Chinito, chinito, qué buena suelte…

JUAN R. GIL

Un chinito bajaba por una pendiente pedregosa, cuando se detuvo a observar a un anciano que galopaba su caballo. Lleno de alegría, en su galope, repentinamente, jaló bruscamente el freno de su potro y cayó de espalda sobre un matorral con espinas.

El chinito corrió y rápidamente llegó a él para socorrerlo, pero el anciano, lleno de espinas, aún sonreía de aquella cabalgata que había disfrutado enormemente y en su alegría no sentía el dolor. El chinito lo llevó a su hermosa finca, donde su hija presurosamente lo asistió y el chinito, aún preocupado, le preguntó que, si se podía retirar, con la tranquilidad de que estaría bien.

El anciano le dijo: “Sí, muchacho, no te preocupes, de joven montaba toros y domaba caballos salvajes, esta fue mi última gran cabalgata, por eso, en recompensa de haberme socorrido te regalo mi caballo Mustang americano.»

El chinito regresó a casa, muy, muy contento, y en su mente sólo pensaba:

–Chinito, chinito, ¡qué buena suelte, chinito!

Al llegar a casa su padre le entregó una carta que decía:

“Usted ha sido requerido para alistarse al ejército, se requiere su valentía y honor en campo de batalla.”

El chinito susurró:

–Chinito, chinito, ¡qué mala suelte chinito!

Un día antes de partir a la base militar para encuadrarse, decidió disfrutar de su caballo y dio un paseo por la rivera, pero una enorme serpiente hizo que su caballo se asustara y cayó de él, lo que causó una fractura de su tobillo derecho.

En ese instante lleno de dolor dijo:

–Chinito, chinito, ¡qué mala suelte chinito!

Cuando se presentó en la base militar con muletas y el pie enyesado, le dieron carta de incapacidad para servir y lo mandaron a casa. Cuando llegó con su papá, desde lejos dio un grito:

–Chinito, Chinito, ¡¡qué buena suelte tiene el Chinito!!

Conocerse a sí mismo, ¡qué difícil tarea!

Alguna vez escuché una frase que me hizo reflexionar sobre el valor del trabajo y la recompensa del trabajador, que más o menos dice así:

“Yo creo en eso en lo que la gente llama suerte, porque entre más trabajo, más suerte tengo. “

Para los estudiosos de la Torá, en el libro de los orígenes (Génesis) hay un versículo en el segundo capítulo que dice: “Tomó pues Yahvé Dios al hombre y lo dejó en el jardín del Edén para que lo labrara y lo cuidara.”

Lo primero que reflexiono con ello es:

¿Quién soy yo frente a este mundo cambiante?

Creo que tengo primero que conectarme con mis habilidades y debilidades, con mi naturaleza física y mi propio sentido de la vida, en otra forma más sencilla de expresarlo, iniciar por conocerme a mí mismo.

¿Dónde estás?

1. A Adán, ejemplo de desobediencia, una vez que claudicó ante la tentación, y escondido entre los árboles del jardín, se le preguntó:

–¿Dónde estás?

¿Cuál sería mi respuesta si se me preguntara en este momento en dónde estoy?, ¿escondido?, ¿preocupado?, ¿deprimido?, ¿culpando a este y aquel por mis fracasos, desaciertos, y malas decisiones? O, por el contrario, dispuesto a afrontar los buenos y malos momentos, los éxitos y fracasos, las etapas de madurez y la inmadurez que demuestro en la familia, la sociedad y el trabajo.

En lo particular, me causa mucha conmoción ver a personas que nacieron con una situación especial en su cuerpo, por citar un ejemplo de superación personal, el guitarrista Tony Meléndez, quien, bajo limitación de no tener sus brazos, ejecuta el instrumento con sus pies y lejos de esconderse de una sociedad muchas veces presta para la crítica destructiva, ante la pregunta ¿Dónde estás? Tony ha dicho: «Preparándome para salir a decirle al mundo: ‘Aquí estoy, Señor’”.

¿Dónde está tu hermano?

2. A Caín, quien es ejemplo de celos, se le preguntó:

–¿Dónde está tu hermano?

Vaya pregunta, ¿dónde están los que te rodean?, ¿qué has hecho para que ellos alcancen éxito en su vida?, ¿dónde está el compañero de trabajo, el amigo, el empleado, el vecino, el que se dedica a hacer esto o aquello de manera honrada y ejemplar?

La respuesta de Caín fue: “No sé, ¿soy yo acaso guardia de mi hermano?”

Dijo algún día un profesional de superación personal:

En la vida, todos dependemos de alguien para alcanzar el éxito. Maradona, Messi, Ronaldo, Hugo Sánchez, todos, sin excepción, siempre necesitaron del mediocampista, el defensa, el portero, el compañero delantero, para tener el mejor balón, y la mejor ocasión de gol… Al igual el cirujano necesita de un buen equipo de anestesistas, asistentes, etc., para el éxito de la operación. Nosotros necesitamos indudablemente de ti, para que este medio de comunicación exista, crezca y sobreviva.

¿En dónde está Abel? (Abel significa etimológicamente: Vanidad.)

