GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Desde la pasada generación, los establos productores de leche poco a poco desaparecieron en Ciudad Victoria y la región, aquellas vacas pintas quedaron en el baúl de los recuerdos.
En el único lugar donde hoy puedes ver ese tipo de animales es en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, aquí en la escuela de la UAT, en la salida a Llera. En el campo es muy raro.
¿Por qué cerraron los establos?
Sigue siendo un secreto bien guardado por aquella industria de la leche, probablemente «los viejos» no dejaron un relevo generacional para seguir al frente, con el manejo y cuidado del establo, los hijos se fueron a estudiar y emprendieron en otras actividades, pero el tema principal fue que dejó de ser una actividad atractiva, económicamente hablando.
Usando el sentido común, en cualquier actividad donde cuesten más los insumos que la misma producción ¿quién se queda?
Las razas se fueron cerrando tanto que hoy toda la industria genética en ganado productor de leche, en cada diferente raza, por ejemplo, en la raza Holstein (pintas de nego), están emparentados genéticamente y son vacas muy productivas, sí, pero sólo en ambientes abarrotados de insumos, suplementos y comida.
Cabe mencionar que los insumos en el vecino país del norte son muy inferiores en costo que insumos aquí en México.
Ejemplo: Si una vaca produce 20 litros de leche al día, pero para producirlos se come un cuarto de paca de alfalfa (50 pesos), media paca de zacate (20 pesos), diez kilos de grano molido (60 pesos), concentrado, minerales, sal y melaza (30 pesos), ¿a dónde vamos a parar?
No salen los números, no hay cuadratura en el círculo, además hay que pagar los sueldos y prestaciones.
¿Qué paso con la ganadería comercial en la zona?
La actividad ganadera comercial en la región cambió, pasó de ser una ganadería de doble propósito, a tener un enfoque más productor de carne.
En el campo hoy prácticamente todos (99 por ciento) de los productores ganaderos producen becerros para venderlos al destete, para consumo nacional y también para exportación.
Aquellas razas lecheras de antaño fueron desapareciendo con el tiempo, incluso la comunidad menonita ordeña hoy la leche de vacas cruzadas de suizo con razas productoras de carne.
El ganado menonita tiene cruza de suizo con Beefmaster, Simbrah, Simental, las cuales son consideradas razas de doble propósito, pero también productoras de becerros para consumo.
Ojalá y regresen aquellos años, donde la leche era leche fresca, de vaca ordeñada del día. La leche comercial no es mala, pero la leche «bronca» es un tema que se guisa muy aparte.
Probablemente en las nuevas generaciones no todos pueden opinar sobre este tema, pues a muchos ya no les tocó probar la leche bronca, así nada más pasada por un paño de tela, a manera de colador, para quitarle impurezas producto de la misma ordeña artesanal.
Ojalá y esta importante actividad económica para el campo regrese, con una buena selección genética, en base a producción de leche a base a pastos, ahí está la clave del éxito, para que los números sean diferentes, en beneficio de todos, no solamente de la industria y los intermediarios.
¿Seguirán tirando agua de la presa Vicente Guerrero?
Es verdaderamente preocupante saber que seguirán tirando agua rumbo al río Soto la Marina, como si fueran borrachos en kermesse.
Todavía no se entiende cómo siguen desperdiciando el vital líquido, el mismo que aún sigue almacenado en el gran vaso lacustre ubicado entre Jiménez, Padilla, Güémez y Casas, todo esto solo para cumplir con calendarios «de siembras» muy alejados a la realidad.
Después de años de sequía, apenas el año pasado llovió abundantemente, y los ríos fluyeron, llegando la emblemática presa a niveles aceptables de almacenamiento después de años.
Ojo, por la emergencia y falta de agua de lluvia, el año pasado el oficialismo ya andaba construyendo un acueducto enorme, desde el Pánuco, para poder asegurar agua en la zona centro y norte del estado.
Todo ese panorama terrible afortunadamente cambió, gracias a la llegada de la tormenta «Alberto».
Pasarán años para que otro fenómeno meteorológico como “Alberto” vuelva a hidratar el campo, los mantos freáticos y los acuíferos, mismos que bajan desde la zona montañosa, entre los límites de Tamaulipas y Nuevo León; ríos como el Corona, Purificación o el Pilón, además de los arroyos en la zona de Villa de Casas, mismos que nacen en la zona montañosa en la sierra de Tamaulipas.
Insisto, pasarán años para regresar la presa Vicente Guerrero a esos niveles y es por eso por lo que no se entiende cómo, en sólo tres meses, por las compuertas de la presa mandaron al río, rumbo al mar, agua dulce suficiente para el consumo humano en Ciudad Victoria, equivalente a dos años de servicio capitalino.
De ese tamaño es la incongruencia oficial en cuanto al desperdicio del vital líquido.
Hasta parece que el oficialismo quiere tener sequía y problemas de abasto de agua, para poder justificar tandeos en pipas y el acueducto del río Pánuco.
Por favor, no hagan pensar así de mal, servidores públicos afines al tema, hay que hacer las cosas bien y por sentido común.
Jalón de orejas, ojo, siempre se debe asegurar el agua que ya está almacenada, eso de jugar a la suerte, cruzando los dedos y pidiéndole al gran Tláloc para que llueva otra tormenta no sirve de mucho, parece infantil y de mucho riesgo.
La sociedad mexicana no está como para juegos de primaria y que, por ese tipo de decisiones, se ponga en riesgo el abasto del vital líquido; los meses venideros son los más difíciles, las estadísticas indican altas temperaturas.
Se tenía que decir y se dijo.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
