Salud, dignidad y empatía en el trabajo

BÁRBARA LERA CASTELLANOS

Durante mucho tiempo, los fuertes dolores menstruales fueron considerados un asunto privado que las mujeres debían soportar en silencio, incluso cuando les impedían trabajar o realizar sus actividades cotidianas.

Sin embargo, esta visión comienza a cambiar, en el mes de julio del año 2026, Montenegro (país soberano ubicado en el sureste de Europa, en la península balcánica) aprobó hasta dos días de licencia remunerada al mes para mujeres con dismenorrea secundaria, es decir, dolores asociados con padecimientos como endometriosis, miomas, pólipos, inflamación ovárica o síndrome de ovario poliquístico.

La medida reconoce que no todas las menstruaciones son iguales y que, en determinados casos, el dolor constituye una condición médica incapacitante.

Así, las mujeres que sufren dolores ya no tendrán que ocultar su malestar ni poner en riesgo su salud para cumplir con una jornada laboral.

México también ha comenzado a avanzar, por ejemplo en Tamaulipas, la legislación permite una incapacidad de hasta tres días con goce íntegro de sueldo para trabajadoras del sector público que acrediten médicamente que el dolor en mención limita o impide el desempeño de sus actividades. 

No obstante, a nivel federal la licencia menstrual todavía no está reconocida de manera general, aunque existen iniciativas para otorgar hasta tres días mensuales a personas trabajadoras que sufren estos padecimientos aún se requiere de mucha conciencia y empatía.

Por lo que bien vale la pena considerar esta política, que promueve la salud, la igualdad y la corresponsabilidad laboral.

No se trata de conceder privilegios, sino de reconocer una realidad biológica y médica que puede afectar la productividad, la concentración y el bienestar emocional.

Tamaulipas podría fortalecer su sentido humanista ampliando esta protección a trabajadoras de los sectores público y privado, mediante convenios, incentivos y protocolos claros.

También podría incluir atención ginecológica, orientación médica, confidencialidad y opciones de trabajo flexible.

Una política así enviaría un mensaje poderoso: ninguna mujer debe elegir entre sentirse bien y tener problemas en su trabajo.

Gobernar con humanidad significa escuchar estas necesidades, reconocerlas y convertir la empatía en derechos concretos en beneficio de las mujeres.