ROMAN BOCK
Los migrantes sabemos lo que cuesta abrirse camino lejos de casa, sabemos lo que es trabajar largas jornadas, perderse reuniones familiares, cumpleaños, fiestas y momentos que ya no vuelven.
Pero también sabemos que todo sacrificio tiene una razón: dar una mejor vida a nuestras familias y seguir apoyando a nuestra tierra, aunque nos encontremos a cientos o miles de kilómetros de distancia.
Por eso, al cumplirse dos años del triunfo de la presidenta Claudia Sheinbaum creo que es importante hacer una pausa para que reflexionemos sobre el momento que vive nuestro país.
México está cambiando. Lo vemos en las comunidades, en las ciudades y en los estados; lo vemos en las obras que se construyen, en los programas sociales que llegan a millones de personas y en la confianza que muchas familias han recuperado al sentirse tomadas en cuenta por primera vez en muchos años.
Habrá quienes estén de acuerdo y quienes tengan una visión distinta, eso es parte de la democracia, pero también es cierto que hoy existe un proyecto de nación que ha puesto en el centro a la gente trabajadora, a quienes durante décadas fueron ignorados y a quienes todos los días salen adelante con esfuerzo propio.
La Presidenta lo dijo recientemente con firmeza: México ya cambió y nadie va a detener la transformación que vive nuestro país. Más allá de una consigna política, creo que ese mensaje refleja algo que muchos ciudadanos perciben en su vida diaria: Hay una nueva conciencia social, una participación más activa de la gente y una mayor exigencia para que los gobiernos respondan con resultados.
En Tamaulipas también hemos sido testigos de este proceso. El trabajo coordinado entre el Gobierno federal y el gobernador Américo Villarreal ha permitido impulsar proyectos importantes para el Estado; se han fortalecido programas de bienestar, se han realizado inversiones en infraestructura y se han dado pasos importantes para recuperar la tranquilidad en diversas regiones.
Como tamaulipeco me da gusto ver que nuestro Estado forma parte de esta transformación nacional. Somos una tierra de gente trabajadora, orgullosa y resiliente; somos frontera, somos comercio, somos producción y también somos una de las entidades con una profunda historia migrante.
Cuando hablamos de transformación pocas veces se menciona el papel que han jugado millones de mexicanos que viven fuera del país. Sin embargo, la historia reciente de México no puede entenderse sin el esfuerzo de nuestros migrantes.
Detrás de cada remesa que llega a una familia hay una historia de sacrificio. Hay hombres y mujeres que se levantan antes de que salga el sol para trabajar en el campo, en la construcción, en fábricas, restaurantes o pequeños negocios.
Hay padres que pasan años sin abrazar a sus hijos para asegurarles un mejor futuro; hay jóvenes que dejaron todo atrás persiguiendo oportunidades que en su momento no encontraron en su lugar de origen.
Los migrantes no abandonamos a México, al contrario, todos los días seguimos construyendo país desde donde nos encontremos; ayudamos a nuestras familias, apoyamos a nuestras comunidades y mantenemos vivas nuestras raíces.
Por eso es importante que hoy exista un reconocimiento cada vez mayor hacia nuestra comunidad migrante. No somos solamente cifras económicas ni estadísticas, somos millones de mexicanas y mexicanos que seguimos creyendo en nuestro país y que seguimos aportando al desarrollo nacional.
Las palabras de la Presidenta sobre la soberanía nacional también tienen un significado especial para quienes vivimos del otro lado de la frontera. Sabemos la importancia de que México sea respetado, de que sus decisiones se tomen aquí y de que nuestra nación mantenga una relación de cooperación con otros países, pero siempre con dignidad y respeto mutuo.
A dos años de este nuevo capítulo en la vida pública de México todavía quedan desafíos importantes. Nadie puede afirmar que todos los problemas están resueltos, pero también es cierto que existe una ruta, un proyecto y una visión de país que sigue avanzando.
Los migrantes tamaulipecos seguiremos haciendo nuestra parte. Seguiremos trabajando, apoyando a nuestras familias y contribuyendo al crecimiento de nuestras comunidades porque aunque la distancia nos separe físicamente, nunca dejamos de llevar a México en el corazón.
Creo que si a México le va bien también les va bien a millones de familias que viven a ambos lados de la frontera. La transformación de México también tiene rostro migrante. Y esa historia la seguimos escribiendo todos los días.
