El GRAN gracias

ASBEL MAR

Admiro la belleza de las plantas y como crecen con el sol. Cuando veo a las infancias corriendo, gritando, viviendo siento que esforzarse todavía vale la pena. Disfruto de quien comparte sus emociones como si fueran pinturas, quien canta como si imitara a las aves, de quien vive con remordimientos, pero decide seguir

Tantas cosas por qué agradecer y aun así tan poco lo hacemos. ¿Por qué damos todo por sentado?

Hablemos de las falacias de la meritocracia.

“Me lo merezco porque…”, “No me merezco esto…”, “Soy mucho para…”.

Cuando algo malo suele pasarnos los primeros pensamientos que cruzan por nuestra mente son ¿por qué a mí?; claro que esto no tiene nada de malo. Es normal, de hecho, hace una semana yo misma fui víctima de la autocompasión (en exceso) y hoy vengo a compartirles mis reflexiones al respecto.

Si bien es cierto que lo que está de moda es esta falsa espiritualidad del perdón (porque realmente nunca perdonas, solo tratas de hacer que afecte lo menos posible tu vida) no quita el absurdo crecimiento (diría que hasta lo prolonga) de la cultura de la meritocracia.

Antes se hablaba de este concepto exclusivamente para aspectos laborales o profesionales, hoy yo lo toco desde lo que lastima. Si alguien me hace daño y yo asumo que ese dolor no me correspondía vivirlo por el simple hecho de ser yo quizá esté sesgando mi juicio a una mal informada percepción que tengo sobre los demás, porque, directa o indirectamente diría que alguien con características diferentes a mí, o con los estándares que yo considere, sí merece vivir aquel dolor.

¿No es eso egoísta? Y más que eso, ¿soberbio?

 La meritocracia no solo puede nublar nuestra empatía, también es una de las principales culpables que demos todo por sentado; y no hablo de la confianza (a veces ciega) que ponemos en la vida. En las relaciones, trabajo, escuela o amigos, por supuesto que los sucesos imprevistos atacan en cualquier parte y a pesar de que existan señales evidentes estas pueden pasar desapercibidas para nosotros.

Más bien enfoquémonos en lo poco que agradecemos, creer que todo va a pasar solo porque así debe pasar, por ser yo quien se lo merece, es desaprovechar todos esos pequeños instantes para agradecer. Pasamos una vida tratando de encontrar el mejor momento para disfrutarla, sin embargo, a veces no nos damos cuenta de que el momento es aquí y es ahora. ¿Qué importa que no sea perfecto? ¿Cuándo sí lo será?

Ver las cosas con desapego puede parecer frío, hasta doloroso si lo hacemos demasiado realista, pero puede ser la única manera de agradecer todo el tiempo las cosas que tenemos. Las buenas y malas. Nada es mío, todo es prestado, una experiencia y agradezco por vivirla, sea para bien o para mal.

Hoy yo agradezco tanto a quienes me leen, como a quien me permitió escribir aquí. Jamás dejaré de agradecer a El Espectador por abrir estas puertas, que no solo son significativas en mi vida emocional, han sido la respuesta de Dios al caos de mi vida. Hoy se cierra un ciclo que nunca creí disfrutar tanto y todo ha sido posible gracias a ustedes.

Vivamos con el GRAN gracias. Y sigamos adelante.

Espero seguir leyéndonos la próxima semana.