Duerme a la vaca

JUAN R. GIL

El área de confort es para los emprendedores la estación más peligrosa de la vida, ya me explico:

Buscamos muchas opciones para un mejor porvenir, una mejor oportunidad laboral, una mayor calidad de vida, por citar algún ejemplo, un padre de familia que trabaja en una dependencia gubernamental, los fines de semana es árbitro en partidos de futbol, los domingos tiene una ruta de venta de barbacoa mientras que su esposa tiene una tienda en su casa.

En otras palabras, buscan generar el extra para la universidad de sus hijos, hay, por así decirlo, un pequeño motor que genera movimiento en su hogar, en su vecindario, en la cancha de futbol y en el engranaje del sistema de gobierno, es, entre otras cosas, la prefigura de aquella vieja película del cine de oro mexicano: “¡Vieja ya llegué, vieja ya me voy!“

EL REY SALE DEL CASTILLO

Se cuenta de un rey al que le decían sus consejeros: “Todo está bien en el reino”.

Cierto día le pidió a su cocinero salir a dar la vuelta en su vasto territorio. Se vistió de civil y dejó por primera vez su corona en el castillo para pasar desapercibido.

Miró al artesano, al herrero, al carnicero, a los caporales y todos estaban ocupados en sus labores. Cruzó el viejo puente y se alejó a los límites de su monarquía, y entre más se alejaba iba deslumbrándose un deterioro social y miraba cada vez más personas sin oficio, sumergidos visiblemente en mayor pobreza.

Llegó a una de esas casas de adobe, con una familia de cinco hijos, y la preguntó al hombre de la casa:

–¿Cómo está buen hombre?

El respondió:

–Aquí tomando el fresco de la mañana. No hay mucho qué hacer porque tenemos una vaca que resuelve nuestra vida, en la mañana nos da un poco de leche, con eso vivimos, un poco para nuestro diario y otro poco para vender y comprar frijoles y tortillas.

El Rey dijo:

–¿Me puede dar un poco?

Y respondió:

–Imposible, ya está racionado para la familia solamente

El Rey le susurró a su acompañante:

–Nos vamos, pero antes, ¡mata la vaca!

–¡¿Como?!

–Lo que oíste y te acabo de ordenar: ¡Duerme para siempre esa vaca!

Así lo hizo, y en ese instante se escuchó un llanto inquebrantable de su dueño y sus hijos, en tanto ellos dos se alejaban de regreso al Castillo.

Pasados cinco años el Rey regresó con su cocinero al mismo lugar, y su acompañante, se sorprendió al ver que aquel jacal ahora era una bella casa de madera con puertas de hierro, había un gran gallinero y tres corrales, una con borregos, otra con vacas y una más con caballos, del otro lado del granero un huerto enorme con una gran variedad de vegetales; era una linda experiencia ver la milpa que comenzaba a espigar, la familia ahora tenía también trabajadores de los alrededores.

–Buen hombre (acentuó el rey, ahora con vestimenta de panadero), ¿me podrá regalar un poco de agua?

Y él contestó:

–Por supuesto, entren y coman con nosotros, mi esposa ha hecho pay de calabaza y gorditas de queso, acabamos de hacer barbacoa de borrego también para nuestros empleados, entren por favor.

El Rey le dijo:

–Hace mucho pasamos por aquí y todo está muy cambiado, ¿qué pasó?

–Hace cinco años pasaron por aquí dos delincuentes y ¡mataron mi vaca! Tuve que aprovechar la carne, la piel, y los huesos que vendí a un carnicero por separado, compré con ello tres gallinas ponedoras, que tuvieron pollos, también compré una borrega que venía con premio, pues me dio dos crías. Vendí huevos y pollos y compré una vaca, después un toro, compré maíz y sembré, el maíz me dio para comprar un caballo, ahora tengo seis, el mío y el de mis hijos, que andan trabajando, sembrando árboles frutales. Aquella vaca dormida terminó despertándome a 12 que ahora tengo en el corral, ah, también vendo leche y de todo lo que tengo le doy siempre un poco a mis vecinos, que ahora quieren conmigo sembrar, ordeñar, quitar lana a las borregas, desparasitar los animales y cuidar el rancho de depredadores y bandidos, todos estamos felices porque siempre hay algo nuevo que hacer desde que perdí aquella vaca.

El Rey se rio un poco, se puso la corona y le pidió que lo visitara pronto a su castillo para cenar con su familia junto a la reina y el príncipe.

¡Sí! Lo sé, son cuentos, pero ese cuento no lo han leído muchos que se aferran a su vaca y no quieren que se duerma; cuando esta se duerma, despertará otra y otra y otra más, porque todo se mueve en el universo, es una ley que no se puede cambiar.

Movimiento es lo que necesitamos para que no se detengan nunca las ganas de ser útiles, tener ideales, sueños, metas, propósitos, que dicho sea de paso, no caería nada mal por lo menos un gran propósito en este año nuevo que inicia.

Concluiré en esta ocasión, un poco de humor del bueno, recordando a los Polivoces, con aquella sección del pequeño saltamontes:

–¡Maestro!

–Dime, mi pequeño saltamontes

–¿Qué debo hacer para tener éxito?

–¿Has visto un amanecer sin nubes?

–¡Sí Maestro!

–¿Has visto una flor en el campo?

–¡Sí!

–¿Has visto la última serie de Netflix?

–¡Sí!

–¿Has visto un gato lamiendo su patas?

–¡Sí!

–¡Pues deja de ver tanta tontería y ponte a trabajar!

Feliz año nuevo querido(a) lector (a), muchas gracias por tomarte el tiempo de escuchar en silencio mis letras, deseo que este año 2025 sea de grandes éxitos, de abundante salud, y de mucha prosperidad para ti.

Esta historia continúa con el Rey que ahora, a causa de la guerra, sólo le queda una vaca para alimentar a los suyos.

¿Qué estrategia utilizará?

Nos leemos la próxima semana…