GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
El panorama nacional sigue causando, como dice mi compadre Mon, «pena ajena».
El escándalo de Adán Augusto acapara los titulares nacionales y la máquina del oficialismo «aceita» desesperadamente las antenas y medios enchufados al presupuesto gubernamental, para hablar de otros temas.
Intentan contrarrestar con casos como «el cártel inmobiliario” el de Genaro o el “de la corrupción del pasado», sólo por hacer mención de algunos, pero como la joya de Adán Augusto, ninguno, esas sí son palabras mayores porque solo un cerebro anestesiado, con sabrá Dios qué tantas estupideces, puede pensar en hablar del pasado, en culpar al pasado, en voltear hacia atrás cuando el problemón es aún peor hoy.
No les gusta hablar de la inseguridad, noooo, esas son politiquerías, es nuestra imaginación y también la imaginación de todo un país.
No les gusta hablar de la descomunal deuda pública del presente, cuya responsabilidad es sólo de ellos, pues para el discurso pedorro oficial resulta que nada más antes las cosas estaban mal, y hoy todos son unos iluminados de rectitud, decencia, valores y honestidad. «Qué poca… abuela, me cae».
Nada más que no se nos olvide mis selectos y finos lectores, «aquellos ladrones» efectivamente dejaron el país con 10.5 billones de pesos en deuda pública, en noviembre del 2018, ellos en aquella «dictadura perfecta» de 80 años endeudaron al país con esa cantidad, pero ojo, ellos hicieron:
- Toda la red carretera que tiene el país
- Toda la red de ferrocarriles
- Todas las líneas del Metro, a excepción de la pedorrísima línea 12
- Todas las presas, acueductos e hidroeléctricas
- Todos los distritos de riego
- Todas las refinerías y oleoductos
- Todas las escuelas y universidades públicas
- Toda la red de agua potable, drenaje y electricidad
- Todas las unidades deportivas
- Todos los aeropuertos, edificios públicos…
Y puedo seguir con mucho más: con puentes, caminos rurales, puertos marítimos, ufff, hicieron de todo, incluidas las banquetas por donde la fanaticada del partido de moda camina todos los días.
Pero nada más ellos no pueden entender que México no nació cuando aquel «viejo bolivariano, mentiroso e inútil» llegó a la silla presidencial.
¡No señor! A la gente de bien se le sigue engañando, se le sigue comprando con programas sociales y nadie le dice la verdad, que el Gobierno está endeudando las finanzas públicas a un ritmo de 1.3 «fobaproas» cada año, desde que lamentablemente llegaron.
¿Y que hicieron? Exacto, se hicieron conejos con «p», y se divierten entreteniendo a la fanaticada hablando de «ladrones y enemigos imaginarios» del pasado, pero se les olvida de dónde salieron ellos mismos, y también las transas que hacen hoy, desde ese poder que antes tanto criticaron.
Aquí aplica como anillo al dedo aquel dicho popular mexicano tercermundista: «Si no quiero que me den, nada más que me pongan donde hay».
Tal parece que Estados Unidos tiene que hacerle la chamba al «porro» Pablo Gómez en la UIF mexicana, los gringos han filtrado nombres, señalando aquellos funcionarios y cercanos que tienen operaciones gigantescas con dinero «inexplicable», en Panamá.
¿Dónde he escuchado esa canción? ¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que ser cantinero?
Ni modo, se tenía que decir… y se dijo.
Bien, dejemos la política, para entrar en temas más importantes, claro, del sector primario en este bendito país.
Por qué cerrar tu hato ganadero comercial a genética externa…
En la historia de la ganadería moderna no se puede hablar de temas que causan urticaria y muecas, sobre todo en todo aquel ganadero que cree, fiel y genuinamente, que para avanzar en cada rancho comercial se tiene que cambiar el toro cotidianamente, como máximo cada dos años, y además creen que esta acción le traerá algún tipo de beneficio en nuestras vacas comerciales, algo más que falso de «falsolandia».
Muy a mi pesar surge una pregunta obligada sobre «el librito», ese que dice cosas como que la «consanguinidad» es mala; ese que dice que las vacas se tienen que suplementar todo el año; ese mismo libro que exige vitaminas y vacunas de manera exagerada y calendarizada; ese mismo que lamentablemente muchos ganaderos sin experiencia gustan leer y además siguen como novela vaquera digital al pie de la letra.
¿Alguien sabe quién escribió ese librito y la intensión real del mismo?
Bien, en mi diminuta experiencia, de tres generaciones, mi abuelo, mi padre y yo, puedo compartir por este medio que la genética de pedigree, si bien puede aportar un fenotipo, un color de capa, un prototipo acorde a una raza deseada, específicamente para hibridar un hato comercial, es sólo eso, no hay más.
