JUAN R. GIL
En una extensa sabana, reinaba un león muy sabio. Tenía tres cachorros, cada uno con una personalidad muy distinta.
El primero era fuerte y valiente, pero un poco impulsivo; el segundo, era inteligente, pero algo perezoso; y el tercero era muy trabajador, pero a veces dudaba de sí mismo.
Un día, el león reunió a sus cachorros y les dijo:
Hijos míos, el mundo afuera puede ser peligroso. Para sobrevivir y prosperar, necesitarán más que solo fuerza. Necesitarán sabiduría, esfuerzo y la capacidad de actuar con responsabilidad.
El león comenzó con el primero, el más impulsivo:
Tú, hijo mío, tienes gran fuerza, pero la fuerza sin control puede traer muchos problemas. Debes aprender a usar tu poder de manera sabia, no solo para ser valiente, sino para proteger y ayudar a los demás. El mundo valora la acción, pero también la reflexión.
Luego, miró al segundo, el más inteligente pero perezoso:
Tu mente es brillante, hijo, pero si no te aplicas, tu conocimiento no tendrá valor. El saber sin esfuerzo es inútil. Estudia, trabaja, y haz de tu inteligencia una herramienta para crear algo bueno para ti y para todos.
Finalmente, se dirigió al tercero, el más trabajador pero inseguro:
Hijo, tienes la dedicación que muchos envidian, pero a veces dudas de ti mismo. Nunca olvides que el trabajo constante, acompañado de confianza y responsabilidad, es lo que te permitirá forjar tu futuro. El camino será difícil, pero siempre hay una recompensa para aquellos que siguen adelante sin rendirse.
El león les dijo a todos juntos:
El mundo tiene reglas que debemos respetar: las leyes de la naturaleza, las reglas que nos guían como seres cívicos, y las enseñanzas que nos permiten vivir en armonía con los demás. El respeto por esas normas, el esfuerzo, el estudio y la acción responsable nos llevará al éxito y la paz.
Con el tiempo, los tres cachorros aprendieron a equilibrar la fuerza con la sabiduría, el trabajo con el estudio, y la responsabilidad con la confianza en sí mismos. Juntos, lograron vivir en armonía en la llanura, respetando las leyes de la naturaleza y ayudando a su comunidad.
La reflexión…
Hoy por la mañana, un lector hacia una gran pregunta:
¿Qué necesita “nuestra ciudad” para que vuelva a tener aquella gran distinción de, ciudad limpia, ciudad amable?
Podría redactar un tratado o una tesis en base a esta sencilla pregunta, pero mi aportación va dirigida a un solo cuello de botella que es en donde desemboca el torrente de éxitos o fracasos, virtud o vicios, moral o inmoralidad, civismo o vandalismo, bienestar social o corrupción (gubernamental, empresarial o privada), y es sin mas una sola: LA FAMILIA
Cada familia tiene la responsabilidad de otorgar “buenos ciudadanos” al mundo, porque formamos parte de él, y porque, aunque naces en un lugar, mañana posiblemente cambies de residencia, incluso vivas en el extranjero y ahí también tendrás que “ser un buen ciudadano”
Hacen falta leones sabios en cada hogar (aludiendo a la fábula) para tener una nueva camada de cachorros, preparados para asumir su papel de cuidar la llanura, la sabana, el país, ciudad, colonia o vecindario, contribuir en el desarrollo de la comunidad, sobre todo cuando se ocupan cargos públicos y/o políticos,
Tener una ciudad limpia es tarea de todos, llamarse amable, es un papel individual, en tanto todos los días interactúas personal o virtualmente con alguien, el mismo que dará respuesta de verdad o mentira que el victorense, es portador de personalidad amable.
Todos tenemos participación en esta gran herencia, la misma, que nuestros abuelos bisabuelos y tatarabuelos nos dejaron…todos ellos tenían un solo apellido: AMABLE.
De la limpieza, solo diré, que nos toca hacer gestión de cabildeo, para que llegue a las autoridades competentes, para que honren desde su escritorio, con agendas, programas, y equipos, la belleza que se deslumbra al pie de la sierra madre, en donde hay como dice “La perla Tamaulipeca”:
Al pie de la sierra madre
hay una ciudad bonita
su nombre es Ciudad Victoria
capital de Tamaulipas
es la perla del estado
Y es una tierra bendita
Enmarcada por la sierra
le da un aire señorial
risueña y hospitalaria
así es nuestra capital
Le han cantado muchas veces
a mi Victoria querido
que es la cuna del huapango
que siempre la ha distinguido
orgullosa tiene su himno
que es el famoso cuerudo
El cielo tamaulipeco
contempla desde la altura
a su capital Victoria
de gran estampa y figura
Con orgullo lo sostengo
y lo canto desde ahora
soy puro Tamaulipeco
y eso me llena de gloria
mi tierra es la mas bonita
que viva ciudad Victoria
Que viva Ciudad Victoria
y que viva Tamaulipas
con sus alegres huapangos
y sus mujeres bonitas.
Gracias por continuar unido a este espacio.
Nos leemos pronto.
