Despersonalización: hablemos de La Sustancia

ASBEL MAR

Vi la película de La Sustancia. A diferencia de la opinión pública, la tan aclamada producción terminó siendo para mí una muy poco trabajada narrativa por parte del director.

Cuando hice mi análisis de este filme, en su debido momento, siempre taché a la narrativa tan poco entretenida, lenta, torpe, despreocupada y pensaba que la razón por la que había alcanzado tal fama es por la estética, escalofriantemente simétrica, colores vivos y apagados, sin miedo a demostrar la naturaleza del cuerpo humano tal y como es.

Aunque es cierto que la película cuenta por sí sola una de las críticas más grandes, y admirables, por cierto, al desecho de las mujeres mayores en la industria del cine, la cosificación de los cuerpos y la misoginia que nos obliga a cumplir con estándares de bella inalcanzables, creo que desaprovecha uno de los recursos que más ruido hacen: la despersonalización.

Dejar de ser yo, no sentirme en mi cuerpo, salir de él. Tomar lo ajeno.

Hace poco leí un libro que justamente toca este tema de manera magistral, y aunque trata más que nada de los roles de poder que se ejercen entre las personas de carácter dominante y aquellos destinados a la sumisión, cumple magníficamente lo que La Sustancia nunca pudo hacer.

Entender que perderse entre los complejos, los reproches y las expectativas comienza en el espejo de lo que otros piensan que somos. Digámoslo como alguien proyectando sus propias inseguridades en nosotros, sometiéndonos tanto hasta que terminamos por creerlo.

El libro de “Hermanas”, de Daisy Johnson, explora con una lírica magistral lo que es dejar se sentirse parte de tu propio cuerpo: reemplazada (o reemplazable). Cómo es perderse entre la carne de otro, en sus sentimientos, pensamientos y, a pesar de eso, no sentirse completo.

La Sustancia puede ser, a nivel actoral, increíble, con una estética impecable, pero, al menos desde el humilde sentir de su servidora, se entorpece bastante en el camino. No ha podido sentirse con el panorama completo, o, más bien, ni en partes. Solo se siente, más bien como un cúmulo de acciones desesperadas por mantenerse vigente. Cosa que parece muy poco para los recursos que pudieron alanzar.

La recomendación del día: Hermanas

Desgarradora la forma en la que puedes odiar tanto a alguien y, aun así, necesitarlo, amarlo, venerarlo. Una lectura, que, si bien no es para todos, vale la pena hacer el intento.

No nos dejemos deslumbrar por una película bien planeada, o con una buena estrategia de marketing, o asumir algo solo por la opinión pública. Hay mucho más por esperar a ser encontrado.

Espero que sigamos leyéndonos la próxima semana.