¿La tecnología es buena o mala?

RAYMUNDO LARA RUIZ

Desde que el hombre empuñó la primera piedra comenzó a utilizar herramientas y con ello nació la tecnología. En sus inicios, esta servía para resolver problemas básicos: protegerse, cazar o construir refugios. Pero, al igual que aquella piedra podía ser usada para edificar, también podía ser usada para destruir. La tecnología de hoy enfrenta el mismo dilema: ¿es buena o mala?

El ser humano primitivo siempre estuvo en desventaja con los animales salvajes de su época. Sin embargo, lo que le faltaba en fuerza, agilidad, garras o dientes, lo compensó con creatividad, ingenio y terquedad. Fue esa capacidad de imaginar y construir lo que marcó la diferencia, y desde ese momento no ha parado de crear. Las primeras herramientas talladas en piedra no solo le dieron ventaja para sobrevivir, sino también encendieron la chispa del progreso.

Con el tiempo, esas herramientas evolucionaron en tecnología más compleja: el fuego, la rueda, la escritura y, siglos después, la electricidad y la computación. Cada invento resolvía un problema, pero también abría la puerta a nuevas preguntas: ¿cómo impactan estas creaciones nuestra relación con el mundo, con otros seres humanos y con nosotros mismos?

Regresando a la piedra, ¿creen que el ser humano de la prehistoria usó la piedra solo para obtener su alimento? ¡Pues claro que no! También la empleó para defenderse de los animales que lo veían como presa. Y, si todo hubiera quedado ahí, podríamos decir que la tecnología sería buena para el hombre. Sin embargo, el ser humano pronto descubrió que esa misma piedra podía ser utilizada como un arma para agredir a sus semejantes. Así nació una dualidad que ha acompañado a la tecnología desde sus inicios: una herramienta para proteger y construir, pero también un instrumento de destrucción y conflicto.

A lo largo de la historia se ha corroborado que quienes tienen en sus manos la información y la tecnología más avanzada son los que han levantado o derrocado imperios. Desde la invención del hierro, que dio ventaja a ciertas civilizaciones en la guerra, hasta la navegación marítima, que permitió la expansión de los grandes imperios coloniales, el control de la tecnología ha sido una herramienta de poder.

En la Revolución Industrial, quienes dominaron las máquinas a vapor y los procesos de producción en masa transformaron el comercio y consolidaron su influencia global. Más recientemente, en la era de la información, el acceso y control de los datos digitales han redefinido la geopolítica, otorgando poder no solo a las naciones, sino también a grandes corporaciones tecnológicas.

La tecnología no solo decide quién gana o quién pierde, sino también quién escribe la historia.

Estimados lectores, el ser humano nunca dejará de desarrollar tecnología, pero debemos preguntarnos: ¿estamos creando un mundo más justo o más desigual? Hoy, la inteligencia artificial se presenta como uno de los avances más poderosos, pero también plantea nuevos retos. Su impacto dependerá de cómo decidamos usarla: para mejorar la vida de todos o para reforzar las desigualdades. El futuro está en nuestras manos, y las decisiones que tomemos hoy marcarán la sociedad del mañana.