Polos de desarrollo: una apuesta por el futuro de México

RAYMUNDO LARA RUIZ

Para el gobierno mexicano un polo de desarrollo es un polígono territorialmente delimitado, dotado de infraestructura específica, beneficios fiscales y facilidades administrativas, que buscan fomentar la actividad económica.

También pueden entenderse como ecosistemas productivos articulados, donde el Estado actúa como promotor de la inversión, impulsor de capacidades locales y facilitador de servicios públicos y logísticos.

Su función principal es atraer inversión nacional y extranjera, generar empleo calificado, fortalecer las cadenas productivas, desarrollar industrias estratégicas y promover el bienestar regional.

No hay que confundirlos con los clústeres, ya que un clúster es un ecosistema de empresas que colaboran, compiten y se apoyan mutuamente para impulsar un sector industrial específico. Estos pueden ser privados o público-privados.

En cambio, un polo de desarrollo tiene una zona geográfica oficialmente delimitada, dentro de la cual las empresas pueden recibir estímulos fiscales y compromisos gubernamentales en materia de infraestructura, comunicaciones, energía, entre otras facilidades otorgadas por el Estado para fortalecer los sectores productivos estratégicos definidos para esa región.

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, hoy T-MEC) la gran mayoría de los clústeres industriales en México surgieron alrededor de empresas globales que ensamblan productos destinados a Estados Unidos, Canadá y otros mercados internacionales. Por esta razón, más del 85 por ciento del valor generado en los clústeres manufactureros mexicanos tiene como destino la exportación, consolidando a México como uno de los principales eslabones de las cadenas globales de suministro.

Sin embargo, muchas de estas empresas enfrentan hoy una etapa de incertidumbre, ya que al reubicar sus plantas a otros países, por razones geopolíticas, de costos o políticas de nearshoring, puede transcurrir un tiempo considerable antes de que los proveedores locales logren integrarse nuevamente a una nueva cadena económica o productiva.

Estimado lector, México se encuentra hoy en una gran disyuntiva pues somos un país cuya industria tecnológica se ha especializado en resolver las necesidades de empresas globales, ya sea brindando servicios o proveeduría, y cuyos productos se destinan principalmente a la exportación.

Todo el mundo quiere venderle a Estados Unidos, no solo nosotros, aunque México es actualmente su principal socio comercial, por encima de muchos otros países. Gran parte de ese comercio proviene de empresas transnacionales establecidas en nuestro territorio, atraídas por contar con un capital humano altamente especializado y con un costo menor al de sus países de origen.

¿Esto es malo? Sí y no.

Sí, por lo que ya he comentado tantas veces (y no dejaré de hacerlo): la dependencia de un cliente mayoritario vuelve vulnerable a nuestra economía ante cualquier cambio o capricho en la política comercial estadounidense.

Y no, porque tras tantos años de participación en esas cadenas de valor se han creado regiones industriales capaces de fabricar casi todo internamente, generando una derrama de conocimientos, innovación y experiencia en múltiples campos productivos.

En este contexto nacional, actualmente se están impulsando los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (Podecobi) en distintas partes de nuestro México lindo y querido, como en Campeche, Chihuahua, Durango, Estado de México, Guanajuato, Sinaloa, Puebla, Hidalgo y muchos otros estados.

Pero como buen tamaulipeco, me interesa lo que ocurre en mi estado. En Tamaulipas, un polo que ya se tiene en la mira es el de Altamira, el cual cuenta con un polígono de aproximadamente mil 637 hectáreas. Las actividades productivas que se impulsarán en este polo incluyen los sectores automotriz, químico y petroquímico, eléctrico-electrónico, metalmecánico, de manufactura avanzada y logístico. Se trata de áreas estratégicas que buscan fortalecer las cadenas de valor, generar empleo y atraer inversiones de alto impacto.

Para alcanzar estos objetivos, el sector educativo y la sociedad serán piezas clave en la formación del talento humano que requiere esta nueva etapa de desarrollo industrial y tecnológico en Tamaulipas. Y sí se puede, porque Tamaulipas es cuna de gente noble, gente buena, así lo dice nuestro himno.

Saludos. Si fue de tu agrado esta lectura compártela para que cada vez seamos más los interesados en tecnología y sociedad.