GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
La ciudadanía siempre se acopla a las circunstancias, y como mexicanos entendemos la situación actual que viven las finanzas públicas del país.
Pero pedirle a la gente ahorrar y mesurar el gasto cuando la inflación ahoga todos los meses, con incrementos en muchos de los productos de la canasta básica.
¿Se acuerdan de aquello de que las tortillas de maíz que cada kilo costaría 25 pesos si hubiesen ganado Meade o Anaya en 2018?
No se ría usted por favor amable lector, pero efectivamente, el chiste se cuenta solo.
¿Se acuerdan de aquellas gasolinas y diésel que costarían más de 25 pesos, si hubiesen ganado Meade o Anaya?
¿Se acuerdan de la inseguridad que llegaría a tope si hubiesen ganado Meade o Anaya? En aquellos discursos sonaban muy bonito.
Lamentable vamos mucho peor, comparado con aquel pronóstico de campaña en 2018, las cosas no se hacen diciendo algo pero haciendo completamente lo opuesto en lo oscurito.
No se vale decirle a la gente lo que sus oídos quieren escuchar y, por debajo de la mesa, hacer exactamente lo mismo, o peor, que aquellas cosas que como opositores tanto criticaron.
¿Por qué siguen viviendo en las mismas casas de gobierno como si fueran esas monarquías europeas que tanto critican, pero igualmente pagadas por el pueblo?
¿Por qué siguen volando en helicópteros, jets y aviones pagados por el pueblo?
¿Por qué siguen usando camionetas de lujo blindadas, pagadas por el pueblo?
Tengo que preguntarles muy honestamente, ¿qué les pasó, se volvieron locos?
A poco tan rápido olvidaron todos aquellos discursos incendiarios, esos que provocaron enojo y cólera en la ciudadanía, en contra de aquella casta neoliberal y hoy, envueltos en la bandera tricolor, se creen tocados por fuerzas divinas.
Hoy se sienten merecedores de todo aquello que usaron y criticaron en sus discursos, burdamente y solo para llegar al poder. ¿Y todo para qué? Caray para llegar y hacer exactamente lo mismo.
Mal, muy mal.
¿Por qué no le preguntan a la gente si están de acuerdo en mantener la vida de mirreyes que se dan, familias completas en cada una de las 33 casas de gobierno, además de los helicópteros, aviones y troconas blindadas? Son miles de millones de pesos y quizás aún más.
Definitivamente ante algo así el pueblo bueno y sabio tendrá la mejor decisión.
Eso sería lo correcto, deben preguntarles a quienes pagan las cuentas, o sea a la ciudadanía.
¿Qué le pasó a Gattás?
Apenas al inicio de esta semana, antes de la ceremonia de honores a la bandera, en la entrada del lugar, el secretario de Gobierno, Héctor Villegas (“El Calabazo”) platicaba de manera normal con el alcalde capitalino, después de unos minutos, el Secretario levantó la mirada a su alrededor, y buscó entre los asistentes ahí presentes al Secretario del Trabajo del Gobierno estatal, Gerardo Illoldi.
Hasta ahí todo bien, se integró a la plática junto a Gattás y Villegas, algo pasó pues y sin entender en qué momento Gattás perdió la compostura, le llegó un lapsus de locura y, ante la situación, el mismísimo Secretario General de Gobierno tuvo que ponerse en medio del Alcalde y del secretario Illoldi.
No entendemos cómo se puede perder la compostura y además hacerlo frente a tanta gente, en medio del arranque de un evento oficial, como lo es la ceremonia de honores a nuestra bandera nacional.
Hasta para hacer esas cosas hay lugares, momentos y formas; qué lástima que se pierdan así las formas y mucho más entre integrantes de un mismo movimiento.
Hacen falta muchas cosas más, aparte de un nombramiento, como para perder de vista, y no entender, lo que representa cada uno de los servidores públicos, que fueron elegidos «haiga sido como haiga sido» por el pueblo.
Se entiende, ojo, mas no se aplaude, que algunas personas no tengan suficiente irrigación sanguínea en la parte alta de sus cuerpos, ojo, no es delito, pero para evitar eso, en cualquier tamaño de nombramiento, debe contar con una asesoría ajena al grupito de aduladores, esos mismos que regularmente acompañan a «la estrella del momento».
Deben tener gente profesional con un pensamiento diferente, objetivo, racional y de diálogo. ¿Por qué?
Porque definitivamente el otro modelo tiene muchas fallas y, además, son cosas que no se pueden repetir.
Es prudente bajarle dos rayitas a la espuma de su champurrado, ni más, ni menos, nada más «lo que es».
El dato cultural…
Antes, cuando gobernaban aquellos ladrones neoliberales, las cosas en México estaban tan mal que había 99 por ciento menos asaltos en carreteras a transporte público y de carga, también había 99 por ciento menos choferes desaparecidos, 99 por ciento menos de automóviles y camionetas robadas a particulares.
Para acabar pues, en aquel tiempo, usted amable lector al igual que yo, podíamos viajar por cualquier carretera de México, a cualquier hora del día y también a cualquier hora de la noche.
¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que ser cantinero?
Por mi parte… ¡Es cuanto!
