“El futuro es hoy, viejo”

RAYMUNDO LARA RUIZ

Al más puro estilo de las películas de ciencia ficción, en las que se profetiza un futuro distópico para la humanidad, donde las máquinas se rebelan contra el ser humano y tratan de erradicarlo de la faz de la Tierra; o aquellas en las que se hace creer a las personas que viven una vida normal cuando, en realidad, solo están soñando; o las historias de científicos excéntricos que, en modernos y secretos laboratorios, diseñan robots con capacidades sobrehumanas. Son muchos los libros, películas e incluso influencers que abordan el tema, y, dicho sea de paso, captan mucha atención.

“¿Pero qué necesidad?”, de ver arder el mundo. Hace tiempo vi en un documental las diferentes formas en que el mundo podría ser destruido, desde eventos externos, como meteoritos y llamaradas solares, hasta fenómenos internos, como terremotos y sequías. Sin embargo, al final se concluía que la verdadera causa de la destrucción del mundo sería la propia humanidad.

Los avances científicos han dado lugar a tecnologías tan poderosas que podrían destruir el mundo entre cinco y 20 veces, dependiendo de cómo se utilicen. Sin embargo, resulta preocupante que aún no se pueda contener eficazmente un incendio como los que han devastado el estado de California, en Estados Unidos, causando pérdidas materiales millonarias y, lamentablemente, cobrando la vida de muchas personas. Mientras tanto, muchos países siguen priorizando la industria armamentista, dejando en segundo plano otras áreas cruciales para el bienestar de la humanidad.

En los últimos años hemos sido testigos de un salto tecnológico con la llegada y popularización de la inteligencia artificial, que se ha integrado rápidamente en cada aspecto de nuestra vida. Desde asistentes virtuales aparentemente inofensivos, como Siri y Alexa, hasta herramientas revolucionarias en la investigación científica, como AlphaFold, que ha transformado el campo de la biología estructural. Sin duda, estamos en el umbral de una nueva etapa para la humanidad. Lo único que, en mi humilde opinión, nos falta como especie es un cambio de paradigma, uno en el que, sin importar si se cree en la teoría evolucionista o creacionista, comprendamos que este planeta es el único hogar que tenemos.

Como la cereza del pastel, ahora China ha lanzado DeepSeek, una inteligencia artificial que ha causado pérdidas millonarias a varias empresas que cotizan en la bolsa, principalmente a Nvidia, líder en la fabricación de chips para inteligencia artificial. ¿Y qué tiene de diferente esta IA con respecto a otras? Pues que, en su versión gratuita, es más poderosa que muchas de pago.

Estimado lector, estás siendo testigo de una evolución en la forma de generar conocimiento. Puedes elegir entre ser un actor o un espectador, pero de una u otra manera estarás involucrado en este cambio. Y sin caer en teorías conspiranoicas ni correr a ponernos gorritos de aluminio, es importante ser conscientes de qué tecnología estamos usando y cómo la estamos utilizando.

Recuerda que la tecnología en sí misma no es buena ni mala; todo depende del uso que le demos. Un mal uso de la inteligencia artificial puede ir desde ataques cibernéticos, manipulación de la información, hasta fraudes y propaganda malintencionada. En contraste, un buen uso de la IA puede impulsar el progreso humano en áreas como la ciencia, la educación, la medicina y la automatización inteligente.

La revolución tecnológica ya está aquí, y no hay marcha atrás. La pregunta es: ¿cómo decidiremos utilizarla? ¿Seremos los arquitectos de un futuro próspero o cómplices de un camino hacia la autodestrucción? La elección está en nuestras manos, y el tiempo para decidir es ahora. Saludos.