ANGEL CAMACHO
Recientemente leí en El Diario de los Bien Informados que el con el objetivo de proteger la salud de la población, especialmente de niñas, niños y adolescentes, legisladores impulsan modificaciones a la Ley General de Salud para prohibir que influencers, figuras públicas y generadores de contenido promuevan cirugías estéticas, procedimientos invasivos y dietas extremas sin contar con certificación médica o autorización sanitaria.
Esta propuesta contempla la adición de un artículo 312 Bis a la Ley General de Salud, mediante el cual se busca regular la promoción de este tipo de prácticas en redes sociales y plataformas digitales, donde cada vez es más frecuente la difusión de recomendaciones que carecen de sustento científico y pueden representar riesgos importantes para la salud.
Como profesional interesado en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, considero acertada la propuesta de modificar la Ley General de Salud para limitar que influencers y creadores de contenido promuevan dietas extremas, procedimientos estéticos y cirugías sin el respaldo de profesionales de la salud debidamente acreditados.
Vivimos en una época en la que las redes sociales tienen una enorme influencia sobre las decisiones y comportamientos de millones de personas, especialmente de adolescentes y jóvenes.
Todos los días observamos publicaciones que prometen pérdidas rápidas de peso, transformaciones físicas sorprendentes o resultados estéticos aparentemente perfectos.
Sin embargo, pocas veces se habla de los riesgos, complicaciones y consecuencias que pueden derivarse de seguir estas recomendaciones sin supervisión médica.
Desde mi punto de vista, la preocupación principal radica en que muchas de estas recomendaciones carecen de sustento científico y son difundidas por personas que no cuentan con la preparación profesional necesaria para orientar adecuadamente a la población. Esto puede llevar a que quienes buscan mejorar su apariencia física adopten prácticas que ponen en riesgo su salud.
Las dietas extremas, por ejemplo, pueden ocasionar deficiencias nutricionales, alteraciones metabólicas, trastornos de la conducta alimentaria, pérdida de masa muscular y afectaciones emocionales.
Por otra parte, los procedimientos estéticos y las cirugías realizadas sin una adecuada valoración médica pueden generar complicaciones graves, infecciones, secuelas permanentes e incluso situaciones que comprometan la vida de los pacientes.
Considero que la información relacionada con tratamientos médicos, control de peso y procedimientos quirúrgicos debe ser difundida con responsabilidad y basada en evidencia científica.
La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero cuando se trata de temas de salud pública también existe la responsabilidad de evitar mensajes que puedan inducir conductas peligrosas o generar expectativas irreales.
La iniciativa para fortalecer la regulación de este tipo de contenidos representa una oportunidad para proteger especialmente a niñas, niños y adolescentes, quienes suelen ser más susceptibles a la presión social relacionada con los estándares de belleza difundidos en internet.
En mi opinión, además de fortalecer el marco legal, es indispensable promover la educación para la salud y el pensamiento crítico, de manera que la población aprenda a identificar información confiable y a consultar siempre a profesionales capacitados antes de iniciar una dieta, consumir productos para bajar de peso o someterse a cualquier procedimiento estético.
La salud no debe ponerse en manos de tendencias virales ni de recomendaciones sin fundamento científico. Las decisiones relacionadas con nuestro bienestar merecen estar respaldadas por conocimiento, ética profesional y evidencia médica.
Si les gustó la nota y les pareció interesante, los invito a compartirla en sus redes sociales. Me pueden leer la próxima semana, para más consejos A tu Salud.
Y recuerden amigos, en salud pública “es mejor prevenir… que curar”.
