ASBEL MAR
No hablar de las problemáticas políticas actuales que estamos sufriendo actualmente parece complicado; qué hay en tendencia si no los comentarios, videos, notas y mensajes que se lanzan amenazando con destruir la poca tranquilidad que conocemos.
¿Qué somos además de víctimas de las circunstancias?
Digámonos espectadores. Lo que siempre hemos sido y lo que nunca hemos dejado de ser.
Quiero creer que las bromas, los chistes y los memes son un mecanismo de defensa creado con el único objetivo de contrarrestar la realidad inminente que no queremos reconocer: hay miles de vidas en peligro y pronto pueden convertirse en la nuestra.
No me imagino a las personas pasando alguna GM entre sátiras y bromas pesadas, con ese humor negro que caracteriza a nuestros ciudadanos. De hecho, me resulta impresionante el poder que tenemos, me parece impensable que alguien en el pasado se hubiera atrevido a lanzar comentarios sobre cómo sí o cómo no debe gobernarse, y aunque su servidora tiene una postura neutral ante estos temas, reconozco sentirme profundamente sorprendida con la evolución del ser humano para dejar de lado, al menos momentáneamente, una situación así de terrible y peligrosa, solo para jactarse de cómo deberían hacerlo, burlarse y crear esta barrera que los mantiene al margen de cualquier consecuencia.
Mirar a través de una pantalla es peligroso, pero emitir tal clase de juicios (que poco nos queda) pareciera ser mortal. Y lo entiendo, soy el peor ejemplo posible, jamás he dejado pasar de largo un tema que termina por interesarme, ni siquiera me he cuestionado un poco antes de escribir este texto.
El peligro radica precisamente en hacer las cosas impulsivamente, en tomarlo tan a la ligera y creernos indestructibles por protegernos detrás de algo que nos mantiene, en cierto modo, en el anonimato.
Nos convertimos en físicos, pensadores, intelectuales, médicos, políticos, estrategas de guerra, todo en cuestión de segundos, de letras bien acomodadas y palabras rimbombantes. El margen es el lugar más cómodo para mirar, junto a las paredes, cerca de la salida si queremos huir rápido y sobre todo, donde nos mezclamos tanto que nadie nos identifica con certeza.
Definitivamente la risa es la mejor medicina, el remedio contra todo mal y la cura del dolor y la violencia. Quizá eso les falta o quizá eso nos sobra.
Espero seguir leyéndonos la próxima semana.
