Crónica de un desastre anunciado

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Apenas hace un par de días, el Gobierno norteamericano, a través de sus filiales digitales, dejó entrever una bomba que está a punto de estallar en la vida política mexicana.

Esto se da en medio de una narrativa oficial de felicidad franciscana y republicana, de paz social y de control total de las carreteras nacionales, caminos rurales y anexas, no se ría por favor amable lector, con esa seriedad dicen las cosas desde el oficialismo.

No sabemos exactamente qué es esa bomba, pero las filtraciones hablan de 50 políticos mexicanos involucrados en «algo», nombres que circulan en los juzgados del vecino país del norte, en las cortes de Texas y Nueva York, entre otras.

Tiempo al tiempo, pues aquí en México, «el horno no está para bollos», el expediente de La Barredora y el otro de los buques son temas muy serios. Caray, como decían el maestro Catón… Estak’brown.

Un día sí y otro también

Mientras en las icónicas conferencias mañaneras los «periodistas» presentes son una mala parodia del significado del periodismo real, a kilómetros se ve que los tienen bien aceitados y van única y exclusivamente a tirarle a la doña puras pichaditas de globito, para que todas sean respuestas alegres, contundentes, a modo, para que la científica sea feliz y además siga aprovechando cada momento, cada oportunidad, para hablar mal de cosas que ya pasaron, así como lo harían personas con problemitas mentales, atrapados en un pasado que ya pasó.

Tal parece que con hablar de aquella corrupción justifican su verbena, borrachera y despilfarro actual ya en el poder, y como decimos en el rancho, honestamente la doña «no pela un chango a nalgadas»,

¿Qué podemos decir? En cuanto al desastre actual, todas las Secretarías de Estado, se tiene que decir,  son elefantes blancos, poco hacen por hacerse notar, llevan siete años nadando de muertito, con esporádicas apariciones en el circo mañanero.

Eso sí, todos los que son o han sido titulares en cada Secretaría, con resultados o no, hoy son millonarios, con la anuencia y a la salud del pueblo bueno y noble, que aun así sigue aplaudiendo a estos farsantes.

De los resultados, bueno mejor ni hablar, andan comparando la transformación de cuarta con el ejemplar sexenio de Ernesto Zedillo, así de mamalones, y sin resultados.

No hay racionalmente un punto de comparación; en aquel sexenio, Ernesto Zedillo recibió una bomba de tiempo, con finanzas quebradas, y aun así aguantó cayado, asumió su papel de estadista, sin culpar a otros o al pasado, de absolutamente nada.

Efectivamente, en ese rescate se diseñó el rescate bancario, mejor conocido como Fobaproa, que además de rescatar a las empresas mexicanas lo hizo también para millones de cuentahabientes particulares que colapsaron financieramente después de aquel “error en ese diciembre”.

Con todo y ese pésimo panorama económico, político y social, Ernesto Zedillo mantuvo un sistema de salud digno, operativo y con una infraestructura muy superior al que se maneja hoy, siendo referente mundial en aplicación de vacunas y en su catálogo, además con hospitales de primer nivel, equipados y con especialistas.

También en aquel sexenio de Zedillo el crecimiento económico se mantuvo estable y en números positivos, entregando estabilidad financiera al final de su mandato presidencial.

Zedillo permitió la alternancia política en México, después de décadas; ojo, lo hizo sin endeudar al país, como lamentablemente lo hacen hoy, en su kermesse con el despilfarro financiero público.

También con el presidente Zedillo se podía viajar por todas las carreteras del país, a cualquier hora del día y también a cualquier hora de la noche.

Definitivamente sí hay mucha diferencia, pues aquel Fobaproa hoy se queda diminuto al lado del enorme boquete, provocado por el opaco manejo en los recursos.

Hoy no les gusta hablar de los billones que cada año gastan de más, sin pena y sin la más mínima vergüenza.

Son ellos, los mismos que quieren debilitar al INE para jamás perder el poder, los «honestos» de cuarta probaron las mieles del poder y quieren vivir ahí siempre, con privilegios desmedidos.

Por algo el dinero no les alcanza, y jamás les va a alcanzar, y a diferencia de aquellos, a estos no les importa endeudar el país cada año, con tal de mantener su falsa narrativa feliz.

Al paso que vamos, los números no mienten, aquella deuda pública ubicada en 10.5 billones de pesos, que recibieron del presidente Peña en octubre del 2018, se convertiría en 30 billones, sin resultados y sin remordimiento alguno, igual como lo hicieron los farsantes en Venezuela y en Argentina, durante su periodo de izquierda.

Si la fórmula es la misma el resultado seguirá siendo igual, solo un loco, por llamarle de una manera prudente, cree que el resultado puede ser diferente.

No hace falta ser egresado de una prestigiada universidad, nacional o extranjera, para entender que el robo es robo y quien roba traiciona a la Nación.

No hay justificación alguna que se haga inocentes a personajes como Adán Augusto, como Noroña, par de ladrones, que a la vista de todos se enriquecieron brutalmente.

Lamentablemente para el país nos son los únicos, la pus y la corrupción brotan por cualquier lugar, dentro del Estado mexicano, en el Ejecutivo, en el Legislativo y también en el Judicial.

Nada cambió, al contrario, la corrupción ahora se multiplicó, siguen viviendo en las mismas casas, siguen viajando en jets y helicópteros, todos pagados con dinero de la gente, las joyas transformadoras usan camionetas blindadas, también pagadas con el dinero de la gente, viven, viajan, comen y visten con dinero de la gente.

Insisto, nada cambió.

Todos aquellos discursos de campaña, en donde odiaban los lujos y privilegios de aquellos ladrones de la derecha, quedaron guardados en la basura del recuerdo social, por lo farsantes que son, y en la historia quedará plasmada la verdad, ante el engaño social del presente. Por mi parte… ¡Es cuanto!