ANGEL CAMACHO
El día de hoy me entero del diagnóstico que recibió una muy querida amiga, la cual con tristeza recibe la noticia ya que lamentablemente está en un estado avanzado, no se detectó a tiempo.
Ya sea por pereza, por pena, por desidia dejó pasar mucho tiempo sin hacer los chequeos anuales. Sabedora del pronóstico médico, se está preparando para lo que viene. Desde aquí te mando un fuerte y fraterno abrazo, y mi deseo de que Dios obre el milagro.
Motivado por lo anterior, el día de hoy escribo sobre el cáncer cervicouterino (o de cuello uterino), el cual es una enfermedad que suele comenzar con una infección persistente por ciertos tipos de Virus del Papiloma Humano (VPH), especialmente los de alto riesgo. Si no se detecta ni trata a tiempo estas infecciones pueden evolucionar a lesiones precancerosas y luego a cáncer.
Tiene una alta importancia en salud pública porque es prevenible en gran medida, mediante:
- Vacunación contra VPH.
- Uso correcto del condón,
- Pruebas periódicas de detección (Papanicolaou y en algunos casos pruebas para VPH),
- Tratamiento oportuno de lesiones precancerosas.
Incidencia y mortalidad
En México se estiman alrededor de nueve mil 400 nuevos casos al año y más de cuatro mil 300 muertes debido al cáncer cervicouterino.
La tasa de incidencia ronda los 12.6 casos por cada cien mil mujeres y la de mortalidad cerca de 5.7 por cien mil.
En 2023 se registraron 86 casos de tumor maligno de cuello uterino en Tamaulipas, comparado con 55 casos en 2022.
Es la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, por debajo del cáncer de mama.
Prevención y detección
La Secretaría de Salud afirma que con las herramientas actuales (vacuna VPH, Papanicolaou, pruebas de detección) este cáncer es casi cien por ciento prevenible mediante detección y tratamiento oportuno.
En México se aplica la vacuna contra VPH (que protege contra varios de los tipos más peligrosos: 16, 18, etc.).
Las pruebas de Papanicolaou se recomiendan para mujeres de 25 años en adelante y la prueba de VPH para mujeres entre 35 y 64 años.
Campañas gratuitas de detección: se realizan Papanicolaou, campañas de sensibilización, revisiones en unidades médicas de salud.
Se están haciendo esfuerzos para detectar el VPH y evitar que evolucione a cáncer avanzado.
Los retos…
Detección tardía. Muchas mujeres acuden cuando ya tienen síntomas o lesiones avanzadas, lo que complica tratamiento y disminuye el pronóstico.
Cobertura desigual. En zonas rurales o de baja marginación, el acceso a servicios preventivos, a la vacuna y a los estudios de tamizaje es menor.
Conciencia y cultura de prevención. Algunas mujeres jóvenes creen que “por ser jóvenes” no les puede afectar, lo cual es falso, como se ha visto con detección de lesiones en 18-22 años.
Recursos limitados. Infraestructura, personal especializado, equipos, acceso a tratamientos como los de displasias y oncología.
Seguimiento. Detectar no basta: debe haber seguimiento efectivo, tratamiento oportuno y continuo.
Recomendaciones desde el enfoque de la salud pública
Fortalecer campañas de vacunación contra VPH, asegurando cobertura en niñas y adolescentes, así como programas de refuerzo si es necesario.
Aumentar y facilitar el acceso al tamizaje (Papanicolaou y prueba de VPH): llevar los servicios más cerca de comunidades, hacer jornadas gratuitas, horarios más flexibles.
Educación y sensibilización, especialmente para jóvenes y en comunidades de alto riesgo, para romper estigmas, aclarar que la enfermedad puede prevenirse y detectarse temprano.
Mejorar los sistemas de seguimiento para quienes tienen lesiones precancerosas, para asegurar que reciban tratamiento y no abandonen.
Invertir en infraestructura y personal de salud, especialmente en oncología y unidades de displasia, para que haya capacidad de diagnóstico y tratamiento adecuado.
Políticas públicas que prioricen esta enfermedad, con financiamiento suficiente, coordinación estatal y federal, así como monitoreo de los avances.
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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.
