El amor en tiempos de oscuridad

ASBEL MAR

Nunca he sido fanática del romance. Las novelas de amor siempre han sido las últimas de mi lista, negada a leerlas y huyendo hasta que terminan por alcanzarme; no es que no disfrute para nada este género, siendo sincera, muchas de mis lecturas favoritas cuentan, casi de la misma manera, esos sentimientos dulces y apasionados que comienzan de imprevisto.

Aun así, jamás han sido mi primera opción, de hecho, me siento extrañamente más atraída a los libros con toques periodísticos, o en su defecto, de realismo mágico. Pero últimamente hay una tendencia que siendo sincera no puedo evitar. Los dark romance.

Este término es un subgénero literario que explora las facetas más oscuras y complejas del amor, como la obsesión, el deseo y el poder, a menudo con elementos de violencia y drama. A diferencia del romance tradicional, que busca un «felices para siempre», el dark romance desafía estos límites y se centra en relaciones tóxicas y personajes con conflictos morales. Entiendo que para muchos puede entenderse como algo, simplificándolo, bastante: enfermizo. Quizá depravado.

Y no tengo forma de culparlos o juzgarlos, el dark romance muchas veces cruza esos límites justificándose en la clase de literatura que “no es para todo el mundo”. Me admito, y me considero, alguien lo suficientemente abierta de mente para hablar de ello sin escandalizarme, al fin y al cabo son temas que si bien no pueden ser todos debate, porque sería permitir que las posturas a favor y en contra existan sin temor, sí es importante entablar conversaciones a su alrededor, desde la percepción más madura posible.

¿Por qué surge este género literario? Porque hay personas que lo consumen. Fácil, el arte no es la excepción, sin demanda (lectores) no hay oferta (libros). Los productos vienen como respuesta de los deseos de los consumidores, ¿quiere decir que es malo? No precisamente.

Hay muchísimos productos, servicios y bienes en el mundo que existen para cosas, pues… poco ortodoxas, por decirlo de alguna manera, que no significan un peligro real a la sociedad, dígase, por ejemplo: las modificaciones corporales. Puedes estar de acuerdo o no, pero al final eso no daña a terceros, únicamente el que lo practica o lo utiliza es quien puede sufrir las consecuencias, sean buenas o malas.

Y justamente ahí es donde radica el problema, hace unas semanas analizábamos cómo la propaganda bien planeada, sutil y subliminal puede llevar a normalizar actos como la gentrificación. ¿Qué tal si en lugar de verlo lo leemos? Si alimentamos tanto nuestra mente con fantasías que no podemos manejar y un día, deseosos de que esas líneas falsas se conviertan en algo real, simplemente cometemos actos que ya no nos afectan únicamente a nosotros.

Eso es lo que creo que hacen géneros literarios como el dark romance. No es que sean realmente malos, si puedes tolerarlo digerirlo y analizarlo con la madurez y la mente necesarias, adelante. Motivada a leer más libros periodísticos me he envuelto en lecturas tan crudas que pocas veces me recupero fácilmente. Jamás he recomendado ninguna.

La responsabilidad que tenemos como consumidores es básicamente saber que lo que hacemos tiene efectos, que, a su vez, terminaría por dañar a quienes menos esperamos. No se trata tampoco de detenernos, digo, al final las letras nutren nuestra mente tanto como cualquier otra cosa; a pesar de eso no está de más considerarlo dos veces antes de adentrarnos a un mundo que no sabemos si podremos manejar.

Como recomendación de esta semana les invito a leer uno de mis libros favoritos, que no es romance oscuro, pero si es humor negro: “La Vida Inútil de Pito Pérez”, del escritor mexicano José Rubén Romero, que fue publicada en 1938. Graciosísima, absurda, irrepetible. Una de mis preferidas cuando quiero darle algo ligero a mi cabeza y a mi día, que les cuenta la historia del hombre más desdichado del mundo por apenas una botella de licor, ¡si este fin de semana no saben cómo usar su tiempo de ocio esta opción les prometo que no se van a decepcionar!

Espero que nos sigamos leyendo la próxima semana.