GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
¿Antes del inicio de esta obra alguna vez contemplaron una segunda opción? Si bien es cierto que la presa Vicente Guerrero mantiene niveles aceptables, que rondan la mitad de su capacidad de llenado, las fugas en la red de distribución capitalina son el problema.
¿Para qué traer más agua a lo mismo? Vale decirlo, a desperdiciarse.
Usando el sentido común, y en una sociedad normal, primero sería el número uno, y después el número dos, y así en consecuencia según el criterio de alguien con un mínimo de inteligencia.
Primero, hay que reparar las fugas, cambiar la red de distribución completa, si así lo amerita el daño y el caso; ojo, es muy importante decirlo, no es culpa de nadie, son los años, el tiempo pasa y la red se tiene que rehabilitar.
Segundo, después ya se podría pensar en un segundo acueducto, podría ser una línea nueva que venga de la parte alta del rio san Felipe, allá en la montaña, se pueden perfectamente agregar 200 litros por segundo, a la línea de distribución capitalina.
Incluso, se puede hacer un acueducto gemelo, al mismo que existe hoy, pero que venga por el otro lado, en la misma carretera Victoria-Soto la Marina.
Ojo, un acueducto que aproveche los excedentes que bajan en cada temporada de lluvia desde la presa La Lajilla, ubicada en el mismo Arroyo Grande o Arroyo de Villa de Casas, aguas altas, y de ahí agregar también otros 200 litros más por segundo, sería algo complementario a lo que tenemos hoy, obviamente después de la hipotética rehabilitación total, en la red de la Comapa local.
En teoría, arreglando las fugas a Ciudad Victoria le sobraría agua para cubrir la demanda ciudadana, sin tanto show y sin tanto listón, ni más ni menos.
La importancia de las vacunas
Desde hace décadas el modelo mexicano de aplicación de vacunas fue ejemplo internacional, es una realidad decir que ese modelo fue tomado como ejemplo por otros países, para replicarlo en sus sistemas de salud.
Aún recuerdo cómo era común encontrar en las tiendas de autoservicio enfermeras certificadas, con identificación o gafete oficial montaban un módulo, algunas veces improvisado, donde tenían una pequeña mesa, y un par de sillas, en ese mismo módulo, tomaban la presión y además aplicaban muchas vacunas, siempre de manera gratuita, como un servicio a la ciudadanía, algo muy profesional, atendían igual adultos que infantes.
Era una labor casi invisible, pero muy constante y además efectiva, lamentablemente puedo decir que tengo años de no saber sobre esas brigadas de vacunación, ya no regresaron a la escena local.
Era notorio que antes había suficiencia en todo el catálogo de vacunas, eficiencia en el resguardo y manejo, se cumplía con la cadena de frio, utilizando thermos y hieleras, con refrigerante en gel, en verdad daba gusto ser atendido y vacunado contra tétanos, varicela y sarampión en esos módulos de los supermercados, a mí me tocó cuando fui niño.
Esperamos alguna estrategia por parte del oficialismo y que regresen los módulos de vacunación, que se vea el talento y el profesionalismo oficial.
Un año después
Hace poco más de un año inicié con una aventura más en mi carrera como comunicólogo.
Agradezco de manera puntual a todo el equipo de profesionales que hoy forman parte de esta gran familia digital, El Espectador, al gran equipo de colaboradores y soporte técnico, gracias por toda su paciencia y comprensión.
Gracias a mi amigo Diego López Bernal por la confianza, por brindarme la libertad de escribir y opinar sobre cualquier tema, sin limitantes y restricciones editoriales, sin censura, sin línea.
De manera personal, y sabedor que no soy el único, valoro mucho mi libertad de pensamiento y opinión, por todo esto y más, seguiremos arrastrando el lápiz, hablando de temas nacionales y locales, siempre en busca de la noticia, de la opinión pública, del sentir ciudadano, para acabar por el principio, en busca de la verdad.
Y que sean muchos años más.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
