¿Qué puedo hacer por ti?

JUAN R. GIL

La reflexión

“Amá”, le decía un joven de bachiller a su madre, “fíjate que necesito una feria para la escuela, también unos tenis nuevos, estos ya están bien fregados, y pues quedé con la flaca de llevarla a la feria y hay que invitarle unas fresas con crema, dile al viejón a ver si me aliviana”.

Ya él sabía que era la vía fácil para llegar a conseguirlo, con aquel antiguo pretexto, “si le digo yo, no me va a entender”.

Y es que algo especial tienen las madres para interceder por los adolescentes de la casa. Es un gesto de amor puro que brota del corazón de la reina de casa. Pero ¿qué sucede cuando el proveedor del hogar ya no está? Me parece oportuno hacer una parada en este desierto de la realidad, en el proceso natural de la existencia.

La narrativa

Permítanme tomar como referencia aquel antiguo texto del profeta Eliseo, sucesor de Elías, es el segundo libro de la historia de los Reyes, del Capítulo IV, y se lee:

Una mujer, esposa de uno de los profetas, suplicó a Eliseo:

–Mi marido, servidor tuyo, ha muerto. Y tú sabes que era hombre religioso. Pero ahora ha venido un acreedor para llevarse a mis dos hijos como esclavos.

Eliseo le dijo:

–¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa.

Respondió ella:

–Todo lo que tu servidora tiene en casa es una botella de aceite.

Entonces Eliseo le dijo:

–Ve y pide prestadas a tus vecinas vasijas vacías; cuantas más sean, mejor. Luego entra en casa, te cierras por dentro con tus hijos y comienza a echar aceite en todas las vasijas; a medida que las vayas llenando las irás poniendo aparte.

La mujer se fue. Cuando se cerró por dentro con sus hijos, ellos le acercaron las vasijas y ella fue echando aceite. Se llenaron todas y pidió a uno de los hijos:

–Acércame otra.

Él contestó:

–Ya no hay más.

Entonces dejó de correr el aceite.

Ella fue a decírselo al hombre de Dios, y éste le dijo:

–Ve a vender el aceite, paga a tu acreedor y tú y tus hijos vivan de lo que sobre.

¿A quién le cuentas tus problemas?

En el entorno social, siempre existirán momentos de calma y momentos turbios. Cuando la familia tiene estabilidad no hay necesidad de pregonarlo, los hechos testifican que todo está “en santa paz”, pero, ante los problemas, ¿cuál es la primera reacción? En la mayoría de los casos: pedirle consejo a alguien que tiene problemas más grandes que los míos,

¡Muy diferente el pedir opinión a una persona con moral de profeta!

¿Y quiénes son estos personajes de la vida? La respuesta es sencilla:

Personas que no vacilan en hablar con sabiduría, con solvencia moral, y con la convicción de llevar a la persona a una recuperación de su enfoque de vida.

Resulta difícil de creerlo, pero estos personajes del profetismo muchas veces son incómodos porque no vacilan en decir la verdad y confrontar la maldad y la mentira.

Antes de contarle a alguien tus problemas primero mira la radiografía del receptor, porque, posiblemente, te sume más problemas que soluciones.

¿Quién es el acreedor?

La narrativa habla de un “acreedor” que quiere esclavizar a sus dos hijos. Resulta desalentador ver la partida de proveedores que existen en el mundo, algunos de ellos son: los vicios, y la pornografía, la deserción escolar, el pandillerismo, entre otros muchos.

¿Quién se quiere llevar a los hijos?, sencillamente, el acreedor del modernismo excesivo de este siglo, que reclama, a una juventud en cacería, el deseoso reclamo de llenar los bolsillos a través del narcotráfico, la trata de menores, la pornografía infantil, el aborto, el pandillerismo, el abandono escolar y, así, tenerlos esclavos, fracasados y derrotados.

¿Algo debes tener?

Cuando el globo de optimismo se desinfla y no hay ánimo para seguir adelante, resurge esta hermosa pregunta: ¿Qué tienes en tu casa?

Sin referirse por supuesto a puertas, paredes, ventanas y techo, más bien, qué tienes dentro de ti, tu verdadera casa, ¿Cuál es tu fuerte?, ¿tu virtud?, ¿tu riqueza interior que poco a poco has derrochado hasta quedar vacío? Algo debe de haber, quizá un poquito de fe, un poquito de esperanza y un poquito de amor. ¡Eso es suficiente!

¿Cómo están tu relación con los demás?

Le dice Eliseo a la viuda: “Ve y pide a tus vecinas vasijas vacías”. Que difícil situación resultaría para ella ir a pedir prestado a las vecinas que no les dirige nunca la palabra, peor aún, con aquellas que está en constante pleito. Y es toda una línea de reflexión que se centra en auto preguntarse:

¿Cómo está mi relación con mi propia familia?, ¿con mis compañeros de trabajo?, ¿con la persona que me rodean? ¿Acaso nunca has pensado que algún día necesitarás de ellos? ¡Vamos!, es buen momento para aliviar las discrepancias y tener un entorno social más saludable.

Enciérrate con tus hijos y ponte a trabajar.

En este siglo nos resulta tan difícil encerrarnos a resolver a puerta cerrada los conflictos intrafamiliares, es muy común que las redes sociales estén enteradas de todo lo que pasa dentro de la familia, la puerta está abierta, muy especialmente en los celulares y computadoras, pero también la puerta está abierta porque nos cuesta mucho trabajar desde adentro, es decir, desde la célula de la sociedad: La familia.

Piensa en esto, ¿de qué sirve ser un alto directivo, un excelente trabajador, un gran empresario si la familia está en bancarrota? ¡No!, si esto sucede, ¡no eres un buen director ni un excelente trabajador, ni un importante empresario!, ¡cierra la puerta, y ponte a trabajar!

Paga lo que debes y vive de lo que te sobra.

Cierro con este sencillo consejo:

Es inevitable adquirir deudas de todo tipo, deudas políticas, económicas, sociales, escolares, familiares y hasta deudas a la hacienda pública. Sin embargo, no me refiero a esas deudas, es más bien dicho, a lo que has quedado a deberle a tus hijos, con todo lo que has dejado de hacer para que ninguno de ellos caiga en las garras de un mal acreedor.

¿Sabes? Es saludable siempre pagar el precio de los errores, sobre todo aquellos que quitan la paz, por eso es bueno pagarlo con frases como estas:

Vamos a salir con bien de todo esto.

Déjame ayudarte y comencemos de nuevo.

Dame la oportunidad de demostrarte cuánto significas para mí.

El Crédito no es un plástico en la cartera, el crédito es el valor superior que día a día suma el ser humano para ser confiable, acreditable y reconocido, por lo que es o puede llegar a ser.

¿Sabes? Los profetas son muchas veces como una piedra en el zapato y les gusta mucho derribar lo que retrasa, para construir lo que resulta útil. Si eres así, como ellos, nunca dudes dar un buen consejo, ¡y que ese sea tu mejor aceite en la botella!

¡Feliz semana!