ANGEL CAMACHO
Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana y ofrecen grandes beneficios para la comunicación, el aprendizaje y el entretenimiento. Sin embargo, cuando su uso se vuelve excesivo o descontrolado, pueden afectar de manera importante el desarrollo físico, emocional, social y cognitivo de niñas, niños y adolescentes.
Considero fundamental que madres, padres y cuidadores comprendan que la adicción a las redes sociales no se limita a pasar muchas horas frente a una pantalla. Se trata de una conducta que puede generar dependencia, ansiedad al no poder conectarse, pérdida de interés por otras actividades y dificultades para cumplir con las responsabilidades escolares y familiares.
Durante la infancia y la adolescencia el cerebro aún se encuentra en desarrollo. La exposición constante a contenido diseñado para captar la atención puede favorecer problemas de concentración, disminuir el rendimiento académico y alterar la capacidad para controlar los impulsos. Además, el uso excesivo de dispositivos electrónicos suele reducir el tiempo dedicado a la actividad física, la convivencia familiar y el descanso.
Otro aspecto preocupante es el impacto en la salud mental. La comparación constante con imágenes o estilos de vida idealizados puede afectar la autoestima, generar ansiedad, depresión e incluso provocar sentimientos de aislamiento. A esto se suma el riesgo del ciberacoso, la exposición a contenido inapropiado y el contacto con personas desconocidas.
El sueño también puede verse seriamente afectado. El uso de teléfonos celulares o tabletas antes de dormir dificulta conciliar el sueño y disminuye su calidad, lo que repercute en el aprendizaje, el estado de ánimo y el crecimiento saludable.
No se trata de prohibir el uso de las redes sociales, sino de enseñar a utilizarlas de forma responsable. Es recomendable establecer horarios para el uso de dispositivos, evitar las pantallas durante las comidas y antes de dormir, fomentar actividades deportivas, recreativas y culturales, así como fortalecer la comunicación familiar para que niñas, niños y adolescentes puedan expresar sus inquietudes y experiencias en el mundo digital.
La tecnología debe ser una herramienta para aprender y conectar, no un obstáculo para el desarrollo. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de promover hábitos digitales saludables que permitan a las nuevas generaciones crecer en un entorno seguro, equilibrado y con mayores oportunidades para su bienestar integral.
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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.