La historia de aquel Caín hubiera cambiado drásticamente si la respuesta hubiera sido:

Allá está, trabajando con las ovejas que tiene, aunque es vanidoso sé que tiene profunda gratitud con lo que ha recibido, porque siempre te ofrece lo mejor, no estoy de acuerdo con muchas cosas que hace, pero lo respeto y lo amo; allá está, trabajando, está trasquilando las ovejas porque quiere hacer un abrigo de lana para mamá; allá está, sentado, descansando un poco, pues cada día tiene más ovejas… Qué buena suerte tiene (qué bendecido está). ¡Cada semana le nacen más ovejas!

¿A dónde vas?

3. En otro momento, un hombre llamado Abraham manda a su servidor de confianza a buscar una buena esposa para su hijo, Isaac; cuando la encuentra le pregunta:

–¿A dónde vas?

En esta última pregunta, me detengo a reflexionar acerca de los años vividos porque creo saber de dónde vengo, cuál es mi origen, mis antepasados, mi infancia, adolescencia, mi vida en sus diferentes momentos, etapas, pero, me detengo de vez en cuando a volver cuestionarme ¿De dónde vengo y a dónde voy? Es muy amplia esta pregunta, todos tenemos distintos modos de interpretarla y responderla, pero sé que todos coincidimos en algo, en algún momento de este viaje decimos: ¡Ando bien perdido!

¿A dónde vas? ¡Qué importante es esta pregunta! Porque es un punto de partida que separa un antes y un después, no se trata de buena o mala suerte, más bien es mi realidad, decisiones, la organización del tiempo, espacio, realidad de vida, en el campo árido o fértil, en ese en el que me tocó trabajar. Sabiendo que, para ello, dejo de hacer muchas cosas que me gustan, (pasatiempos) pero que se separan cuando el administrador nato llega con el viejo A, B, C. Lo importante, lo necesario, lo que puedo hacer después. Otros dirían, tengo que hacerlo, lo haré, lo dejo en pausa para cuando termine esto.

Esta es una invitación a la generación joven pues los pasatiempos entran en el C de la vida; primero lo primero, el campo necesita sembradores de sueños, metas, objetivos, el campo es árido o fértil, según tus manos, tu mentalidad, tu sudor y aquello que la vieja escuela conocía como emprendimiento.

¡La mesa tiene una pata corta!

Que incómodo es comer sobre una mesa que se balancea, ¡sobre todo si es una sopa! Imagina la vida en cuatro maderos de una mesa, la imaginación invita a que debe estar equilibrada, ¡Sí!, balance, equilibro, armonía, si fuera una fórmula creo que sería el resultado igual a una vida estable.

El primer madero de la mesa es la familia, todo lo que en su interior sucede, la comunicación, el amor intrafamiliar que se expresa, se demuestra y se comparte, además, para otros hogares, puede ser un buen o mal modelo a seguir.

El segundo madero es la salud; esta tiene tres colores, o tres áreas importantísimas, sujetas una de otra: la salud física, la salud mental y la salud espiritual, es como tener tres médicos de cabecera: un Doctor, un Psiquiatra, y un Sacerdote (Cura).

El tercer madero es el trabajo, no visto como un yugo obligado de cargar, sino como el modelo eficaz de poner en práctica las destrezas físicas, mentales y virtuosas, que por disciplina, estudio, talento o necesidad (en el entendido de lucha productiva) se forja. El trabajo es importante porque pone balance en la autodependencia y el flujo de los bienes y la riqueza. Mas no basta trabajar y obtener salario, en este peldaño también entra en discusión la administración de los bienes obtenidos y la importancia de hacer de vez en vez una actualización a las destrezas físicas, mentales y espirituales, como popularmente se diría, “sacar filo al hacha”.

El cuarto madero es Dios en la vida de hombre, la vida sin este madero es vacía, incierta y triste. Cuando Dios es excluido en el proyecto de vida de la familia, del trabajo, el desarrollo, la medicina, la música, el periodismo, etc., la mesa se mueve, no hay estabilidad, porque el hombre es antropológica, científica y religiosamente un ser que sepulta a sus seres queridos, que piensa en un mejor mañana, que llora cuando sufre y tiene paz cuando reza, que, aunque del pensamiento y los labios expresan ateísmo, inconscientemente dice: «¡Hay Dios mío!» Porque su naturaleza no puede estar separada de la eterna existencia y presencia de Él, que es de aquella antigua pregunta que hizo Moisés frente a la zarza ardiente:

¿Cuándo vaya al faraón, si me pregunta quién me envía, qué le diré?

–Yo soy el que soy.

Entre la suerte y la bendición

Dejaré abierto a modo de autorreflexión este texto:

“Aquellos que siembran con lágrimas cosechan entre gritos de alegría. Sí, se van primero llorando a llevar al campo la semilla, mas al cabo de un tiempo vuelven, sí, vuelven llenos de alegría al traer consigo la abundante cosecha del día.”

El Espectador está en proceso de siembra y la tierra es muy fértil, porque es de tierra tamaulipeca, es de tierra victorense.

¡Gracias por leernos dentro y fuera de sus fronteras, gracias, muchas gracias por compartirnos para sembrar en otros campos!

Hasta la próxima semana.

Chinito, Chinito, sigue escribiendo, Chinito…