Pantallas y niñez: Amenaza silenciosa para la salud infantil

ANGEL CAMACHO

El uso prolongado de dispositivos electrónicos en la población infantil se ha convertido en una preocupación creciente para la comunidad médica y educativa. En la actualidad, los niños menores de 12 años están expuestos de manera cotidiana a teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras y televisores, lo que ha generado un impacto negativo en su desarrollo físico, cognitivo y emocional.

De acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños menores de cinco años no deberían pasar más de una hora diaria frente a pantallas, mientras que en edad escolar se sugiere un máximo de dos horas.

Sin embargo, diversas investigaciones evidencian que la mayoría de los menores supera con amplitud estos límites, particularmente tras el incremento del uso de la tecnología derivado de la pandemia por covid-19.

Consecuencias físicas y visuales

Entre los efectos más frecuentes del uso excesivo de pantallas se encuentran la fatiga visual, el ojo seco, el parpadeo insuficiente y la aparición temprana de miopía. A ello se suma el riesgo de sedentarismo, asociado con sobrepeso y obesidad infantil, así como con alteraciones en los patrones de sueño debido a la exposición continua a la luz azul de los dispositivos.

La SecretarÍa de Salud ha advertido que la falta de actividad física y los hábitos sedentarios en la infancia pueden condicionar la aparición temprana de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2 e hipertensión arterial.

Afectaciones al desarrollo cognitivo y emocional

Desde el punto de vista psicológico, el uso desmedido de pantallas puede interferir con el desarrollo de habilidades socioemocionales y cognitivas. La exposición prolongada a entornos digitales disminuye la interacción social, la capacidad de concentración y el desarrollo del lenguaje, elementos fundamentales en la formación de la personalidad y la regulación emocional del niño.

Estudios realizados por el Hospital Infantil de México “Federico Gómez” señalan que los niños que utilizan pantallas más de tres horas al día presentan mayor incidencia de retrasos en el lenguaje, déficit de atención y dificultades en el manejo de la frustración.

Recomendaciones para la prevención

Los especialistas coinciden en la necesidad de establecer límites claros y supervisados en el uso de la tecnología. Se recomienda priorizar contenidos educativos, fomentar la participación activa de padres y cuidadores durante el tiempo de exposición y promover actividades que estimulen la motricidad, la creatividad y la convivencia familiar.

Asimismo, se sugiere evitar el uso de pantallas antes de dormir, promover un entorno libre de dispositivos durante las comidas y reforzar la importancia del juego al aire libre como herramienta fundamental para el desarrollo integral.

Por lo anterior expuesto, y desde el punto de vista de la salud pública, el uso responsable de la tecnología en la infancia requiere un compromiso conjunto entre familia, escuela y sociedad. Las pantallas, si bien constituyen una herramienta útil en el ámbito educativo y recreativo, deben ser empleadas bajo supervisión y con criterios de salud que prioricen el bienestar físico y emocional de los niños.

De no abordarse esta problemática con políticas preventivas y estrategias de educación digital, las consecuencias a largo plazo podrían representar un serio desafío para la salud pública infantil.

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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.