Toda raza es válida, siempre y cuando sean animales acordes a la temperatura y medio donde se van a desarrollar, por eso se sugiere adquirir animales en la misma zona donde está ubicado el hato comercial, para evitar y reducir al mínimo todos los problemas de «adaptación», que regularmente se presentan cuando adquirimos un toro «fino», de determinada raza, sobre todo si vienen de un rancho de zona limpia (sin moscas y garrapatas).
Todos los registros en toretes de cualquier raza disponible en México, lamentablemente, tienen números erróneos, son números contaminados y alterados por toneladas de suplementos y medicamentos; no lo digo yo, así trabajan los ranchos que se dedican al «pedigree».
Así que, en la primera y segunda generación de ese toro «fino» y nuestras vacas, los hijos e hijas, se tienen que evaluar, principalmente para detectar el valor maternal y el «match» entre ese toro y nuestras vacas comerciales; es importante mencionar que no todos los toros cruzan bien.
Ojo, un trabajo de selección maternal así nos llevará por lo menos cinco años (dos camadas completas desde su nacimiento hasta su madurez), ese tiempo es fundamental para poder evaluar correctamente los resultados y así facilitar la tarea de detectar los mejores ejemplares, sin importar qué tan bonitos o grandes son, se busca en base a números funcionalidad, rusticidad y ganancias cada año, ni más ni menos, cualquier otra cosa es irrelevante.
¿Qué se busca en cada vaca comercial? Al ser cruzada con una raza determinada mostrará su potencial; es muy importante tomar en cuenta que el toro solo sirve para dar fenotipo y color.
Ojo, la genética siempre está en nuestras propias vacas, esas que fueron desarrolladas en nuestros potreros, ahí es donde cada vaca tendrá su propio reto, ser inmunes a moscas, garrapatas y regresar al rancho una cría sana, sin cuidados especiales, sin intervención médica, nada ajeno a su propio entorno, ahí en el corazón de nuestro propio agostadero.
La vaca tendrá que defender su cría de coyotes, de felinos, de serpientes y más.
En todo hato, los resultados brotan solos, usando como referencia un libro o cuaderno para anotaciones se podrá detectar la incidencia de «cada evento» relacionado con cada animal, dentro de nuestro hato.
En ese cuaderno cada vaca debe tener su página individual y en ella debemos anotar cada situación en particular, relacionado con esa misma vaca: fecha de nacimiento, cada parto en particular, básicamente el mes y año de cada nacimiento.
En esas anotaciones debemos buscar incidencias que afecten positivamente nuestro rancho; ojo, únicamente se dejarán becerros prospectos a sementales cuando sean hijos de esas vacas élite, las que cada año, y sin excepción, regresan utilidades al hato.
Detectando vacas élite…
En esas vacas comerciales, basados en resultados y números positivos, se detectarán vacas élite y de ellas se obtendrá la mejor genética posible en su propio entorno, sin ayuda externa, sin baños, sin suplementos y medicamentos, aun siendo animales comerciales, sin un pedigree que avale la calidad y mejora, ese nuevo semental, nacido desde sus propias vacas élite, será mejor por mucho que cualquier toro de pedigree, primero que nada, por nacer en su propio entorno, sin problemas de moscas y garrapatas.
Bajo este esquema, apegado a la selección natural por números, tomando en cuenta (como indispensable) la condición corporal de cada vaca élite, durante todo el periodo de lactancia y destete, únicamente así la genética superior llegará, brotará naturalmente, cuando se seleccionen solo aquellas vacas que mantengan un buen equilibrio y buen peso, que tengan crías sanas, de buena estructura, peso y sus partos sean el mismo mes, cada año, entonces esa cría tendrá todos los ingredientes para llegar al éxito.
Seguir aquel famoso «librito» de los suplementos da como resultado todo lo contrario a lo antes expuesto; no lo digo yo, lo dice Lasater y lo dice su ganado Beefmaster Fundación, y vaya que hay razón en todos esos apuntes.
Ojo, Lasater Ranch lleva cerrado a genética externa más de 90 años, sin presentar problema alguno en su ganado, el hato Lasater es muy consanguíneo, tanto que en un determinado momento en los años 50 su hato llegó a ser únicamente de 30 vacas, y de ahí volvió a multiplicar su inventario, bajo una estricta selección en base a valor maternal y números.
De esa obra literaria titulada «la crianza del ganado vacuno», escrito por Laurence Lasater, les comparto el siguiente texto:
«El mejor abono para la tierra son las huellas de las botas del dueño, por toda la propiedad.» Grande «el viejón’. Ni más… ni menos.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
