GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
La tragedia financiera que vive México hoy no puede seguir manteniendo un Poder Legislativo así de grande e inútil a los intereses de la patria, porque hoy, se tiene que decir, en todo el continente americano no hay un solo país, incluido EU, con un poder legislativo del tamaño, despilfarro económico y más que en México tenemos.
Son 500 diputados y 128 senadores cobrando, solo de nómina, más de 170 mil pesos en promedio mensual, además, los angelitos tienen todos sus gastos pagados, hoteles, restaurantes de lujo, vuelos comerciales, camionetotas, gasolina, asistentes, todo lo inimaginable lo tienen los legisladores federales.
Aaaaaahhh, pero se quejan del Poder Judicial, ¿verdad?, tan doble cara y doble moral, como muchos más.
Son ellos mismos quienes se votan sus propios privilegios y, como si los mexicanos fuésemos debilitados mentales, las joyas de la casta política pretenden tapar el sol con un dedo.
Y qué decir de los gastos, lujos y más que tiene el Poder Ejecutivo, caray, ¿para qué entrar en ese tipo de detalles?
Todo eso, además de tanta gente que no hace nada, pero eso sí, cada quincena están enchufados a la nómina oficial, es lo que tiene a México sumido en una profunda recesión económica.
Es inexplicable la cantidad de recursos que se erogan a manera de nómina pública, y como estrategia para seguir gastando más de los que deberían tratan de disfrazar el desastre económico, inventando al vapor una economía alterna, existente solo en esos «otros datos», con cimientos de humo, todo en base a la derrama económica generada por la dispersión de recursos indiscriminados en programas sociales, esos que aparentan ser un alivio económico, pero ¿a qué costo? Más deuda pública y cada año.
Aquí vale decirlo, sería prudente auditar esos programas sociales; nada más como un ejemplo, aquí en lo cortito, hay algunas denuncias ciudadanas, de quienes prefieren seguir anónimos por miedo a represalias, en las que involucran a servidores de la nación, con desvío de recursos producto de becas para «Jóvenes Construyendo», en el ejido El Olmo, aquí en ciudad Victoria.
Esas becas fueron cobradas, siempre en ventanilla, y el recurso jamás llegó a los jóvenes beneficiarios. ¿Dónde quedó la bolita?
Siempre hay prietitos en el arroz, hay que trabajar para corregir el rumbo, también se vale pensar en hacer las cosas bien.
El tiempo no es problema, pues se tardan exactamente lo mismo, todos quedarían más contentos, pues como servidores públicos para eso están.
¿Cuántos adultos mayores becados y pasa exactamente lo mismo?
Algunos hablan de decenas de miles, otros hablan de cientos de miles de becas que no llegan a dónde deberían llegar.
Aquí solo les dejamos las pistas de lo pasó, y de lo que está pasando cotidianamente con algunos programas sociales.
Que se escuche bien, si el Poder Legislativo fuese un tercio de lo que es hoy las finanzas del país trabajarían con números muy diferentes.
En el sector público no se gastaría más de lo que recauda, caray, no hay que ser doctor en economía por alguna universidad extranjera para entender algo tan simple y básico en economía: jamás gastar más de lo que recaudas, avisados están.
¿Y la gasolina?
Se acuerdan, en 2019, cuando el precio de la gasolina en México rebasó los 20 pesos por litro, muchos de los fanáticos de aquel líder opositor, cuando ya sentado en la silla grande, y en pleno «ejercicio del poder», lo defendían ferozmente, afirmando que en hipotético caso de que cualquiera de los otros dos candidatos, Ricardo Anaya o José Antonio Meade, hubiesen ganado aquella elección en 2018, la gasolina costaría más de 25 pesos,
¿Y qué creen?
Anaya y Meade no ganaron y me pueden decir ¿cuánto cuesta la gasolina hoy? Que no falle la memoria, ellos lo dijeron y hoy solo se los recordamos,
¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que cantinero?
Las cosas se van acomodando, de manera tal que hace apenas un año, el enemigo público número uno para la administración pública, y de la patria misma, era Felipe Calderón Hinojosa.
Se acuerdan que todo fue su culpa por seis años.
Hoy, a falta de aquellos mismos resultados, ya no pueden usar al mismo villano, al mismo enemigo público, no me crean a mí, lo pueden confirmar ustedes mismos amables lectores, el villano del momento cambió y hoy se llama Ernesto Zedillo Ponce de León,
¿Así o más descarados?
Dicen, y dicen bien, si aquella fórmula funcionó por seis años, para anestesiar a la fanaticada, y además culpar a otros de sus propios errores y del desastre que tiene al país entero, en manos de intereses ajenos al bienestar ciudadano, la seguirán aplicando al pie de la letra, cueste lo que cueste. Por mi parte… ¡Es cuanto!
