RAYMUNDO LARA RUIZ
No, no se trata de una final de futbol contra Holanda, ni del Agente Naranja que Estados Unidos usó en Vietnam contra el Vietcong, ni del hongo que destruye los cítricos en Santa Engracia, Tamaulipas. A diferencia del futbol, que solo hiere el orgullo nacional, los otros ejemplos devastan economías.
Pero no: hoy hablamos de un solo hombre que está dañando economías. Y no me refiero al pintor austriaco del siglo pasado, responsable de la muerte de millones de judíos, quien usó como eslogan que todos los males de su país eran culpa de ellos. Aunque, curiosamente, este otro personaje también ha culpado a los latinos de los problemas de su nación. Ya saben de quién hablo: Donald Trump.
Aunque esta columna trata sobre ciencia, tecnología y sociedad, no podemos ignorar la economía y la geopolítica, ya que todo incide en el desarrollo y el bienestar de un país.
Por eso resulta increíble que este «personaje naranja», con solo unas palabras en redes sociales, pueda desestabilizar economías, frenar proyectos estratégicos y obligar a otras naciones a ajustar presupuestos, todo por las expectativas que genera el presidente del país vecino.
¿Qué ha provocado el ocupante de la Sala Oval en tan poco tiempo?
En lo más urgente, ha avivado el conflicto entre Israel y Palestina. Cada bando justifica sus acciones, irónico, pues se trata de pueblos profundamente religiosos que comparten ancestros comunes y hoy se destrozan mutuamente.
Este es solo un eslabón de una cadena: Palestina, percibida como el más débil, recibe apoyo de naciones musulmanas; los hutíes atacan barcos vinculados a Israel en el mar Rojo. Oriente Medio arde, y con ello se frena el progreso global. La tecnología no se detiene, pero es una tecnología de guerra, alimentada por una inventiva sin límites para dañar al otro.
Estimado lector: Aunque Donald Trump no originó los conflictos bélicos globales, su política exterior ha generado caos. Ejemplos claros:
1. Aranceles: Su guerra comercial con China y Europa desestabilizó cadenas de suministro.
2. Groenlandia: En 2019 propuso comprar este territorio danés por sus recursos (minerales raros), revelando su visión transaccional de la geopolítica.
3. México: Aquí el abuso es sistemático. Primero fue el muro (2017), luego la renegociación del T-MEC (2018–2020), y siempre amenazas migratorias. Cada vez que cedemos, él inventa una nueva demanda.
¿Por qué tolerarlo? Porque el 80 por ciento de nuestras exportaciones van a Estados Unidos. Trump sabe que, pese a su retórica anti-México, necesitamos su mercado, y él necesita nuestra mano de obra barata. Es una dependencia mutua, pero asimétrica.
El inquilino de la Casa Blanca exige igualdad en el comercio mundial, argumentando su déficit comercial con otras naciones. Sin embargo, resulta contradictoria esta postura cuando el dólar se impuso como moneda de reserva global mediante el poder económico y militar de Estados Unidos; cuando el sistema SWIFT (administrado por bancos estadounidenses) es obligatorio para la mayoría de las transacciones internacionales y cuando la Reserva Federal puede emitir dólares sin restricciones físicas.
Esta hegemonía explica por qué todos quieren venderle a Estados Unidos: tienen el sartén por el mango, pues controlan el sistema monetario internacional. Pero, como señalan economistas como Michael Pettis o Nouriel Roubini, este modelo es insostenible. La deuda pública estadounidense está creando una bomba de tiempo financiera.
Como pudieron leer, toda la columna trató, más que nada, de guerras: económicas y bélicas. Y nuestro país está como costal de boxeo, recibiendo golpes sin poder responder. No tenemos cómo hacerlo. ¿Y todo por qué? Porque no tenemos un consumo interno fuerte, porque nuestra economía se ligó sin restricciones a los Estados Unidos y porque no somos tecnológicamente independientes. ¿Podemos serlo? Sí, pero va a llevar tiempo.
Como profesor de educación media superior (y solo como opinión personal), apuesto por la educación como motor de cambio. Pero se tienen que hacer cambios. Con lo que hay, alcanza; no es necesario más presupuesto. Se puede, pero van a tener que escuchar a los que estamos frente a grupo, a los que queremos un México fuerte en ciencia y tecnología, y no solo hacer las modificaciones desde un escritorio.
Pero eso lo vamos a tratar en la próxima entrega, así que voy a ir afilando las críticas a nuestro buen, pero ineficiente, sistema de educación tecnológica.
Saludos y hasta la próxima.
