El matrimonio de los pingüinos

JUAN R. GIL

Alguna vez escuché hablar del matrimonio de los pingüinos, como una metáfora de lo importante que es preparar “el nido”.

Es sorprendente ver el proceso de apareamiento de estos singulares seres de las gélidas aguas del planeta, pues el macho, antes de escoger a su doncella, lo primero que realiza es construir un nido para los polluelos que con ella pueda procrear.

Pero, por supuesto, no puede ser cualquier e improvisado hogar, este tiene que llenar todas las expectativas de la hembra, que en cualquier momento pasará inspección de calidad, evaluará los materiales, las dimensiones, el suelo, la resistencia y la calidez de su futuro hogar.

Una vez que el macho ha escogido a su esposa, la llevará al nido y esta, antes de aparearse, le dará el esperado “sí”; de lo contrario, esta buscará otro candidato que haya llenado este requisito básico para la nueva familia que está por formar.

No sé qué tanto apego tengas en curiosear o aprender del mundo animal, pero convengo en que nos brinda una enorme enseñanza, sí, le dan cátedra al mundo de los civilizados y sapientes.

Es en este tono que me pregunto, ¿qué hacemos o deberíamos de hacer antes de emprender el camino a formar un hogar?

Quizá tu imaginación divague en el tiempo en el cual formalizaste tu matrimonio, ¿Cómo fue? ¿Preparaste el nido con anticipación? O simplemente fue todo improvisado hasta darte cuenta del valor de planificar y tener contenta a quien te acompañara toda la vida. Mas aun, brindarle calor a la prole que de ese amor nació.

No hubo materia alguna en la escuela que nos hablara de ello, si mi base de datos no falla, al parecer, la única institución que nos alumbra en esta materia es: LA IGLESIA.

Y es que, formar una familia, ha sido en todos los tiempos un algoritmo que cambia constantemente; por citar un ejemplo, los jóvenes europeos no quieren responsabilidades y, en su mayoría, prefieren una vida unificada en la práctica de la unión libre, vaya la redundancia, y/o conocerse hasta determinar si realmente “son compatibles” a lo largo de los años, de lo contrario, rompen filas, sin importar que ella haya rebasado los 40.

En otra tónica, el matrimonio para muchos es considerado un simple contrato, un requisito social o, en el peor de los escenarios, algo que no tiene importancia, un simple “vivo contigo y mañana me voy”.

Bueno, es que todo mal inicio tiene un turbio final, no en vano la pingüina opta por evaluar el carácter, la dedicación, el trabajo y el amor que el pingüino le ponga a su hogar, ella sabe que no es un juguete de la naturaleza y que la regla de oro, “ama a tu prójimo como a ti mismo”, que bien podríamos decir “ama a tu esposa como a ti mismo”, debe de tener un termómetro en el cual o eres frio o eres calor.

Creo que este mensaje también tiene una gardenia para los que viven un noviazgo, a los que planean formalizar un hogar, a los que anhelan o sueñan con ver crecer juntos al fruto de su amor; me parece oportuno decirles a las jovencitas, a las adolescentes y a las mujeres que han tenido una decepción

Primero…

Evalúen el trabajo, desempeño y valor que la pareja tenga para sí mismo, si no es capaz de ser autorrealizable, autodependiente y autoorganizado, difícilmente tendrá carácter para serlo en pareja,

Segundo…

¿Qué concepto tiene del matrimonio, hogar, familia y prole? Sobre todo, el concepto que tenga con la sociedad junto a su civismo y, por supuesto, cómo comprende y se relaciona con Dios.

Tercero…

Agrego a estos dos pilares un tercero que es igual de importante, cuál es la relación, respeto y comunicación que denota con los miembros de tu familia, en especial, con tus padres, porque, curiosamente, ellos te acompañarán en el camino, estarán contigo en la distancia y muy seguramente se alegrarán de que hayas escogido un buen “pingüino” para tu nido.

Concluyo con un breve comentario:

Para la Santa Iglesia el matrimonio es uno de los siete sacramentos, llamado también el Sacramento del Servicio. Ambos se “sirven” uno al otro con el propósito de llenar los “vacíos” de soledad y tristeza, para brindarse mutuamente, como en las bodas de Canaán, del mejor vino:

Diálogo, respeto, amor, acompañamiento, cuidado, consuelo… 

Un Sacramento es un ritual sagrado que representa la presencia de Dios que nos regala su gracia, al hacerlo nos permite resolver las dificultades que a lo largo de esta unión puedan presentarse; también le llamamos “gracia santificante”, como ese poder sobrenatural que nos ayuda a confrontar lo que parece imposible con su ayuda “divina”.

Ejemplo de ello es ese poder sobrenatural que le da a una joven madre inexperta en el parto, el cuidado, la alimentación y el alivio que le da a su bebé en la etapa más delicada y difícil: el nacimiento.

Y también aquella que le otorga a un padre de familia para, a lo largo de las etapas de ese infante, esté listo para proveerle de alimento, ropa y vivienda, junto con el diario tesón de formarlo como un padre ejemplar (al principio inexperto) para que le guíe en su crecimiento, ya sea con correcciones y reconocimientos, sobre todo, con su ejemplo de vida y, así, dotarle de educación, moral, valores, fe y cultura de trabajo, para que esté listo cuando repita un nuevo ciclo.

El matrimonio, no es cosa de locos, y los pingüinos lo saben.