El ocio es revolucionario

ASBEL MAR

No pensaría comenzar escribiendo esto total y absolutamente inspirada por propaganda política, un poco, bien hecha. Y digo las cosas bien hechas siempre dan buenos resultados, pero mis prejuicios me impiden sentirme completamente fiel a mí misma cuando reconozco alguna cosa bien hecha por el gobierno, es que soy antisistema (nótese el sarcasmo).

La verdad es que mi recorrido cotidiano (cada vez más escaso gracias a la vida adulta responsable que me persigue) por TikTok me llevó a un video que, si bien provenía de la cuenta oficial de una dependencia de gobierno, el mensaje me resultó simplemente: encantador.

“El ocio es revolucionario” se leía, donde se cuestionaba a alguien sobre si juzgar a quienes prefieren beber alcohol a leer un libro, ver televisión o cualquier otro entretenimiento tachado de… inútil. Y su mensaje, tan simple como suele ser la mente de los mexicanos, me dejó con una epifanía que hace tiempo no sufría: puedes disfrutar de tu tiempo libre tanto como quieras.

Sentirse culpable por no ser productivos es una de las falacias más grandes que nos han vendido con la meritocracia, que si estás en un puesto en un lugar o disfrutando de algo solo es porque te lo has ganado, como si el placer no viniera dulce y espontáneo, como si los días de aburrimiento no fueran la tranquilidad de la semana y esas tardes de siestas de los domingos no fueran rejuvenecedoras.

Antes lo creía, pero ahora lo aseguro: leer no te vuelve listo. El intelecto no se desarrolla por lo que lees, porque, así como hay cine, comida y en general cosas malas, hay libros malos, que no aportan absolutamente nada.

Por el contrario, leer por el simple disfrute del ser es una de mis actividades favoritas, una que viene sin reglas ni presiones, como si fluyeras tú mismo con las letras.

Seamos sinceros, nuestro país no tiene la cultura de la lectura y aunque muchos quisieran cambiar eso el fracaso viene justamente de la imposición, en lugar de obligar a las personas a comportarse como quisiéramos que lo hagan. ¿Por qué no les brindamos las herramientas necesarias para que descubran que hasta leer puede ser divertido?

Qué magnifico es el ocio. En un mundo que no se detiene, que no se para a preguntarnos qué nos gusta, qué disfrutamos o qué sentimos, el descanso es la venganza perfecta para quienes nos quieren oprimir.

¡Disfruten tanto como puedan! Me han dicho por ahí que todo tiene su propio ritmo y que la chamba no lo es todo en la vida.

Espero seguir leyéndonos la próxima semana.