GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Para lograr el éxito hacen falta solo dos cosas.
1. Dejar de hacer lo que hacen hoy.
Me refiero al subsidio de estupideces como el trenecito, Mexicana de Aviación, el AIFA y muchas otras «brillantes» ideas que le cuestan al erario miles de millones de pesos cada año.
Cualquier acción de gobierno que requiera subsidio irracional es una estupidez, no tiene otro nombre.
Si cada año le sumas un billón de pesos que se acumule en deuda para futuras generaciones definitivamente también es otra estupidez, de proporciones catastróficas.
Cuando eres malo para dar resultados la fórmula seguirá siendo la misma.
Que el pueblo bueno pague «más impuestos».
2. Abrazar y consentir a una minoría de personas que adulan al régimen fallido, estilo “zombie”, y sin chistar una sola coma en el discurso «oficial» es erróneo, pésimo para la salud de las finanzas públicas.
Abrazar a esa otra minoría que causa terror en las calles de todo el país, con pasaporte para hacer lo que prácticamente ellos quieran, ¿qué es?
Bien. Haciendo esos pequeños ajustes, y observando el éxito de otros países, como por ejemplo la hermana república de El Salvador, llegaríamos a un México como aquel que todos extrañamos, aquel de los años 70’s y 80’s, donde los niños aún respetaban a los adultos y maestros.
Donde los niños podían salir a la calle a jugar una cascarita de futbol a cualquier hora del día.
Aquellos años donde en el campo la gente se respetaba y se cuidaban como vecinos unos a otros.
Aquel México donde los delincuentes respetaban a las familias, a las instituciones, respetaban «las formas» y había «códigos», los cuales jamás se podían romper.
¿Y hoy? Hoy lamentablemente decapitan alcaldes.
Hoy acribillan en emboscadas a hombres, mujeres y niños en el campo mexicano.
Lo que pasó a la familia LeBarón no es un caso aislado.
Y lo peor, lamentablemente, las cifras están maquilladas por el oficialismo.
Expertos en la materia triplican el dato oficial, en todos los rubros.
Recordatorio ciudadano
Cuando llegaron juraron levantando la manita.
«Guardar y hacer guardar la Constitución Mexicana.»
¿Y entonces? La gente no ocupa de migajas, ni de espejitos.
La ciudadanía requiere seguridad y un gobierno que les diga la verdad, nada más.
Caray, no es mucho pedir, para eso les pagan, y les pagan muy bien, la gente por naturaleza misma es emprendedora y saldrá adelante, pero ¿emprender hoy?
¿Por qué las empresas o grandes corporativos no emprenden hoy?
¿Será porque el país está en paz absoluta, la inseguridad bajo control oficial y con una economía blindada, fuerte y pujante?
Les pedimos amablemente, nada más lo que dice la Constitución, déjense de lamentos y repartir culpas a otros,
Seguridad y educación, y tan-tan.
La ciudadanía requiere un discurso de austeridad oficial, pero que sea real.
Que los gobernadores, secretarios, alcaldes, diputados y senadores vivan la vida que todo mexicano vive, que viajen en transporte público como todo mexicano viaja, que coman lo que los mexicanos comen, que vivan la realidad, que se atiendan en el IMSS, en el ISSSTE, o en el servicio médico estatal.
Y borrar de tajo esa estupidez generacional con tanto arraigo en la clase política nacional «del sueño de la corrupción y tráfico de influencias».
«No quiero que me den… Nada más que me pongan donde hay.»
Hablan de austeridad, pero viven en las mismas «casas de gobierno», mismas que desde diciembre del 2018 deberían haber cerrado, desaparecido, nada más tantita… Por favor.
Viajan en camionetas blindadas y de motor V8 sin escatimar en nada, no solo «la estrella con nombramiento», sino también un grupo de escoltas y aduladores.
Que se escuche bien, como mexicano es una vergüenza ver esos «convoys de 4-5 camionetas blancas», que van volando rumbo al aeropuerto en la salida a Soto la Marina, rumbo Monterrey, rumbo San Luis Potosí, rumbo Matamoros y Reynosa, rumbo Tampico,
Señoras y señores gobernantes, me parece infantil recordarles que sólo son empleados y, entiendan bien, son empleados de todos, incluso de quienes no votaron por ustedes.
Así que, como ciudadanos mexicanos con derechos y obligaciones que somos, en gran mayoría repudiamos las vidas de lujos y excesos que viven diariamente quienes administran los municipios, estados y la Federación en México.
Repudiamos las camionetas blindadas y los aviones privados pagados por los mexicanos, para eso están los autobuses de transporte público, para que vivan la realidad de todos, igual que todos.
Es una vergüenza que endeuden a mi país y «los monarcas» de la política vuelen en helicópteros rentados, mismos que cuestan miles de dólares la hora de vuelo, y con cargo a las finanzas públicas, estatales y federales.
Mientras eso no cambie, señoras y señores, ustedes políticos serán igual de farsantes que lo que «aquellos» fueron en el pasado, y que además ustedes tanto criticaron.
Serán igual o más ladrones que «aquellos» que antes también criticaron.
Y una más, con dedicatoria para los presidentes de las cámaras de diputados, senadores y bancadas del oficialismo, son una vergüenza de rateros y corruptos.
Dijo hace tiempo sabiamente mi padrino:
«Son polvos… de aquellos mismos lodos».
Nota importante:
- En el mundo de «los justos»
- A los santos… los santifican
- A los beatos… los beatifican
- Y a los ratas… los ratifican.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
