DIEGO LÓPEZ BERNAL
Poco a poco van aumentando los números; ya se sabe, en El Espectador nos gusta mucho malabarear los datos que se convierten en estadísticas, para al final del día intentar enfocarnos en lo que consideramos de interés e importante.
Así crecen los precios para empujar a la inflación tamaulipeca al séptimo lugar de los estados; también algunos delitos para acicalar las pancartas para marzo próximo… Y también crecen nuestros lectores y seguidores en Facebook.
Cada que otra persona da un “me gusta”, o simplemente comienza a seguirnos en nuestra página oficial de El Espectador, nos hacen pensar en la responsabilidad asumida hace poco más de cuatro meses y, también, si podremos crecer como trabajadores de la información.
Una cosa fue editar durante 20 años la portada de El Diario de Ciudad Victoria (en muchas etapas la primera sección completa) y otra crear El Espectador; aclaro, en varias ocasiones edité bajo la directriz editorial de otro colega, pero casi la mitad de este tiempo con el total peso sobre nuestros hombros.
Claro, siempre bajo la mirada de quien invierte (bastante, por cierto) en este gran periódico, que es referente informativo y que en unas horas más cumplirá ya 70 años de mantener informada a la población tamaulipeca, con particular enfoque en Ciudad Victoria y la región.
¿Fue suficiente experiencia como para aventurarnos a un proyecto personal con claras y manifiestas intenciones de ser una opción informativa diferente en el mercado editorial tamaulipeco? El tiempo lo dirá y, por lo pronto, en estos cuatros meses nos ha asentado bien la idea.
Y si no…
Para no perdernos en el mundo de las utopías y las falsas ideas un buen grupo de personas nos acompañan. Sin dudarlo, dijo sí y se puso manos a la obra para dar forma a las ideas, empujándonos a plasmarlas sin pérdida de tiempo subiéndose así al barco de los “mirones”. Es Joel Balderas y es amigo desde que aún no podíamos atarnos bien las cintas de los zapatos.
También aprendimos a ajustarnos bien las cintas de nuestras capas en otra etapa de la vida y hoy, todos los días, aprieta las agujetas cada que se aflojan, por el normal modo de andar de este simple espectador, siempre bajo el entendido de… “zapatero a tus zapatos”.
Y es que el lienzo digital que nos regala el servidor digital para crear el portal web El Espectador es infinitamente más amplio que las ocho columnas de un papel impreso, lo que limitaba las expresiones, pero a la vez hacía crecer el ingenio para entregar todos los días una portada diferente, fresca en contenido y en presentación. Así fueron esos 20, años más, años menos.
Y por si algo faltaba…
Esta mañana tocó leer y corregir El Arte de la Vida. No sé qué tiene Juan R. Gil, Júnior para muchos y Juan Ramón simplemente para nosotros, que lee la vida de una manera que en lo personal me impresiona, para después, el sábado, entregarnos sus reflexiones dominicales. (¿No lo ha leído? De lo que se está perdiendo.)
Para mayor grado de dificultad, diría la pluma saltillense que también es referente para este simple espectador, corregir antes de las siete de la mañana de domingo y consumir la reflexión al mismo tiempo no resulta fácil, pero sí queda la satisfacción de compartirles lo que el viejo amigo escribe con tanta alegría en su corazón.
Lo conozco porque intentar aprender música en la adolescencia hace que algo te una a las personas como no tienes idea (Juan sí es músico) y hoy agradezco que se haya sumado a esta idea, este concepto. Agradezco que se haya animado a tirar semillas en este campo tamaulipeco desde lejos, con manos victorenses que están curtidas de tanto arar por estos lares.
Hecho está…
Nos pareció el espacio dominical ideal para comenzar a trasmitir un poco el sentir de este espectador y de quienes se han animado a subirse al barco después de Joel; ya somos bastantitos y parece que a todos nos gusta remar, cada uno a nuestro estilo, estilo este que, por cierto, pareció incomodar a algunos porque los intentos por hundirnos siguen intensos.
Colofón…
El último en saltar sería quien lleva el timón. Pero no, de una cosa estoy seguro, se hunde con él o entonces nada aprendió y todo habrá sido en vano.
¡Feliz domingo e inicio de semana, espectadores!
