comenta que, el material en 90 días se encareció mucho, que por eso mismo se salieron del presupuesto, y además olvidaron cobrar la escalera, para subir al segundo piso, aumentando en 150 mil pesos al presupuesto original, y además tardarán otros 60 días en terminar la remodelación y las comprobaciones de la obra serán entregadas hasta dentro de 10 años, por ser un tema de seguridad nacional.
Cualquier parecido con la realidad oficial es mera coincidencia,
Bien, cuando se trata de nuestras cosas, nuestro patrimonio, jamás permitiremos que un estúpido nos salga con una cosa así.
Se pactó en 300 mil pesos, y ni un peso más, y nos defenderemos hasta las últimas consecuencias contra la compañía constructora, como debe de ser, es nuestro patrimonio.
Me parece curioso, por decir lo menos, que en el caso de las obras del oficialismo, obviamente con dinero público (de todos los mexicanos), donde ellos mismos eligieron a «sus contratistas de confianza», y resulte que ahí sí, gustosos acepten sin chistar modificaciones en los presupuestos y montos originales.
La única manera de hacerlo así es cuando existe complicidad y corrupción, en esa modificación, se llama fraude a la nación, también se le puede decir «traición a la Patria».
El único lugar donde merecen estar quienes hacen esto es en la cárcel.
No entiendo ¿en qué momento algo así causa admiración para algunos?
Hay quien cree que modificar un presupuesto así está bien, claro, siempre y cuando el disimulo ($) llene vacíos existenciales, de quien firma los papelitos oficiales.
Las historias se repiten y se parecen mucho, desde principios del siglo, al día de hoy.
Conclusión: Mientras aquellos quienes están tomando decisiones trascendentales sean los mismos políticos, las cosas seguirán igual o peor, a como están hoy.
«No se puede hacer lo mismo, esperando resultados diferentes».
Los políticos en su inmensa mayoría no quieren a la gente, los único que los políticos quieren es poder.
Los diputados y senadores critican a los ministros de la Corte por sus excesos, pero a nadie le dicen que esos mismos legisladores viven lejanos a la realidad de sus representados.
No usan el transporte público, no usan el servicio médico del IMSS Bienestar, no viajan en autobús, tienen choferes, asistentes, secretarias, guaruras, camionetas, gasolina ilimitada, comidas y hospedajes, muy lejanos a la realidad ciudadana.
Y si después del psicométrico y pruebas de control y confianza nos quedamos sin políticos, que así sea.
México no merece tener ladrones manejando un país a su antojo, como si las finanzas públicas fueran de su propiedad, inflando presupuestos en las inútiles obras, y todo ese estiercolero financiero, sólo para llevarse una tajada del pastel.
En México estamos cansados de hacer las cosas mal, solo para favorecer a una secta de corruptos.
Se tenía que decir… y se dijo.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
