GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
La óptica ciudadana nacional escucha un discurso por parte del oficialismo y percibe un mundo alterno, paralelo al de la narrativa oficial.
Unos dicen que bajaron los delitos, también dicen que todos los centros de salud están equipados y tienen medicamentos suficientes, que la economía va muy bien, que los programas sociales están funcionando.
Bien, todo depende del enfoque con que se midan esas afirmaciones.
Otros, con igualdad de derechos, dicen que en la calle la situación es completamente diferente, incluso es imposible viajar de noche, algo que antes era común en la sociedad mexicana.
También dicen que los centros de salud no tienen suficiencia en equipamiento y medicinas, faltan especialistas; también ellos dicen que el súper está muy caro y que el precio de la carne está por las nubes; algunos valientes nos dicen que los servidores de la Nación les piden «la atención», cuando así se requiera, para atender «con la causa» el llamado del partido de moda, cuando así se requiere.
Claro, no vaya usted amable lector a creer que les obligan, noooo, a los beneficiarios de algún programa social se les pide de manera «voluntaria», diciendo sin decir, lo que todo mundo sabe y además les recalcan lo importante que son para ellos esos apoyos, así como la ventaja de seguirlos recibiendo. Siembran en la población la esperanza de que en un futuro llegarán más, porque «amor con amor se paga».
Así se las gastan en gran parte del oficialismo, la fórmula no cambia, es la misma que antes, cuando opositores tanto criticaban.
¿Entonces? Si le creen a los cantineros, que antes eran borrachos, los que dicen que ya no pasa lo que antes pasaba, también se vale, es un punto de vista muy respetable.
Pero que quede bien claro, igual de respetable es tener una opinión completamente opuesta a la narrativa Disney del oficialismo. Es un derecho constitucional pensar lo que se nos venga en gana, podemos hablar de lo que vemos aquí y lo que vemos allá, podemos opinar si hay tremendos baches por toda la ciudad, tenemos que denunciar la problemática, es nuestra responsabilidad civil y moral como mexicanos.
También si vemos buen trabajo, o todo lo contrario, en la Delegación de Tránsito local, se tiene que decir, es una oficina pública y como tal tiene que trabajar en beneficio de la ciudadanía.
Si observamos que la recolección de basura está bien, o está mal, también se tiene de decir, hay un área oficial municipal encargada de brindar ese servicio, se paga con dinero público y nadie se debe ofender, para eso es la comunicación y el diálogo entre la ciudadanía y el Estado.
Ahí está la clave del éxito en todo, con rendición de cuentas y transparencia en el ejercicio del dinero público se soluciona todo, no es tan difícil pues.
Es fundamental la retroalimentación, que la casta legislativa desquite la beca y hagan lo que en teoría les corresponde, que caminen el territorio, para saber lo que pasa, sin filtros y sin serpentinas felices, que no les cuenten las cosas, hay que salir para poder verlas pues mientras la realidad no se reconozca las cosas seguirán igual de mal o peor como hasta al día de hoy.
No se pueden ocultar los millonarios desfalcos al erario público, causados por los enormes buques, también por el desfalco en Segalmex, por el descarado manejo y la total opacidad en la construcción de las faraónicas obras de aquel nefasto viejo bolivariano,
Por cierto, son obras que tienen enormes incrementos a manera de sobrecostos, este método sigue funcionando, solapado desde el más alto nivel político; decía mi abuelita, «por algo ha de ser».
Dice la historia que así pasa cuando en la kermesse bolivariana de dinero y poder quien toma decisiones pierde la noción de lo que está bien o está mal.
Hoy abrazan los privilegios que antes tanto criticaban, hasta usaron ese patético tema como parte de su narrativa en campaña, recuerdo cómo decían, prácticamente desgarrándose las vestiduras: «No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre».
Lo hacían casi al borde de las lágrimas, farsantes, son tan predecibles en su actuar que sacan a relucir solitos todo el pergamino de malas prácticas, tráfico de influencias y corrupción, todo lo que llevan en su interior bien guardadito.
Se sienten pueblo, pero actúan como fifís, pregúntenle al inútil de Gerardo Fernández Noroña, tan farsante igual que su pandilla legislativa.
Si las finanzas públicas no salen a flote es porque simple y sencillamente despilfarran el dinero público, no hay un filtro para que se excluya por completo a personas que reprueben en estrictas pruebas psicométricas y de buen comportamiento, algo que debería ser indispensable para poder ser servidor público, para ser candidato a cualquier puesto de elección popular.
Para decirlo fuerte y claro, cualquier persona que maneje dinero público tendría que pasar por todos esos filtros que aseguren ética, moral y honestidad.
Estoy seguro que si eso se hiciera por ley México, muy probablemente en un solo sexenio, pagaría la deuda externa y se dejarían de fabricar nuevos ricos, cada tres o seis años, esa fórmula tiene décadas, es patética e inmoral, y además ajustando todo desde los cimientos, la economía se reflejaría en toda la sociedad, jamás para beneficiarse solo unos cuantos, como sigue pasando hasta el día de hoy, en el mundo de los farsantes de moda.
México está enfermo, enfermo de corrupción, de gente apática por defender a su país, viviendo con un enfoque individualista, jamás para crecer como sociedad.
En México los vecinos se pelean por un espacio de estacionamiento, lamentablemente la intolerancia llega a esos límites, incluso cruzan más allá, así como lo lee usted amable lector, por un estacionamiento, así de mal andan muchas cosas.
Y sigue la misma canción
En México las crecientes repentinas en los ríos durante la temporada de lluvias se lleva colonias, incluso ciudades enteras.
El Estado, en un acto cobarde, se lava las manos, diciendo que fueron lluvias atípicas, que no es su responsabilidad pues no dio tiempo para avisar a la población, ignorando el peligro en las márgenes de esos ríos.
Me atrevo a decir que México es el único país del mundo que tiene a una licenciada en artes, como Coordinadora Nacional de Protección Civil, y esto desde hace más de cuatro años (una rayita más del viejo bolivariano).
¿Cuántas tragedias tardarán en reaccionar? ¿Cuántas vidas de mexicanos más?
Es muy importante compartirles a los responsables de esta negligencia oficial un principio muy básico, en la lógica y la vida: «no se puede hacer lo mismo, esperando resultados diferentes».
Mientras no quiten a la dama de ese lugar los resultados seguirán siendo como hasta hoy, ni más ni menos.
Lágrimas, tragedia y pérdidas humanas; no cabe duda de que reprobados están.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
