Recordar es volver a vivir

JUANY RAMÍREZ

Como saben, la única forma de volver al pasado y disfrutar lo que fue es con los recuerdos, que son la única cosa que no cambia, cuando todo está cambiando; pues el acto de resucitar estos recuerdos entrañables, escuchar las historias y revivir todos esos momentos invaluables será una experiencia inolvidable.

Así que les comparto, que estoy disfrutando de mis recuerdos, esos que llenan mi alma.

Jugar bajo la lluvia, no importa si mojas o enlodas tu ropa, al fin que me toca lavarla, pararte a la orilla del arroyo que emocionado disfruta sentirse lleno y caudaloso, pues se la pasa seco mucho tiempo, y nosotros disfrutamos observando su corriente que te marea, sientes que vas en sentido contrario.

Crean o no, nos emocionaba ver todo lo que llevaba el agua, pues los ricos aprovechaban para tirar todo lo que en sus casas estorbaba y, aunque con eso causaban problema para quienes vivían más adelante, pues el agua del arroyo se desbordaba cuando se quedaban los objetos obstruyendo su paso.

Algunos niños atrevidos se aventaron chapuzones, quizá así aprendieron a nadar, mientras otros observamos cómo lo hacían, nos divertíamos mucho, sabíamos que en cuanto terminara de correr el agua los que recorreríamos el arroyo seríamos nosotros, con la ilusión de encontrar algún juguete o algún objeto útil, de aquellos que los ricos lanzaron a la corriente y se quedaron atorados; llegábamos a casa con las manos llenas de lodo, pero también con las piezas que armarían nuestra diversión.

Bueno, los ricos de ese tiempo eran personas buenas que muchas veces convivían con nosotros, sólo que aprovechaban la lluvia para tirar lo que no servía para ellos.

Cómo olvidar cruzar obligatoriamente ese arroyo para ir a la Treviño, una colonia con nombre de político, pues era lo más cercano para encontrar una tienda donde encontrabas todo lo necesario, y hasta tortillería, cuando se tenía dinero.

Pero lo que a mí me gustaba era cruzar, subir y meterme entre la maleza que protegía como valla el caminito para salir a la calle de arriba, como decíamos jeje, (en realidad era el fraccionamiento Valle de Aguayo). Encontrarme una planta de hojas grandes, grisáceas, con sus frutos colgando, esos que me comería en cuanto estuvieran listos para hacerlo, ese fruto verde tenía la forma de una gota de agua pero cuando se secaba era el momento preciso para saborearlo, ese fruto al secarse se ponía duro y se abría, agarrando forma de cuernos, a los que yo llamaba cuernos del diablo, esos cuernos estaban repletos de unas semillas deliciosas, me gustaba mucho comerlas, yo no sé si debía comerlas o eran peligrosas, a mí no me pasó nada, tenían un sabor a cacahuate o semillas de girasol, algo así. Jamás he vuelto a ver una planta igual. ¿Ustedes la probaron alguna vez? Les recomiendo buscarla en Google (cuernitos) para que la conozcan.

Me encantaría que ustedes también compartieran sus recuerdos, esto sería como un libro abierto para nuestros hijos, nietos, futuras generaciones nuestras; claro que no todo fue bonito en nuestra infancia, pues hubo de todo en nuestros recuerdos. ¿O será que yo soy la única a la que le gusta volver a ellos? 

  Haz visibles tus recuerdos que ellos son parte de la vida y permanecen para siempre

Saludos a todos.