ASBEL MAR
Hace poco, haciendo el recorrido cotidiano por mis redes sociales me encontré (o me encontró) un video de un joven mexicano donde exponía lo siguiente:
“La vida pide mucho y yo nomás soy un barrendero que quiere que escuches su música.”
Bajo un fragmento de una de sus canciones, de la que se escuchaba la frase “sueña lindo, corazón”. Poco tardó en hacerse tendencia y que cientos de personas se unieran con esta misma frase, donde cuentan que, a pesar de encontrarse en trabajos insatisfactorios, su sueño es dedicarse y vivir de lo que aman.
No es que antes no supiera que esto sucedía, más bien, siempre he sido cruelmente consciente de quienes anhelan algún día vivir de eso de lo que nadie presta atención; y como en cada ocasión, es doloroso saber que seguimos dando por sentado, o ignorando, o buscando donde no es, aquello que nos ofrecen insistentemente que volteemos a ver.
Y es que poco se habla de lo independiente, de lo que crece desde abajo, con esfuerzo. ¿Cuándo fue la última vez que le dimos oportunidad a un negocio local? ¿Por qué no volteamos a ver a los artistas contemporáneos? ¿Cuántas veces confiamos en los recién egresados? ¿Alguna vez daremos un salto de fe? ¿Lo harán con nosotros?
La juventud y la ingenuidad nos permiten creer que la amplitud del mundo cabe en la palma de la mano, los sueños se ven tan materializados que son casi reales, palpables, que lo único que nos separa de ellos es la distancia absurda del tiempo y… a veces simplemente no sucede.
Esta no es la primera vez que las redes sociales han viralizado casos de este tipo, donde las circunstancias, o el tiempo, o la vida, deciden no cooperar contigo, y es como si se unieran para recordarnos que entre más luchemos contra ellos, más fuerte nos dicen que no. Como la fuerza del mar que te arrastra, el dolor del ser que te lleva, o los años, que parece que se acaban.
Y hoy escribo proponiéndoles, quizá egoístamente, que rompamos el círculo y nos atrevamos junto con los que se atreven. Que pongamos nuestra confianza en aquellos que van empezando, que han intentado todos los días o que por primera vez tuvieron el coraje; entregar un poco de seguridad podría no ser mucho para nosotros, pero podría cambiar la vida de alguien más. Recordemos que, en épocas de consumismo, creer en lo que no que no se consume es un acto de rebeldía.
Por último, como una dedicación especial para todos los soñadores que siguen a pesar de todo: tengo fe en ustedes, aunque no los conozca, y admiro el amor que le tienen a eso que aún es un proceso, ojalá que un día se realice.
Y de verdad espero que todos, siempre, tengan presente, que sus circunstancias actuales no son su identidad. Y nunca lo será. Ustedes tienen la capacidad de formar quienes son y quienes quieren ser.
Espero que pronto podamos seguir leyéndonos con el surgimiento de tendencias que exploran y exponen casos de este ámbito. Que demuestren que los sueños todavía se cumplen.
