ASBEL MAR
¿Habían escuchado antes el concepto del “adultocentrismo”? Confieso que la primera vez que leí sobre él pensé que era ridículo, ¿es acaso que no tengo el derecho de decidir no tener niños en mi vida? Y, además, ¿huir de ellos lo más que pueda?
Tal como su nombre lo indica el adultocentrismo hace referencia a los adultos que se centran en SU realidad de adultos, se creen con derechos superiores por encima de las infancias y priorizan su comodidad por la de cualquier infancia.
Y, ahora, sumémosle la tan sobrevalorada crianza respetuosa, que se vuelve casi un canje efectivo, automático, para decirle a los padres CÓMO deberían criar a sus hijos. No voy a negar la triste e ingenua realidad, creer que un infante será capaz de reprimirse, controlar sus emociones, no gritar, explorar, crecer es la falacia más grande que existe.
Más ilógico pensar que un tipo de crianza, que muchas veces termina por ser clasista, discriminatoria, inalcanzable, puede definir o no el comportamiento de una infancia en desarrollo.
Viene a mi memoria una frase que decía muchísimo mi maestro de antropología: “El contexto influye, pero no determina”. Recordar que cada niño, cada niña y cada persona en el mundo es totalmente diferente, aun si llegarán a compartir similitudes, si fueran semejantes, jamás serán completamente iguales.
Basta decirlo con las particularidades entre hermanos, con mismos padres, misma crianza y, sin embargo, cada uno tiene su forma única de ser.
Y la verdad es que un consejo no siempre viene mal, pero recordemos que en el pedir está el dar. ¿Qué soy? ¿Qué doy? ¿Qué tengo para dar? Si nadie me ha pedido mi opinión, ¿debería estar dispuesta a darla deliberadamente?
Pienso que la prudencia es una de las virtudes más grandes que tenemos, a veces apoyar viene más desde el silencio y el apoyo incondicional que desde comentarios desubicados.
Las maternidades y paternidades se esfuerzan todos los días en hacer lo mejor que pueden por criar y educar a un ser humano que no sabe nada del mundo, que no tiene herramientas ni armas para defenderse de la hostilidad, ¿realmente merecen la desaprobación de nuestras ridículas exigencias? Creo yo, que ninguna madre, padre ni infancia debe cumplir con las expectativas que un grupo de adultos que únicamente piensan en ellos mismos.
Porque, puedes escoger una vida sin hijos, puedes decidir no relacionarte con infancias ni frecuentar a personas que sean padres, pero no puedes decir un mundo sin infancias.
Ser adultos nos vuelve responsables de su integridad, de su sano desarrollo y nos da la capacidad de ser flexibles, nosotros podemos adaptarnos.
¿Por qué debemos pretender que un niño sea capaz de entender la crudeza del mundo y sus consecuencias si hay adultos que no logran hacerlo?
