¿Y entonces, para qué tanta mentira?

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

La ciudadanía mexicana merece una muy buena explicación pues las cosas no checan, desde el oficialismo gritan a los cuatro vientos que todo va muy bien.

Ok, ¿y entonces por qué pasan cosas como en Uruapan, Ciudad Mante, Chilpancingo, Zacatecas, Culiacán, Los Mochis?

¿Será que existen dos universos para «lelos»? ¿Hay dos Méxicos operando al mismo tiempo?

Porque el tiradero está por donde quiera usted voltear a ver, amable lector, desde líderes citricultores, activistas, periodistas, líderes de opinión, párrocos, empresarios, deportistas, artistas, catedráticos, caray, alcaldes y anexas, algo no anda nada bien.

Un poco de historia: Recordamos algunos hechos históricos en Tamaulipas, en tiempos del entonces gobernador Hugo Pedro González Lugo, eran tiempos del priismo en su máximo esplendor, quedó grabado en la historia del estado aquel asesinato de un reconocido periodista y propietario de un medio impreso de comunicación, con origen allá en la zona conurbada de Tampico, Madero y Altamira.

Aquel señor, de visita en la capital tamaulipeca, como regularmente lo hacía cada mes, acudió a sus diligencias propias de su responsabilidad, de aquel medio de comunicación que representaba, además de aprovechar para saludar amigos, como siempre lo hacía.

Aquel periodista gustaba recortar su cabello en la capital del estado, pues como comenté visitaba Ciudad Victoria por lo menos una vez al mes; lo atendían en su propia habitación de hotel.

Se hospedaba en reconocido lugar ubicado en la esquina del Ocho Hidalgo, frente la plaza.

Era en una reconocida barbería capitalina a donde acudía aquel periodista, vía telefónica, para pedir el servicio a domicilio, en su habitación de hotel; la barbería estaba a solo unas cuadras del lugar.

Aquel día la llamada fue recibida en la barbería, el barbero tomó nota, en voz alta, pues para esa barbería era importante hacer notar a la clientela presencial que aquel reconocido periodista tampiqueño, y algunos más, eran clientes frecuentes de ese lugar.

Ojo, en ese momento, en ese mismo lugar, también estaba cortando su cabello un funcionario público, quien por cierto era el mismísimo encargado de la seguridad pública en el estado de aquellos años y quien además, después se supo, era enemigo político de aquel reconocido periodista, pues en su medio criticaba las formas y modos en que operaba la policía y tránsito, en contra de la ciudadanía, y exponía también abusos y anexas.

La historia cuenta que el barbero cerró aquella llamada, diciendo una vez más en voz alta el nombre del periodista, quien estaba al otro lado del teléfono, el número de habitación donde estaba hospedado, el nombre del hotel y confirmó el tiempo aproximado en que llegarían para atenderle, dijo, «entre 30 o 40 minutos estamos ahí con usted».

El entonces funcionario público grabó aquellos datos en su memoria y apenas terminaron de atenderle en la barbería salió rápidamente.

El barbero, justo después de terminar el corte de pelo de aquel funcionario súper policía empezó a guardar sus cosas, para acudir a la cita en aquel reconocido hotel capitalino.

El barbero caminó rumbo a la cita, llegó en tiempo y forma, como acordaron por teléfono.

Al tocar en la puerta del cuarto encontró la puerta estaba entreabierta, el barbero entró y para su sorpresa encontró al reconocido periodista agonizando, alguien había atentado en contra del comunicador.

Según se supo después, un individuo tocó minutos antes en la misma puerta, fingiendo ser el barbero, y aprovechó para cometer aquel terrible crimen.

Fue tal el escándalo que el entonces gobernador González Lugo fue separado de sus funciones, terminando aquel sexenio con un gobernador interino.

Definitivamente eran otros tiempos, había un poquito de vergüenza, ese tipo de cosas no eran como pasa hoy, lamentablemente vivimos en un México donde ese tipo de eventos criminales pasan prácticamente todos los días, se van normalizando, caray.

Además cada responsable, en cada entidad federativa donde pasan cada uno de estos «eventos», reciben aplausos, condecoraciones, porras y gritos de «no estás solo».

Se les pide de la manera más atenta tener nada más tantita, por favor.

La libertad de expresión es lo único que nos queda como ciudadanía para poder atender el interés social, para decir cuando las cosas van bien, pero mucho más importante, cuando las cosas van mal, y quienes se sientan aludidos en nuestras líneas deberían tomarlo como una crítica constructiva, sin tomarlo «personal», sin otro interés genuino más que el bienestar de la mismísima patria, de la ciudadanía.

Urge borrar del mapa cotidiano la corrupción, el amiguismo, el compadrazgo y todo ese tipo de bellezas que han manchado el sector público, situaciones que brotan como pus en cada administración, cada tres o seis años, pareciera un cáncer sin antídoto, sin tratamiento.

Urge un filtro real para que, de una vez por todas, poder sacar del sector público, de los cargos de elección popular y plurinominales, incluyendo también el Poder Judicial, para que nadie llegue sin pruebas psicológicas, pruebas de honestidad, ética, calidad humana y respeto de las leyes.

Probable e hipotéticamente nos quedaríamos sin sector público, nos quedaríamos sin corruptos, sin tránsitos, sin policías, sin jueces, magistrados y ministros, sin la mitad del ejército, sin la mitad de la Marina, sin gente deshonesta que está ahí, solo para beneficiarse de ese lugar, para sacar tajada en cualquier momento u oportunidad.

¿Apoco no sería mágico? Que únicamente el sector público fuera operado por gente que le gusta su trabajo, por gente que le gusta atender a los demás, por gente que valora a cada ciudadano que acude a realizar algún tipo de trámite o información, pues digo yo,

¿Para qué tener un montón de gente que nada más estorban y además cuestan un dineral al erario público?

Algo tiene que cambiar, despertar, y tiene que hacerlo muy pronto, dice la historia que cualquier cambio es bueno y además será para bien.

Por mi parte… ¡Es cuanto!