Cómo te extraño, mi amor, ¿por qué será?

ASBEL MAR

Bien sabemos que el origen de las tendencias no comienza con las redes sociales. En realidad, adoptar conductas, seguir modas y generar opiniones colectivas es de lo más antiguo que existe.

Por eso, aprovechando la temporada, hablemos un poco del que se dice ser “el día más romántico del año”, analicemos algo de romanticismo actual y el daño que le ha hecho a las relaciones afectivas.

Genuinamente creo que todos, por más escépticos que seamos a las fechas, terminamos cayendo influenciados ante las muestras de afecto envolventes, el azúcar embriagante y esas expectativas de no esperar nada, pero creer muy en el fondo, que de pronto sí; y más que profundizar sobre su origen o buscar desmentirlo para exponerlo como una de las más efectivas estrategias de mercadotecnia, quisiera enfocarme en la involución que todos los días amenaza con arriesgar el poco progreso que parecía estaba teniendo nuestra sociedad. Principalmente con el poder que otorgamos a quienes nos rodean.

 La exposición en internet, sobre todo la de mayor intimidad, permite que cualquiera se sienta con el derecho moral de crear juicios, lamentablemente, estamos tan a costumbrados a la validación, a los buenos comentarios, a demostrar la felicidad que nosotros mismos impedimos que surja de manera natural. Que se sienta real. Porque, claro está, que el amor por muy subjetivo que parezca tiene requisitos y mantiene protocolos que seguir, al menos eso dicen. Y buscando pruebas de ello, me pongo a leer o a escuchar sobre esos romances distintos, que quieren diferente, pero resulta, que todo es igual. Que todos deben seguir las mismas reglas y características, poco falta para que todos se vean idénticos. Porque así es como siempre ha sido. Por mucho que nos demos anti-estereotipos, inevitablemente seguimos cayendo en roles de género, imposiciones, aprobación y otras formas de presión social.

¿Cuándo dejamos de buscar lo que amamos para encontrar lo que otros deciden que debemos amar? ¿Por qué nos esforzamos por demostrar que el amor perfecto existe? ¿Cuántas veces admitimos la derrota ante la constante lucha contra las emociones rebeldes? ¿Es el amor devoción absoluta? ¿O es una prueba de compromiso?

Cuestionarnos hace que nos desintoxiquemos, que, por un momento, las redes sociales irreales, las celebridades inalcanzables y las tendencias pasajeras, dejen de influirnos, de permanecer en nuestro sistema, alimentando todo eso que no es cierto.

Por supuesto que con esto no estoy incentivando de ninguna manera a relacionarnos únicamente con nuestra pareja o no compartir esos momentos de felicidad con quienes apreciamos, de igual forma, tampoco trato de decir que el amor violento sea normal, ni que las conductas tóxicas deben pasar desapercibidas. Más bien, es un llamado a recordar que el amor es cambiante, evolutivo y requiere acuerdos, en los que nadie, más que los involucrados, tienen derecho a intervenir.

Amar merece el respeto que nos damos y que podemos dar; merece que de vez en cuando abramos nuestra mente y nos probemos a entender aquello desconocido, que no es usual, que de una vez por todas comprendamos que el amor debería ser más que exhibición, más que un popular día al año, más que las presiones y exigencias a las que estamos acostumbrados. El amor no es recibir, es dar. Y solo podemos dar lo que somos.

Gracias por el tiempo que han dedicado para leerme, espero seguir leyéndonos la próxima semana.