Morbo mediático

ASBEL MAR

Estar indignada es uno de los trabajos que más me cuesta. No es por presumir o quererme ver prepotente, me he dado cuenta de que mi mente trabaja de maneras misteriosas, conceptualizando todo, llegando a tantas explicaciones que al final termino por entender la naturaleza de las acciones.

Aunque a veces no aferramos al “qué pasaría sido hubiera hecho diferente…”, yo acabo pensando que todo habría pasado igual. Que la circunstancias, el entorno, hasta lo que sucede en otro lugar, termina influyendo para que inevitablemente suceda.

Pero no nos confundamos, esta vez no hablaremos de casualidades inexplicables ni del destino (que su servidora afirma inexistente). Más bien quiero contextualizarlos un poco.

Actualmente soy estudiante de publicidad y relaciones públicas, siempre he sido afín a la escritura y últimamente me he sentido atraída por el periodismo. Me gustaría tener la capacidad de la transparencia e imparcialidad. Cuando encontré eso a lo que me quería dedicar sabía que era mi responsabilidad, que nada de lo que yo escribiera, publicara o diera a conocer tuviera efectos, ni positivos ni negativos, un poco irreal, hasta visionario. Sólo hacer un trabajo honesto y limpio.  Imparcial.

Me debía a mí misma y al público la obligación de entregarles lo adecuado, lo único indispensable. Y aunque no fui partidaria, y espero nunca serlo, me indigna enormemente cómo los medios digitales de pseudo noticias han usado herramientas como la inmediatez, simultaneidad, lo viral y la sobre exposición con tanto descaro y desfachatez.

Pero vuelvo a lo mismo. La indignación me dura poco.

Hace días en mi ciudad hubo un accidente en el que lamentablemente falleció una persona y, parece ser que, aprovechando la ocasión, un seudo canal de noticias de internet se otorgó el derecho de transmitir en vivo el cuerpo, mientras narraba pobremente los hechos. No es le primera vez, no será la última ni la única.

Actos desesperados, merecen medidas desesperadas, dicen por ahí. ¿Ofensivas también? ¿Irrespetuosas? ¿Deshumanizantes? Recuerdo también cuando se creó una ley después de que alguien filtra la foto de un feminicidio hace unos años. Jamás debió crearse, porque jamás debió suceder. Estas cosas no deberían pasar. No hay una postura correcta o incorrecta, no podemos dar un debate al respeto. Estar informados es vista, influidos y motivados por el morbo ni siquiera debería describirse.

¿Cómo es posible que el morbo por ver mueva más a las masas que la frustración por la violencia?

Entiendo que, al final, sin demanda no hay oferta. Y por mucho que me ofenda jamás se atreverían a hacerlo si no hubiera alguien que lo consuma, que lo exige, que desee verlo. ¿Nos estamos acostumbrando a las notas rojas? ¿Se vuelve normal el dolor ajeno?

Hasta dónde seremos capaces, sólo por saber, por conocer más, por demostrar que aguantamos verlo. ¿Cuándo dejamos de ser público para ser victimarios? Sea emitir juicios, hacer bromas, compartirlo, almacenarlo o simplemente verlo de manera despreocupada podría hacernos perder el regulador de lo que estamos dispuestos a consumir de manera activa, sin considerar el daño colateral que pudiéramos causar.

No sé si es que somos muy influenciables o que preferimos lo simple. Quizá nos perdamos muchas veces antes de volver a encontrarnos, debemos comprometernos y reclamar que se nos dé información de calidad, respetuosa, empática y transparente. Sólo nosotros tenemos el poder de acabarlo.