Bien por dar mantenimiento a la carretera al aeropuerto

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Hace apenas unos días, por este mismo medio, informamos sobre la situación que tienen físicamente las carreteras que conectan a la capital del estado.

Nos da gusto ver a las cuadrillas reparar las enormes grietas y diversidad de baches que están presentes en los pavimentos de estas importantes vías de comunicación.

Sin duda, no hay más que seguir dando continuidad al mantenimiento para no llegar a situaciones para lamentar, en llantas, suspensiones y, en el último y peor de los casos, el daño físico en la integridad de los tripulantes de algún vehículo ligero, automóviles o motocicletas.

Es de reconocer, que ya empezaron y, en verdad, nos es grato verlos trabajar.

¿Por qué si apostar a los proyectos de traspatio?

México vive la necesidad de aprovechar los espacios, sobre todo en zonas de la periferia y toda la zona rural.

Vemos historias de éxito en países centroamericanos, donde trabajan con jefas de familia.

A cada jefa de familia se le dota de una lechona para empezar el proyecto y, como beneficiaria, tiene por deuda regresar dos crías hembras, a partir del primer parto.

Así, poco a poco un proyecto sustentable va sumando más jefas de familia en ese programa piramidal, donde se aprovechan los traspatios de cada familia, le dan seguimiento, además del respectivo servicio de vacunas a cada cerdita, así, cuando llegan a su edad óptima, le brindarán el respectivo servicio de inseminación artificial, todo con el acompañamiento por parte de estudiantes universitarios de zootecnia.

En un año ese proyecto crece para integrar a más jefas de familia, a partir de las dos crías que cada integrante de la primera etapa del proyecto regresan como compromiso cumplido.

Cabe destacar que cada cerdita puede generar dos camadas de entre seis y ocho lechones de óptima calidad genética; generalmente nacen en pares, por lo cual cada familia puede ser autosuficiente en su consumo de carne de alto valor proteico, con la posibilidad de crecer cada año para generar un ingreso extra y ayudar en los gastos de la casa.

En Centroamérica hacen salchichas, carne seca, carne oreada con especias; acá, en territorio azteca, podría ser chorizo, chicharrones, etc. Vale la pena y mucho.

Hay quien piensa que el olor de la casa y de la zona sería espantoso por tener cerdas en traspatio, sin embargo es todo lo contrario, usando piso de tierra, con buen dren para que no se inunde, y además como cama buen zacate de paca se elimina por completo y cada seis meses se puede cambiar, eliminando de tajo el olor a estiércol, que regularmente está presente en una granja porcina.

Pocos lo saben, pero la tierra absorbe completamente el orín y cuando los cerdos comen alimento balanceado su excremento es firme y no tiene problema alguno; además, hay un dato muy importante, las cerdas son muy limpias y buscan un lugar para hacer cada cosa.

El corral lo dividen así: en una esquina el bebedero, en otra el comedero, en la tercera esquina el baño y en la última su área de descanso y baño, con agua limpia, sin olores y sin complicaciones.

Se pueden copiar esos modelos de proyectos, para aterrizarlos en México y cualquier entidad federativa; ojo, son proyectos que buscan enseñarles a pescar, ni más, ni menos.

La raza bovina ideal

En el campo mexicano «la industria» ganadera y el famoso «librito» nos han «enseñado», erróneamente, que la genética llega desde afuera a nuestro rancho, una mentira más, muy alejados a la realidad.

La genética de verdad está en las vacas que ya están ahí, nacidas en nuestro propio rancho, sin importar color, tamaño o registro.

De ahí, de esas vacas élite, se deben seleccionar los prospectos para nuevos sementales y también las mejores hembritas para reemplazo.

Pero pocos lo hacen, prefieren seguir lo que dice aquel famoso «librito», donde crucifican la consanguinidad.

Pero, ojo, se les olvida que de esa misma consanguinidad nacieron todas las razas establecidas y reconocidas al día de hoy.

El Rancho Lasater tiene más de 90 años con hato cerrado o sea sin genética externa y todo su hato desciende de poco más de 20 vacas en una época crítica de comida y sequía; sólo quedaron las vacas que cumplieron con las exigencias de su dueño y fundador Tom Lasater (+).

Lorenzo Lasater, en su libro «la crianza del ganado vacuno», nos comparte las ventajas de usar la consanguinidad como una herramienta genética válida y acorde a las necesidades de cada rancho.

Es muy importante decir que cada rancho es diferente uno de otro. ¿Qué significa eso?

Que cada rancho debe trabajar en su propia genética funcional acorde a su entorno, sin importar lo que diga nadie, incluso las revistas de cada asociación.

Y, muy importante, después de años trabajando bovinos tengo la certeza de que, los que piensen que llevando un toro fino a su rancho es avanzar genéticamente, lamento decirles que es todo lo contrario.

Nota: La genética no se compra como un producto en un supermercado; ojo, la ganadería tamaulipeca y nacional tienen años haciendo lo mismo, sin resultados positivos.

La genética se hace desde nuestras vacas élite, nacidas en nuestro propio entorno, con moscas y garrapatas, que es lo más importante.

Ahí está la genética funcional, sin papelitos maquillados, sin suplementos, medicamentos y baños antigarrapatas que afectan significativamente el mismo entorno, como es la flora y la fauna buena, como los escarabajos estiercoleros.

No lo digo yo, lo dice el mismísimo rancho: En ganadería, observando su propio ganado, se llega al éxito.

Por mi parte… ¡Es cuanto!