RAYMUNDO LARA RUIZ
En estos tiempos, donde la información está al alcance de un clic, las noticias de cualquier parte del mundo llegan en cuestión de segundos y se comparten todo tipo de eventos en tiempo real.
Publicar textos, imágenes o videos es cosa de niños, y cualquiera puede parecer experto en un tema gracias a herramientas como la inteligencia artificial, que, dicho sea de paso, está sacando de su zona de confort a muchos docentes.
En resumen, vivimos una época de transición, donde cualquier persona puede presentarse como un gurú. Y en medio de este caos informativo, distinguir lo verdadero de lo falso se ha convertido en una necesidad urgente, una habilidad crítica que todos debemos recuperar.
Hay tanto contenido en internet, en todas sus variantes, que, dicho sea de paso, es muy convincente. Se presenta con tanta seguridad, con tanta aparente lógica y respaldo, que uno termina creyéndolo como cierto… y no lo niego: a mí también me ha pasado más de una vez.
El problema no es solo la mentira, sino lo bien que se disfraza de verdad.
Eso deja en una posición muy vulnerable a personas crédulas de cualquier edad, que aceptan como verdad lo dicho por su influencer de moda en cualquier ámbito: social (como el estilo de vida), religioso, deportivo, político, e incluso científico.
Creemos antes de pensar porque resulta más cómodo confiar en quien nos inspira seguridad que detenernos un momento a cuestionar lo que dice. Solo comenzamos a dudar cuando algo en su actitud nos incomoda o contradice nuestras expectativas.
Mientras conserve ese encanto propio de un genio de la lámpara todo parece estar bien.
Y así, muchas veces, la popularidad sustituye al pensamiento crítico… sin que siquiera lo notemos.
Estimado lector, esto no es nuevo. Desde la antigüedad ya se vivía algo similar: Sócrates se quejaba de sus contemporáneos, los sofistas (término que usaba con cierta ironía), quienes cobraban por compartir lo que sabían, tal como ocurre actualmente en redes sociales.
A diferencia de ellos, Sócrates utilizaba la mayéutica: un método basado en hacer preguntas sucesivas para llegar, poco a poco, a una verdad tentativa.
Hoy más que nunca necesitamos, y debemos, contar con un método que nos ayude a distinguir el contenido que no busca la verdad, sino la influencia, el poder o la ganancia.
Y aunque es cierto que la verdad puede ser relativa en lo social, también lo es que debe ajustarse a las leyes vigentes y al bienestar común.
No toda opinión es verdad ni todo carisma es sabiduría.
Y como siempre les digo: hay que cuestionar todo lo que se lee, incluyendo lo que yo mismo escribo para ustedes. Por eso es fundamental contar con ciertos métodos que nos permitan filtrar la información, en lugar de dejar que pase directo e irreflexivamente a nuestra vida cotidiana.
En ese sentido, quiero proponerles una herramienta práctica: siete pasos para pensar como Sócrates en tiempos de internet.
El primero es sospechar con respeto: preguntarnos quién dice algo y por qué lo dice, activando una duda saludable sin caer en la desconfianza absoluta.
El segundo paso es hacer preguntas incómodas, como qué pruebas ofrece el mensaje o si tiene evidencia concreta; no basta con que suene convincente.
En tercer lugar es clave contrastar siempre, consultar distintas fuentes, incluso aquellas que no coinciden con nuestras ideas, para romper nuestras burbujas de pensamiento.
El cuarto paso consiste en evaluar el contexto: entender cuándo, dónde y con qué intención se dice algo, ya que muchas veces el contenido se manipula sacándolo de su entorno.
El quinto paso es aplicar pensamiento lógico, revisando si el mensaje tiene coherencia interna o si incurre en errores como generalizaciones, falacias o apelaciones emocionales.
El sexto es hablar, debatir y escuchar, porque dialogar con otros ayuda a ver las grietas en nuestras propias ideas y fortalece nuestro criterio.
Y finalmente, el séptimo paso: aceptar la verdad, incluso si no nos gusta, porque cambiar de opinión ante argumentos sólidos no es una derrota, sino una señal de crecimiento.
En tiempos donde el carisma a menudo se confunde con sabiduría, recuperar el pensamiento crítico es más necesario que nunca.
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Saludos.
