La carencia de dirigentes humanistas convulsiona al mundo

HÉCTOR F. SALDÍVAR GARZA

El desarrollo de una sociedad depende fundamentalmente de su dirigencia. En el caso de México, en el primer año de gobierno de la doctora Claudia Sheibaum se ha logrado una aceptación de 77.5 por ciento, según encuesta de “FactoMétrica y Reporte Índigo” realizada entre el 19 y 22 de enero de 2026.      

Este resultado deja entrever la satisfacción del pueblo por el trabajo efectuado, que ha sido intenso y desempeñado con honestidad diáfana; ambos factores: la entrega a su compromiso presidencial y el mantener una conducta dentro de la ley.

Es notorio que su proyecto denominado la 4T es continuación del desarrollado por el expresidente de la República, Manuel López Obrador (AMLO), y la base de este constructo es colocar en la prioridad de las políticas sociales el apoyo a los pobres, quienes durante diversos gobiernos fueron sesgados del avance social, mediante regímenes de marcada tendencia derechista sustentada en el modelo capitalista denominado neoliberal.

Durante un largo tiempo se especuló sobre el hecho de que AMLO ordenaba a la actual Presidenta los lineamientos de gobierno; esto se ha ido diluyendo al conocerse su pensamiento y datos de su historia de vida antes de que fuera funcionaria.

Lo cierto es que entre ellos existe una gran coincidencia de criterios; tal cuestión la comprendo con solvencia porque desde mi época de juventud en el Instituto Politécnico Nacional, institución donde cursé la vocacional y la licenciatura, este pensamiento e ideología lo observé en una gran cantidad de estudiantes y profesores, quienes en lo común emergieron como nosotros de familias clasemedieras surgidas del esfuerzo personal, o bien que tuvieron como consejeros o guías educativos a personas que los proveyeron de una formación humanista, que fue relegada a partir del acentuamiento de las ideas capitalistas y concretamente de la cultura sajona de la Unión Americana.

La penetración de esta formación se ha logrado a través de organismos diversos que han empleado los Estados Unidos y países aliados, pero también con la anuencia e incluso cooperación de algunas personas e instituciones que comulgan con esos principios o se encuentran estrechamente relacionados con ellos, por intereses diversos.

Los organismos principales que fomentan y defienden la difusión de la cultura de Estados Unidos son los multilaterales: Organización de las Naciones Unidas y la Organización del Atlántico Norte (OTAN), ambos construidos por el poder de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.

Previo a este acontecimiento, la fuerza mundial la concentraba Alemania, la cual fue cercada hasta obligarla a capitular en el año de 1945. Los países que la invadieron fueron Estados Unidos, por el occidente, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), hoy Rusia, por el oriente.

 De acuerdo con datos históricos, Rusia fue quien se enfrentó a ellos primero en terreno soviético y finalmente la obligaron a rendirse.  El hecho de que la forzaran a aceptar su derrota los motivó a construir el denominado Muro de Berlín, que dividió al país en dos secciones, facilitando respetarse las áreas de influencia, lo cual en gran parte no se ha cumplido del todo.

En estos últimos meses estamos como mundo padeciendo el surgimiento de una persona con afanes de grandeza universal, similares a quien provocó la Segunda Guerra Mundial; este responde al nombre de Donald J. Trump, a quien, antes de que provoque una nueva conflagración internacional, debe frenársele por el bien de la humanidad.