GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Ojalá todos tomaran el ejemplo, mientras la Presidenta de la República se exhibe usando vuelos comerciales, en su último traslado a la reunión de mandatarios, en Canadá, resulta que el resto del gabinete sigue volando en aviones de lujo, con cargo al erario público.
Ahí están los secretarios de Seguridad Ciudadana, Hacienda, Relaciones Exteriores, Economía, Defensa Nacional y Marina, todos ellos, y algunos otros, vuelan en aviones militares o propiedad de cada dependencia federal, incluso aviones rentados, pero con cargo al erario público, pagados por la ciudadanía mexicana, sin dejar de mencionar todos los viáticos y gastos que en cada viaje se generen.
Así de alejados de la realidad colectiva mexicana están la mayoría de esos parásitos con nombramientos federales.
Estados, ¿dónde quedó la austeridad franciscana?
En la narrativa se escucha muy bonito, casi pueden hacer llorar a más de un noble ciudadano mexicano, pero en la realidad técnica, ¿practican la austeridad dentro de la administración pública?
Como pechuga de pollo, vamos a desmenuzar esta «barajita».
Cada gobernador, en todas las entidades federativas de México, y de cualquier color partidista, siguen volando en jets privados, con cargo al erario público, como si fueran sultanes.
Muy mal por donde se quiera ver, son excesos que están mal, se ven mal, sobre todo después de aquellas promesas de campaña donde decían a los cuatro vientos: «No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre».
¿Por qué no vuelan como la Presidenta, en vuelo comercial?
También hay autobús para ir y venir por todas las hermosas carreteras de México.
¿O qué, de plano al tomar protesta la sangre cambia de color rojo a un azul turquesa? Hay que bajarle tantito su espuma al champurrado.
Desde ahí, agarrando el corte para abajo, todos deben entrar en el tren de la austeridad, habría que bajarle dos rayitas al volumen de despilfarro público, nada más lo que dijeron en aquellas promesas de campaña.
O dígame usted, ¿por qué Fernández Noroña va a percibir más de 800 mil pesos mensuales?, sólo por ser el presidente del Senado.
Está mal por donde se quiera ver. ¿Qué está pasando?,
Me queda claro que esto no es nuevo, pero, ¿por qué aceptarlo, qué les pasa?
Regresemos al mismo tema
Una empresa quebrada como Pemex, ¿cómo puede seguir usando las mismas troconas ocho cilindros para uso de su personal, operativo y ejecutivo? ¿Por qué esos sueldos si la empresa está quebrada?
Bajo ese panorama, sería lo más lógico, ¿por qué no darle una ajustada a todo el sector público?
Sería bueno ir empezando por esos claros ejemplos de felicidad republicana, donde solo existen camionetas blindadas, de lujo y además reciben aplausos.
Otro claro ejemplo de despilfarro público es la policía y las fuerzas armadas.
¿Para qué camionetas ocho cilindros? ¿Sirven de algo? Lamentablemente representan un gasto enorme.
Y para cerrar con broche de oro, en la kermesse del tiradero de dinero público están los helicópteros.
Ya cuando llegaron las estrellas del momento al uso de helicópteros esto se convirtió en un escenario completamente alejado a la realidad de la ciudadanía, alejado a la realidad del pueblo, ese pueblo que aún les sigue creyendo su falsa narrativa, esa misma narrativa que habla de austeridad, pero a ojos vistos está llena de contradicciones.
Es un triste escenario de despilfarro, que lamentablemente también salpica otros entes públicos, y con cargo al mismo erario.
Reprobable, pues cuando dicen que no les alcanza resulta que ellos siguen viviendo una vida llena de excesos, demagogia y soberbia, muy alejados a la realidad colectiva, la de la mayoría de la ciudadanía.
Ojalá y pronto alguien con tantita vergüenza y peso político, les dé una buena ajustada a su «verbena popular» de cuarta.
Por qué así debería de ser, todos se deben ajustar a las circunstancias económicas del país y quien no lo quiera así… Simplemente es un traidor a la Patria.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
