HÉCTOR F. SALDÍVAR GARZA
Ayer escuché en las noticias de Milenio que visitó México el canciller español José Manuel Albares, dentro de una gira de tres días por países de Latinoamérica, seguramente como respuesta a la visita de la Presidenta de México y con el propósito de tener mayor acercamiento.
En seguida vino el Rey Carlos III, soberano británico a Estados Unidos. Se percibe con claridad que estos acontecimientos no son producto del azahar, sino un acuerdo previo con Donald J. Trump, con el afán de imponerse sus decisiones sintiéndose poseedores de una fortaleza adquirida a partir del año 1789 fecha, en que triunfó la Revolución Francesa ascendiendo el pueblo al poder, aniquilando a la aristocracia.
Para que ustedes dimensionen los sentimientos que se albergaron en la masa precaria contra el poder de los dirigentes de la nación, les comentaré una anécdota de cuando fui a París.
Con el objetivo de conocer algo más de la historia visité varios puntos claves que me informaran un tanto más de lo aprendido en libros y documentos relativos al tema.
Entre otras cosas pregunté a citadinos de la localidad sobre dónde estaba el Palacio de Tullerías, lugar que albergaba a la familia real y centro del poder imperial, su respuesta fue: “allá estaba” señalando un espacio vacío de una plaza céntrica, el cual estaba así porque la muchedumbre la había encendido y destruido hasta quedar en escombros…
A reserva del criterio que cada quien posea, pienso que el presidente Trump, mostrando una gran inconciencia, se ubica como gente del pueblo y considera que su actuar es pacificador, por ello se opone a que Irán posea armamento nuclear.
En estos entreveres observo a Alemania un tanto confusa, pero finalmente omisa a los acontecimientos agresivos de parte de Estados Unidos e Israel.
En cuanto a Gran Bretaña, en su relación con Estados Unidos, se han mantenido en gran unidad respaldándose, lo cual Trump podría, dadas las condiciones en un futuro cercano, categorizarse al nivel de un rey, pero esta situación debe meditarse profundamente.
Sin embargo, el monarca británico en sus declaraciones deja manifiesto la búsqueda de la democracia y no el absolutismo, que de alguna manera está persiguiendo Estados Unidos y en cambio propone la existencia de contrapesos en la relación “dirigencia y pueblo”.
Quizá en un futuro cercano Estados Unidos pretenda entronizar como rey, más el oriente del orbe, representado por China, Japón, Corea, continúa creativo en busca de horizontes con mayor bienestar para sus sociedades, por lo que se ubica distante de su control, en tanto que en algunos países latinoamericanos y de otras latitudes se pretende mantener intacta su soberanía.
Por su parte, los conflictos de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como Rusia contra Ucrania permanecen sin solución.
