ASBEL MAR
Bienvenidos a este espacio de opinión, en donde se analizará el origen de las tendencias actuales en plataformas digitales y cómo estás pueden influir en el comportamiento de infancias, jóvenes y adultos, positiva o negativamente.
Este es un enfoque crítico y social que pueda explicar el papel de estos fenómenos dentro del crecimiento y desarrollo de la sociedad contemporánea. Comenzamos con el tema del día.
Alguna vez creí que realmente estábamos cambiando al mundo con la fuerza colectiva de nuestras palabras, con la repetición de discursos revolucionaros que amenazaban con desestabilizar a aquellos que (por terrible que fuera) se encontraban estratégicamente puestos en el poder.
Éramos la generación de la unificación contra los que se negaban a cambiar, tan liberales que… ¿nos convertimos en conservadores? Difícil explicarlo.
La cultura de la cancelación parte desde atreverse a decir algo hasta atreverse a apoyar a alguien, es la voz del pueblo digitalizada. Puede interpretarse como la exposición de las injusticias, pero también es la fe ciega en aquellos (que bajo nuestros criterios) consideremos vulnerables, es decir: víctimas.
Aunque es innegable que las “cancelaciones” han permitido la visibilidad de cientos de situaciones que de otro modo no conoceríamos, también es importante tener en cuenta que en el presente pueden ser, en su mayoría, utilizadas como armas, más que como herramientas, por lo que es fácil suponer que estas plataformas y movimientos sociales, que anteriormente daban espacio a las voces que antes no podíamos escuchar, se han infestado de palabras amenazantes, que intimidan a quienes se prueban tener una opinión contraria a la de ellos, por mínima que sea.
La cultura de la cancelación ahora no es más que una reclamación absurda de poder, vivimos en la época donde cometer un error es impensable y es muchísimo peor que te disculpes por ello, claro, el propósito principal de una cancelación es la exposición (humillante en el peor de los casos) para demostrar que cometiste una falta irreversible y que debes pagar con la condena del señalamiento, impartida por quienes son moralmente superiores que tú, aquellos que tienen el derecho legítimo de pasar por encima de los demás y que se han auto-otorgado el derecho de enjuiciarte.
Esto no quiere decir que los actos no deberían tener sus respectivas consecuencias y que el maltrato, discriminación o rechazo no corresponderían a ser corregidas y erradicadas; sin embargo, la cancelación no consigue llegar a ninguno de estos puntos.
Ni corrige al victimario ni protege a la víctima, más bien da acceso a que los espectadores disfruten de un banquete de estímulos colectivos donde puedan opinar (para el lado que sea) sin sufrir represalias de ningún tipo por ello.
La expresión “odio odiar” representa, al menos en lo personal, lo que engloba la cancelación.
Simples emociones espontáneas que no dan lugar a una solución real sólo fomentan y propagan el odio masivo a cualquier problemática social. Ya ni siquiera se trata de atraer la atención de autoridades que puedan ofrecer soluciones, perece ser que la simple disminución de seguidores, comentarios negativos y algunos “memes” son suficientes para que el público se calme y olviden lo que sucedió en primer lugar.
Lamentablemente para quienes están del lado que se considera “cancelado” no pierden realmente algún beneficio, en realidad es todo lo contrario, continúan con las mismas oportunidades de defenderse, con toda clase de altavoces que puedan permitirse y así se continúe hablando de ellos.
Dicen que la mala publicidad no existe y en parte es cierto, pero los únicos capaces de propagarla somos nosotros. La única forma de atacar situaciones de esta clase no es por medio de insultos mediante plataformas digitales, más bien es ejecutando acciones que, por minúsculas que sean, ayuden a cambiar el “chip” de quienes nos rodean.
Por supuesto que no será sencillo, es más fácil odiar algo que tratar de entenderlo, a pesar de esto la única forma de empezar a ser la solución y promover ambientes que realmente sean resolutivos es comenzando con nosotros mismos.
