JUAN R. GIL
La calle real, o el camino real, era la principal conexión entre la Villa de Aguayo y otros pueblos importantes de la región. Era llamado “real” por ser la vía de entrada y de salida del comercio y los viajeros, especialmente de Tula y Jaumave, Tamaulipas, cruzaba por lo que hoy conocemos como la calle Morelos, en la Capital del Estado.
La historia de Tamaulipas es muy rica y extensa, y para adentrarnos en lo profundo de sus etapas te invito, querido lector, a viajar en el tiempo por uno de los pueblos mágicos del Estado, punto de partida de este viaje, con la muy poética canción “El Cuerudo”, de los compositores Lorenzo Barcelata y Ernesto Cortázar:
Yendo de Tula a Jaumave
Me encontré con un ranchero
Traía su cuaco retinto
Venía vestido de cuero.
Le pregunté pa’ dónde iba
Haciéndose el retozón
‘Voy pa’ Victoria’, me dijo
A darle vueltas a mi amor.
Ay, qué chula es mi morena
Cuando la voy a besar
Si quiere nos casaremos
En mi lindo Tamatán.
Alegre se fue cantando
Por el filo de la sierra
Tamaulipas es mi tierra
Para el que lo ande dudando.
Y si a alguno no le gusta
Pues que lo venga a arreglar
Que el cuerudo de mi tierra
Nunca se sabe rajar.
Tula, Tamaulipas, México…
Tula, Tamaulipas, tiene altitud media de mil 162 metros sobre el nivel del mar. Su clima es semiárido cálido.
El nombre «Tula» tiene raíces indígenas, aunque no se puede determinar con certeza si el nombre precede o es posterior a la fundación del pueblo en 1617. En México, el término «Tula» suele estar asociado con asentamientos de origen tolteca, aunque en este caso su origen específico no está completamente documentado. Tula es reconocida como Pueblo Mágico, destacando por su arquitectura del periodo porfiriano y su artesanía tradicional, como la famosa «cuera» tamaulipeca.
Los Huachichiles…
En el noreste de México, un grupo de nómadas y seminómadas, custodiaban los cerros y las cañadas de la sierra madre oriental, en tanto ejercían labor de caza. Era el auge de la proliferación de venado cola blanca, liebres y víboras de cascabel, sin desestimar los tejones, armadillos, coyotes y jaguares.
También era el tiempo del peyote y los huacales, de los cuales aún se conserva sus raíces del dialecto de los Huachichiles.
Cabezas pintadas de rojo…
Eran expertos en el arte de la guerra, acostumbrados a pintarse la cabeza (el cabello) de color rojo, como símbolo de fuerza en combate, tenían cultos a deidades del México prehispánico, el sol y la luna, mismos que ejercían influencias en su percepción humana (fertilidad), sus ciclos para la cacería (etapas de apareamiento) y las estaciones, en especial, la del verano, en la cual, se adaptaron a las altas temperaturas en las regiones de Zacatecas, San Luis Potosí, y noroeste de Tamaulipas.
Aún se conservan rasgos culturales de ellos, como las danzas tradicionales, la música con instrumentos de percusión y algunas palabras de su dialecto, con el creciente interés de preservar su lengua, el huachichil.
¿Quiénes son estos que visten distinto?
Ante la llegada de los colonizadores y junto a ellos los Frailes Franciscanos, al principio, fueron muy recios en recibir la nueva Evangelización, y aquí me detengo a resaltar un contraste entre la Conquista y la Evangelización:
Mientras los pueblos originarios se deslumbraron con la cabalgata y en vestidura de metal de los europeos, en especial de la llegada de los caballos y mulas con jinete a la región, haciendo gala de sus ornamentos de guerra y armas sofisticadas de la época, el impresionante contraste de la llegada a pie de los monjes con sandalias, una solo túnica café, el cíngulo ajustado a su humilde envestidura eclesial y su amor por la naturaleza acorde a su fundador, San Francisco de Asís, así como su carisma de caridad para traer en el Evangelio la práctica y con testimonio de vida austera, en sus votos de pobreza, castidad y obediencia. Esto, llenaba de confusión la huasteca que custodiaban los huachichiles sobre los frailes, que afinaban puntería con sus arcos y flechas envenenadas a la llegada de cualquier intruso.
Los Franciscanos consagraron dos hermosos altares en sus templos, a la que acuden hoy día miles de peregrinos, en especial la del Santuario de San Francisco de Asís, en Real de Catorce, y al de San Antonio de Padua, en Tula Tamaulipas, dos grandes joyas de aquel tiempo, la primera, en el Santuario, un gran número de postales hechas a mano que escriben a mano y con dibujos las gracias y favores recibidos por Dios a través del Santo de Asís, y en Tula, el crucifijo más antiguo de Tamaulipas, según una antigua leyenda, este fue encontrado en el mar por unos pescadores, pero se hizo tan pesado, que no pudieron moverlo al centro del país, y decidieron dejarlo en Tula, donde los Franciscanos encontraron un lugar para él. En ambas, la sencillez, la hermosura y el recuerdo en sus paredes de una transición de un culto a deidades a un culto la Dios encarnado y vencedor de la muerte en el Árbol de la vida: La Santa Cruz.
La gastronomía y los recursos naturales
Los mezquites, las tunas, el nopal, entre otros elementos formaban parte de su dieta, junto a la riqueza gastronómica que hasta hoy conservan todos los derivados del maíz y el frijol.
Algo había en la región que llamaba a la ambición de la corona, un metal precioso: La Plata.
Esta región era un caudal de vetas de este precioso metal, junto con el plomo, el mercurio y el cuarzo.
Algo bueno han dejado…
Cada municipio en Tamaulipas tiene su propia historia, un origen que es saludable conocer, porque forma parte del patrimonio cultural, social y político, y contribuye a vislumbrar en cada etapa de esta serie, la necesidad de entregar a las nuevas generaciones, un panorama más completo de aquel que los libros de texto nos ofrecían.
Es por supuesto importante conocer historia universal, los grandes imperios a través de los siglos, las grandes civilizaciones, a Cervantes, al “Gabo” García Márquez, los manuscritos de Palestina, entre otros tantos, pero igual de importante, es conocer nuestros antepasados, nuestros héroes que habitaron en nuestra tierra, aquellos que aportaron cultura, riqueza social, tradiciones, música, danza, y fe.
A todos aquellos que nos dieron una identidad y que, en el tiempo, se han diluido sus nombres, en la transformación prehispánica, revolucionaria y evangelizadora, este humilde tributo, entre ellos:
- Fray Andrés de Olmos
- Fray Juan Bautista de Moliendo
- Fray Simón del Hierro
- Fray Vicente de Santa María
Aunque no se conservan nombres de jefes Huachichiles, algunos relatos coloniales mencionan a Xicoténcatl, a mi derecho reservado de opinión, un buen jefe, que supo dividir la llegada de la fe, con la llegada de la Conquista, y en los dos escenarios, concilió como un buen líder.
Por supuesto, en este espacio dedicamos las letras a la memoria de:
- José de Escandón
- Emilio Vázquez Gómez
- Luis Caballero
- Mariano Escobedo
- Emilio Portes Gil
Te invito a continuar en esta serie de la Política en Tamaulipas, visitando en la historia, los municipios más importantes del Estado, para seguidamente, adentrarnos en el arte de hacer vaya la redundancia “buena política”. Nos leemos la próxima semana.

Recreación de IA de Frailes Franciscanos y Huachichiles.
