RAYMUNDO LARA RUIZ
Al estilo de Hermelinda Linda, Moni Vidente o Lord Voldemort (según la generación a la que pertenezcas), donde se recetan remedios mágico-esotéricos para ese mal que la vecina jura que le echaron por envidia, nos adentramos en un mundo donde la lógica brilla por su ausencia y los amuletos, rituales y encantamientos parecen tener más sentido que la razón misma. Pero ¡ups!, no te emociones, que no vamos a hablar de esos temas aquí. Solo fue un pequeño truco para despertar tu curiosidad. También, quiero dejar en claro que respeto profundamente la manera en que cada quien trata de explicar lo inexplicable desde su propia visión del mundo.
Quizás la física cuántica no esté tan alejada de la brujería como parece. Se basa en principios que aún hoy resultan incomprensibles y generan intensos debates entre los científicos modernos. Palabras como fermión de Majorana, topoconductores, entrelazamiento y superposición podrían pasar fácilmente por conjuros sacados de un antiguo grimorio, evocando la sensación de que, más que leyes naturales, estamos invocando fuerzas misteriosas que desafían nuestra comprensión de la realidad.
¿Qué tienen de diferente un brebaje mágico y una medicina de patente? Pues, en realidad, nada. Ambas están hechas de moléculas, que a su vez están formadas por átomos. Los átomos tienen un núcleo con protones y neutrones, y electrones girando alrededor. Y lo más asombroso es que, a medida que seguimos investigando, descubrimos nuevas partículas subatómicas que componen todo lo que nos rodea.
De todas las partículas que conocemos hay una que es un auténtico rebelde sin causa. Si lo dejas en paz se comporta de una manera; pero si lo observas, como si le dieras mal de ojo, cambia por completo y actúa de otra forma. ¡Es todo un rebelde! Y no hablamos de cualquier partícula, sino del enigmático electrón, protagonista en casi todo, incluida la mecánica cuántica, como era de esperarse.
Estimado lector, Microsoft acaba de anunciar el chip cuántico Majorana. Si la cantidad de qubits (la unidad de información cuántica) que promete es real, la ciencia ficción está a punto de convertirse en realidad. La computadora cuántica de uso comercial ya no es un sueño lejano; está a la vuelta de la esquina. Y si se combina con los avances en inteligencia artificial, tendremos en nuestras manos una herramienta cuyo verdadero potencial aún no podemos ni imaginar. Se dice en los pasillos de la ciencia que, lo que hoy le tomaría miles de años a la supercomputadora más poderosa del mundo, una computadora cuántica lo resolvería en cuestión de minutos.
Cura para todo tipo de enfermedades, materiales autorreparables, superconductores a temperatura ambiente, baterías de energía prácticamente inagotable, fertilizantes sin impacto ambiental, una solución definitiva al cambio climático, control del clima e incluso combustibles espaciales que nos permitirían viajar libremente por el sistema solar… Estos podrían ser los primeros logros de la nueva era cuántica. Y si seguimos por el camino de la ciencia ficción, podríamos soñar con hazañas aún más asombrosas: levitación, teletransportación de materia orgánica, viajes más rápidos que la luz y un futuro que hasta ahora solo ha existido en las películas.
Soy consciente de que una cuartilla no basta para abarcar un avance tan asombroso, pero espero haberte hecho soñar con un futuro que rozaba la fantasía y ahora está al alcance de la ciencia. La era cuántica ha despertado, y lo que hoy parece imposible, mañana podría cambiar el destino de la humanidad. ¡Saludos!
