América Latina no debe tener un nuevo imperio

HÉCTOR F. SALDÍVAR GARZA

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, de acuerdo a su forma de practicar la política, pretende gobernar toda América mediante generar pobreza en los países elegidos, a través del establecimiento de aranceles y control mediante sus centrales de inteligencia, como la DEA, la CIA, el FBI y, desde el exterior recibiendo el apoyo de organismos internacionales como la ONU y la OTAN.

Con estos elementos establece objetivos contra los países que no coinciden con sus políticas o tienen un ideario diferente y de preferencia, que se manifiestan débiles. Para ello también procura de manera permanente disponer de las armas más modernas y amenaza invadirlos si no aceptan sus propuestas.

En mi generación, desde el gobierno de Díaz Ordaz hasta el de Enrique Peña Nieto, no se había presionado al gobierno mexicano como en la actualidad. Algo trascendente en la conducta del mandatario es su manejo de principios neoliberales y otros con los que no compartimos totalmente, los cuales reflejan su interés principal en la política del libre mercado y el respeto a la iniciativa privada.

En los países que selecciona para agredir busca los productos que le hacen falta para sentirse satisfecho como nación, pretendiendo un poderío digno de reconocerse en el mundo.

En la actualidad, el petróleo es un recurso prioritario para el desarrollo científico y tecnológico de las naciones y Venezuela es el principal productor en el mundo, razón por la que fue seleccionado de manera pronta. Otros países como Colombia, México e Irán también están dentro de los objetivos más pretendidos de lograr por Estados Unidos y su presidente.

No debemos soslayar que otra razón por la que Estados Unidos tiene bajo su mira para sojuzgar es Cuba, por su diferente ideología, ya que es evidente que sólo considera como países amigos aquellos que persiguen sus mismos idearios.

Otra nación de su interés es Groenlandia por su situación geopolítica y sus bienes materiales. A todos ellos, los somete de manera similar; primero muestra su poderío y después los convence de firmar tratados para lograr sus propósitos.

Al profundizar en el acontecer actual vemos que ha sido constituida desde tiempo atrás la Doctrina Monroe, proclamada el dos de diciembre de 1823, estableciendo como fundamento esencial de su actuación en el mundo, que el “Continente Americano es para los Estados Unidos” y el presidente Trump está intentando hacer efectivo este lineamiento, pudiendo convertirse en un auténtico Imperio.

A Venezuela ya la obligó a aceptar la presencia militar el tiempo necesario para establecer el orden de acuerdo a lo que a ellos convenga; asegura que podrán ser muchos años y por lo pronto, está entregándole el petróleo para llevarlo a Estados Unidos, acciones ilegales que realiza con celeridad, quizá para no dar oportunidad a que otros países, como Rusia, China, Japón y la India, puedan unirse e intervenir como opositores.

En este caso, México y Brasil figurarían como clave para encontrar simpatías de Centro y Sudamérica, por la imagen con la que cuentan a nivel internacional; por lo consiguiente, la sociedad latinoamericana debemos actuar antes de que se problematice más la situación, ya que de no controlarse está en riesgo volver a ser libres.

Las alternativas que nos quedan como nación son pugnar porque el Partido Demócrata en Estados Unidos supere el ideario republicano para detener las acciones de su Presidente, además de que no ceda México en abandonar del todo el mercado oriental, como lo exige Estados Unidos, y vender los productos a los países que le convenga en lo económico y político.

Por otra parte, mantener la buena relación con Alemania para que continúe invirtiendo en nuestra Patria.

Existen varias aristas más sobre esta temática que no se han mencionado, lo cual realizaremos en próximas publicaciones.