GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Es conocido por quienes nos gusta investigar sobre genética bovina, que las razas criollas llegaron al continente, en primera instancia, poblando todas las islas disponibles dentro del Atolón caribeño, siempre y cuando dispusieran de una fuente de agua dulce.
Aquel ganado sin ser de una raza definida, eran Bostaurus, descendientes del ganado africano, ganado que llegó a España con los migrantes, antes de descubrir América.
En los viajes posteriores al descubrimiento de América, en 1492 por Cristóbal Colón, este regresó en 1493, 1494 y 1495, y llevaron algunas cabezas de ganado bovino, caprino, ovino y porcino, dando origen con aquellos animales, a muchas razas criollas, conocidas hoy en Centroamérica, gracias al trabajo de conservación genético, que realizan hoy destacados genetistas por parte de la academia en varias universidades, y también algunos de la iniciativa privada.
Encontrando en las razas criollas la manera más fácil en la actualidad, para poder corregir muchos defectos genéticos, mismos que presentan en el trópico, las razas inadaptadas de pelo largo.
Aquel poco ganado que desembarcó Colón se multiplicó por más de 20 años en las islas y fue hasta después del año 1517 cuando de emergencia, tuvieron que llevar ganado a Centroamérica, pues en las islas ya no cabían, se terminó la comida, fue tal su adaptación a todos los insectos, moscas y garrapatas presentes en el Caribe, que al llegar a la selva en tierras continentales se adaptaron sin problema.
Fueron algunos ganaderos quienes llevaron interesantes núcleos bovinos, a tierra firme.
Ejemplo: Se tiene registro de un núcleo importante de ganado criollo en la zona seca del Chaco argentino.
Este hato, cuando llegó de las islas a las fincas en tierra firme, eran un estimado de ocho mil cabezas de ganado; ese mismo año nació la hija de ese terrateniente argentino, la niña creció criando aquel ganado de su padre, sus hijos nacieron también ahí, entre el ganado, cuando ella falleció a los 70 años, hicieron un inventario del hato familiar, pues ella nombró a cada uno de sus hijos, en partes iguales, dueños de la hacienda familiar, incluido el ganado, ojo, tomando en cuenta que cuando llegó aquel ganado criollo «del abuelo», eran no más de ocho mil cabezas, después de 70 años, sin baños para garrapata y mosca, sin suplementos, medicamentos y sin farmacias veterinarias (pues en aquellos años no existían), aquel ganado se contabilizó, después de varios meses trabajando en los corrales, la cuenta llegó a más de un millón de cabezas.
Eso demuestra la rusticidad, adaptación y capacidad que tiene todo aquel ganado que llegó hace más de 500 años, fértiles y prolíficos, eran rebaños enormes, como si fueran búfalos.
Las razas modernas, en su totalidad tienen en el continente americano menos de 120 años, lo cual las pone muy en desventaja con el ganado criollo,
Es por eso que ese ganado debe usarse como una herramienta para corregir defectos del ganado actual, que no se puede adaptar a lugares infestados con parásitos externos, como las moscas y garrapatas, además del calor extremo.
Razas inadaptadas cruzadas con criollo
El ejemplo más interesante en la ganadería moderna es adaptar el ganado Angus a la zona tropical.
¿Cómo? Muy fácil, algunos usan el ganado Brangus para adaptarlos.
¿Cómo nace el Brangus? Nace por medio de cruzamientos controlados entre la raza Angus y el ganado Cebú.
Sin embargo, los sementales cruzados de cebú son regularmente muy temperamentales, a diferencia del ganado criollo, usando ganado criollo como una raza taurina complementaria, resulta en carne de calidad suprema, «calidad Angus».
El criollo hace un extraordinario «match» con la raza Angus, y también con cualquier raza europea inadaptada, de pelo largo.
Esas crías Angus/criollo son cien por ciento Bostaurus, pero están adaptadas perfectamente al trópico, no tienen pelo, ya que los criollos en su origen son de piel negra y de muy escaso pelo, tienen gen slick (sin pelo), lo cual los hace mucho más adaptables a zonas tropicales, además de contar con un repelente natural en su piel, lo cual les ayuda con el tema de los parásitos externos.
Ya hay animales trabajando con excelentes resultados en la zona centro de Tamaulipas.
Siempre es bueno buscar genética como una herramienta para independizar el ganado de los insumos externos, que afectan significativamente la economía en cualquier explotación ganadera.
No se puede hacer lo mismo esperando resultados diferentes.
El mal uso de baños para garrapatas y de medicamentos han resultado en una terrible resistencia, las garrapatas y moscas se vuelven inmunes a los compuestos químicos disponibles, en los productos comerciales que hay en las forrajeras y farmacias veterinarias, además de hacer mención el daño ecológico que causan estos venenos, en la flora y fauna, en los potreros y agostaderos.
Vale la pena probar.
Perder el miedo a las herramientas genéticas disponibles, dejar de ser «ganadero del montón», y cambiar el enfoque, usar la innovación, y ser punta de lanza, enfocarnos en el valor maternal del hato, más que en cualquier otra cosa.
El montón… son muchos.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
