Anatomía de una distracción

ASBEL MAR

Una vez más nos enfrentamos a una ola de violencia en el país que, como en muchas ocasiones, crea discusiones alrededor que parecen perder el sentido entre más tiempo pasa.

Pero no nos confundamos. No se trata de señalar culpables o de arrojar comentarios que revictimizan, porque, aunque así lo hiciéramos, ¿qué soluciones encontraríamos?

En cambio, considero que el análisis reflexivo puede cambiar poco a poco lo que pensamos y permite que creemos opiniones sin influencia de los medios de comunicación y, en lugar de repetir los mismos discursos que estamos acostumbrados a leer, forjemos nuestro propio criterio ante la situación.

Me he permitido entonces navegar un poco por mis redes para hallar (más que información sobre tan terribles casos) un poco de percepción. Saber lo que pensamos en colectividad, cómo es la opinión pública, qué se debate al respecto y qué tanto enfoque desaprovechamos para, de nuevo, adoptar posturas extremistas, que reitero poco han sido de ayuda.

Y nada sorprendente, pero siempre lamentable, me encuentro con aquellos seres que discuten acerca de haber tenido la razón siempre, que seguramente son mujeres que carecían de figuras paternas, o si acaso pertenecían al feminismo porque son las únicas que harían tales actos de atrocidad.

Por otro lado, leo cómo sentencian y emiten juicios sobre aquellos padres que sus hijos han sido víctimas de secuestro, de violencia y de homicidio, para decir que los verdaderos monstruos son ellos, por no haberlos cuidado.

También, he leído una nota donde ciertos hombres comentaban sobre cómo les hubiera gustado tener la oportunidad de ser abusados por una mujer en su infancia, burlándose de una joven victima que habló con valor ante esto.

¿Es polémico? ¿Es controversial? Debería ser indignante.

Deberíamos indignarnos con estas noticias, no pelear en redes sociales una disputa de géneros inexistente. Deberíamos prevenir estas situaciones, encontrar la raíz del problema, encontrar señales si estamos preocupados, entender que el daño irreparable ahora puede ser la solucionado en el futuro.

Y claro que con esto no trato de decir que no son importantes los diálogos que se generan o que los debates son improductivos, creo firmemente que hablar de esto con seguridad permite que rompamos la barrera de prejuicios que siempre atenta contra la humanidad.

Y es preocupante que, en lugar de informarnos, educarnos o entender la raíz de las problemáticas sociales que hoy por hoy suceden utilicemos la tecnología para estigmatizar y revictimizar, para apuntar a otro lado o para debatir quiénes son peores en la sociedad, que, a pesar de estar en su derecho absoluto de hacerlo, ¿es verdaderamente una solución inteligente y útil?

Hablar de estos temas incomoda. Pero es momento de dejar ese espacio donde nos escondemos detrás de un cúmulo de colectividad pasional y fúrica que no pretende dar soluciones, sino, aumentar conflictos.

Hay mucho por dialogar y entender todavía, no seamos un número más de las tendencias cuyo único propósito atacar, no enmendar.

Gracias siempre por su tiempo de lectura. Espero seguir leyéndonos la próxima semana.